Sublimar un texto, ya sea poético o no, con estética y significaciones ingeniosas, es menester de todos los que abordamos al oficio de escribir. En uno de los caminos, podríamos recurrir al uso de los olvidados adjetivos poéticos y a una versión remozada de éstos. En su mayoría, los podemos identificar por sus terminaciones más comunes: -reo(a) de pertenecer, -vago(a) de vagar —errantismo, imprecisión—, -fero(a) de llevar, -fugo(a) de huir, -fluo(a) de fluir, destilar y -voro(a) de comer; para ejemplificar citaremos el término “lucífero” que significa “resplandeciente”. Muy aparte de poseer una musicalidad muy agradable y un marcado concepto poético, tanto la terminación correspondiente como las demás se prestan para poner a prueba nuestra imaginación y constituir nuevos términos que enriquezcan el panorama de los textos y rescaten del abismo del desuso a los adjetivos poéticos. Y así como alguna vez la locución “límpido” fue un artificio esgrimido por algún innovador, podemos diseñar nuestras propias palabras. Al hacer esto, estaríamos cumpliendo una de las funciones requeridas por muchos escritores: crear palabras cuando las que se tienen al alcance no sirven para trasmitir lo que se siente. Ellos vislumbran en estas construcciones, un camino aun más fructífero tanto para la poesía como para todas las expresiones literarias.
De esta manera, rememorando y basándonos en los adjetivos poéticos, cuasi arcaísmos, podemos esbozar adjetivos como “gelífero”, que se podría conceptualizar de diversos modos, pero esto se lo dejo a la destreza del lector. Sin embargo, podríamos ensayar un ejemplo poético: “El personaje exhalaba un hálito que llevaba frío al extremo”, pero aplicando el neologismo podría decirse: “El personaje exhalaba un hálito gelífero”.
Cabe resaltar que los recursos neológicos son los que nos permiten accionar de manera lúdica para crear estas palabras, denominadas neologismos. Guiándonos de estos recursos, propios de nuestra lengua, construiremos consciente y correctamente los términos que integraremos a lo establecido, dinamizando nuestra lengua y recuperando parte de ésta: los términos poéticos, más específicamente los adjetivos.
Raúl Allain (Lima, 1989) Estudiante de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fundador del Grupo Suicidas y editor de la antología poética Suicidas Sub-21 (Editorial electrónica Remolinos, 2009 / I Feria Internacional del Libro Arequipa, 2009). Ha participado en la antología de literatura bizarra Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007) y en diversos medios literarios virtuales.
Por Cristina Castello
«Sentí en el pecho un doloroso latido, sentí que me abrazaba la sed»
J. L. Borges, de «El Inmortal»
Jorge Luis Borges es una metáfora de sí mismo. Es uno de los escritores más
destacados del siglo XX y un emblema de su patria argentina, donde todos lo
nombran pero pocos lo leyeron. Niño prodigio, vivió su infancia vestido de niña
por su madre, quien lo llamaba «inútil» e «infeliz».
Su erudición tiene pocos parangones. ¿Fue tan lúcido para descubrir la
sacralidad de la vida, como para escribir? ¿O la lucidez dañó esa parte del
espíritu donde está escrito que nada de lo humano debería ser extraño?
Pocos artistas son tan amados y aborrecidos. Y se comprende: los versos de
Borges son sagrados, pero su boca fue incontinente. Calificó a Federico García
Lorca, como un «poeta menor», y de la misma forma honró a los vates de
Más: al ritmo de cada sorbo de su té inglés calificó a Arthur Rimbaud como «un
artista en busca de experiencias que nunca logró», y criticó salvajemente a
André Breton, potencia de imaginación y poesía; y, aunque nacido en las pampas,
su anglofilia era tan fuerte como su franco fobia (Juan José Saer dixit).
Demasiado, Mister George.
Su sed, su sed eterna. Este 24 de agosto, se cumplen 110 años de su nacimiento,
y la pregunta de siempre sigue en pie: ¿Tuvo sed de poesía, o, también –y sobre
todo– de sentirse amado por una mujer? Él, la pluma universal, tuvo
amores imposibles y sufrió como los personajes de las novelas más vulgares, que
despreciaba. Hasta que llegó su cauce: María Kodama, con quien tuvo una unión
en el misterio.
Mente prodigiosa, en «El jardín de los senderos que se bifurcan», propuso
–sin saberlo– una repuesta a un problema de la física cuántica. Y toda su
vasta obra fue un hito, como disparador de la fantasía de lectores y gentes de
letras.
A la par, si bien en su momento condenó a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini,
después hizo loas de autores de crímenes de lesa humanidad: Francisco
Franco, Jorge Rafael Videla y Pinochet, entre otros. Asesinos, condenados en
tal condición por
Más que por otros poetas, se sintió marcado por el enorme Walt Whitman. Pero,
¿qué asimiló de él? La palabra de Whitman se batía por la libertad de los
pueblos y la dignidad humana; la palabra hablada de Borges defendía –también–
la invasión-masacre norteamericana en Vietnam.
Su obra de ficción, plena de ironía, es sobria y precisa pero, en
general, tiene una gran distancia con la vida viviente, como si lo que escribía
hubiera pasado por su cerebro y no por su sangre; está plena de símbolos, de
metáforas tan ricas como poco comprensibles para la mayoría; tiene un sentido
metafísico, y muchas veces intensamente lúdico. «Historia universal de la
infamia» y «El Aleph», entre otras, son piezas maestras del siglo XX.
Borges fue uno de sus espejos de tinta. Un acertijo. Una suerte
de estatua de sí mismo, un monumento, un ser sin piel, por cuyos poros asomaba
su inteligencia. Pero en la poesía que escribió asoman sus venas terrenales,
irremediablemente: [...] Sin que nadie lo supiera, ni el espejo, /ha llorado
unas lágrimas humanas. /No puede sospechar que conmemoran /todas las cosas que
merecen lágrimas (de «La cifra»).
La poesía es una voz: la vida viva. Ni siquiera este hombre de la esquina
rosada, pudo esconderse tras los muros de cristal del poema. El poema no
tiene tapias: es revelador.
La hora de la espada:
Borges, Pinochet y Videla
Amaba la música de Pink Floyd, de Los Beatles, de los Rolling Stones y de
Brahms. Adoraba a «Bepo», su gato. Mientras, aplaudía al gobierno que hizo desaparecer
a 30.000 personas –luego de torturas satánicas–, durante el golpe de
Estado de 1976 en Argentina. Abrazado a su gato, Borges reclamó públicamente
«cien años de dictadura militar».
«Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la
ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las
responsabilidades del gobierno», dijo en mayo de aquel año. Se refería a la
reunión que mantuvo con el genocida Jorge Rafael Videla, primer presidente de
facto de aquella etapa; había asistido, presuroso, con Ernesto Sábato, quien
fue después defensor de los derechos humanos: los rictus de la vida.
El tiempo hizo su juego y en1980, con o sin el gato «Bepo», recibió a las Madres
y a las Abuelas de Plaza de Mayo, gesto en el cual –aunque ella lo niega,
discreta– hay una influencia evidente de María Kodama. Entonces se mostró
conmovido, y hasta indignado con los militares asesinos; y reiteró esa conducta
cuando, ya en democracia, se juzgó a los desaparecedores de seres
humanos: recién en ese momento quiso enterarse de los suplicios y muertes
sufridos por sus congéneres, y escribió una crónica para la agencia EFE.
¿Había despertado por fin su lucidez para la
fraternidad? Ojalá.
Pero las palabras son una suelta de pájaros: imposible remontarlas cuando
vuelan a voluntad del viento. ¿En cuántas personas influyeron sus primeras
declaraciones? ¿Cuántas, sin pensamiento propio, repitieron los conceptos del
poeta sólo porque «lo dijo Borges»?
Paseó entre laberintos, espejos, libros de arena, ruinas circulares y
bibliotecas de Babel. Cultivadísimo –es una de las más grandes glorias
mundiales de la literatura– se fue de este planeta el 14 de junio de 1986,
siempre en espera del Nobel. La condecoración que, orgulloso, había recibido de
las manos con sangre de Augusto Pinochet, fue un escollo insalvable para el
premio. Aquel día se alborozó con su flamante doctorado Honoris Causa de
Borges fue Borges, ni más ni menos, a pesar de haberse definido como
anarquista. A los 17 había sido tildado de comunista, con la prohibición
de entrar a Norteamérica. En realidad, sólo había tenido un enamoramiento
adolescente de
De su pecado de juventud sólo queda esa huella, y las cenizas de tantas
estrofas incendiadas.
En 1983 anunció su suicidio en el diario
Lúdico, me dijo en una
entrevista que el deporte que más le gustaba era la riña de gallos; y
con su proverbial ironía bajo el aspecto de ingenuidad, se preguntaba por qué
en el fútbol 22 hombres corren detrás de una pelota, en lugar de comprar 22
pelotas.
Se jactaba de haber tomado mescalina y cocaína en su juventud. Pero aquello no
duró más que un instante: su droga dura fueron los caramelos de menta, y
su devoción, la merluza hervida.
Travieso, guardaba billetes de 10, 50 y 100 dólares entre los libros de su
Paraíso: la biblioteca. A pesar de no haber creído en ningún dios, antes de
morir rezó el «Padre Nuestro», porque así lo había dictaminado muchos años
antes, su madre. Doña Leonor Acevedo seguía rigiendo el destino del hijo –el
«inútil» e «infeliz»–, obediente hasta el último soplo, que exhaló el 14 de
junio del ’86.
«Me duele una mujer en todo el cuerpo»
(Borges, en «El oro de los tigres»)
Su padre lo llevó a un prostíbulo en Ginebra, para que ejerciera por
primera vez como varón; y desde entonces, el amor le fue una frustración. Muy
amigo de Adolfo Bioy Casares, escritor y caballero excelso y de una
personalidad fuertemente seductora, Borges vivía a través suyo, lo que la vida
no le daba: la pasión de una dama. Se sentía el patito feo.
El nombre de una mujer recorrió el mundo en los versos borgianos: «Yo
que he sido todos los hombres, no he sido aquel en cuyo abrazo desfallecía
Matilde Urbach». Matilde no existió jamás: era el personaje de una novela
ignota y de baja calidad, a quien él dio entidad universal con su estrofa.
La soledad puede ser una telaraña.
A Elsa Astete Millán, su primera esposa, la conoció en 1931, cuando él tenía
32. La relación fue terrible: sin amor, sin pasión, sin interés de ninguno de
los dos por el otro. Ella se enamoró de Ricardo Albarracín Sarmiento, dejó al
poeta ciego y amante de las espadas, y se casó con el candidato nuevo.
Sólo después de decenios, Elsa relató aquel fracaso, sin mucha
elocuencia:
―«No se dio», contó, apenas.
―«Sólo la esperaba a ella», gimió el poeta a modo de narración.
Para mitigar la espera, Borges se enamoró de Estela Canto –quien jamás lo amó–,
de Silvina Bullrich, de María Esther Vásquez, y más.
Y llegó 1965 –habían pasado más de treinta años– y el reencuentro con Elsa. Él
ya estaba casi ciego, tenía 68 años y ella 57. Sin que le importara su
agnosticismo, se casaron por iglesia: por amor, todo podía sacrificarse. Al
menos eso creyó.
Doña Leonor Acevedo había influido una vez
más: ―«¿Cada noche de su vida, antes
de acostarse, miraba tu foto», dijo a su futura nuera.
El matrimonio se terminó después de tres años, en 1970. Georgie se cansó: sin
una palabra, salió de la casa conyugal y no volvió jamás. Unos meses después,
mientras paseaba con su sobrino por la calle Florida de Buenos Aires, Elsa
Astete Millán se cruzó con el escritor y lo saludó:
―«¿Quién es? », preguntó el poeta, ya totalmente ciego.
―«Es Elsa, tío», fue la
respuesta
―«¿Y quién es Elsa?», repreguntó Borges.
Enterraba el amor, ¿el amor? ¿Fue Millán la pasión que le hizo escribir me
duele una mujer en todo el cuerpo? Todo hace pensar que no, pero... Qui
sait?
Alcanzó la fama recién en la antesala de la vejez, a pesar de haber
comenzado su vida literaria como un superdotado. A los siete años había escrito
en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, el cuento «La visera
fatal», inspirado en un episodio del Quijote; y a los nueve tradujo del inglés
«El príncipe feliz» de Oscar Wilde.
Su obra incluye cuentos, ensayos y poesía. Fue un innovador, abrió senderos. No
hay que olvidar que dos de las
grandes revoluciones de la lengua castellana, tuvieron su origen en
Era como Leonardo da Vinci, complejísimo y lleno de matices, con
inteligencia fascinante e imaginación enorme. ¿Era como el genio da Vinci?
Así lo siente María Kodama. Cultivadísima, escritora e incansable cancerbero de
la obra del Maestro, ella amaba tanto «su rostro de conejo» como verlo reír tal
«un cachorro de tigre al sol».
«Ulrica», según él la llamaba –nombre nórdico que quiere decir «Osita»–,
escuchó por primera vez un poema del que sería su esposo, cuando tenía cinco
años; lo conoció a los 12 y la relación amorosa empezó a finales de los’60,
pero se hizo exclusiva, desde el adiós a Elsa. «Osita» fue también un gran
soporte de la actividad literaria y personal de Borges, lo ayudó en la
dirección de su colección «Biblioteca personal»; y escribieron juntos, en
colaboración, «Breve antología anglosajona» y «Atlas».
Fue desenfadada, fresca y espontánea con el Maestro: a pesar de su juventud, le
discutía cosas que podrían haber parecido una insolencia y que, sin embargo, a
Georgie le gustaban y divertían. Y así la disfrutó: libre como un animal en la
selva, según ella se define, a costa de ser prisionera de su libertad.
María fue los ojos a través de los cuales Borges descubrió geografías, amaneceres
y obras de arte presentidas pero vedadas para sus pupilas en penumbras.
Hoy, el poeta descansa –por su elección– en el cementerio
Plainpalais (Ginebra), cerca de donde había tenido su primera experiencia
sexual, en aquel prostíbulo. Vaya coincidencia.
Y tantos amores frustrados, y tantos versos, y dos esposas, tan diferentes.
Elsa le había dicho:
«Georgie, aprovecha tu cuarto de hora;
hoy estás en el candelero, pero dentro de dos o tres años nadie se acordará de
vos».
María lo acompañó hasta el final y hoy recorre el mundo, para mantener
vigente y hacer crecer la obra del poeta. Y no le debe de ser fácil: no es
sencillo tener talento y ser la viuda de un grande, en un país como Argentina,
donde tantos quieren apropiarse del alma del Maestro. ¿La amó? Nadie puede
saberlo, el corazón del hombre es insondable, aún para sí mismo.
«Yo pronuncio ahora su nombre, María
Kodama. / Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines de Oriente y de
Occidente, cuánto Virgilio», le escribió, entre tantos versos. Es como el
ojo del huracán: serenidad y silencio cuando todo se arremolina a su alrededor,
dijo de su mujer.
«Y que nadie temiera», está grabado en la tumba de Jorge Luis Borges, un grande
de las letras y un poeta sin compromiso con la vida humana. Sediento, lúdico,
incontinente verbal, brillante, desamparado, a veces un niño. En los días
anteriores a su muerte, contaba a su esposa de los caramelos «toffie» que le
compraba su abuela, hablaban de literatura y estudiaban árabe.
¿Fue un hombre ciego pero con la lucidez a flor de alma, o la luz del
conocimiento lo encegueció? «Debo justificar lo que me hiere. /No importa mi
ventura o mi desventura. /Soy el poeta», había escrito.
Quizás sea la mejor sentencia y la única conclusión.
*Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y
vive entre Buenos Aires y París.

Por Miguel Ildefonso
Vanessa Martínez (Lima,
1979) publicó dos plaquetas de poesía: Poemas
del olvido y Amencia nata. Ya con
el poemario La hija del carnicero
(2007) se hizo conocida no solo en el Perú. Para la escritura de esta nueva
entrega, Coraza, la poeta ha revisado
sus huellas en diferentes lugares como Cajamarca, Trujillo, Lima, Chile,
Bolivia, Argentina, Ecuador y Cuzco. A través de diferentes secciones,
transcurren sus pasos que buscan la intensidad metafísica en la vida cotidiana,
pasos que revelan a una acuciosa poeta observadora de la realidad y sus
misterios insondables. Con Locomoción de
exilio va iniciando su odisea: “Aquí el encanto del asomo es una heroína
para el olvido./ Congelo mis pies sobre la empedrada vía,/ buscando temas.” La
urbe se va volviendo ese apocalíptico territorio inevitable por el cual empezar
su odisea: “Los consigo,/ encendiendo la calle con mis perturbaciones”. El tema
central es la relación que hay entre el mundo y las más íntimas interrogantes
de la voz poética: “Yo respondería: soy un gen no deseado/ que se aferra de las vías,/ buscando la pasión de mi
concepción./ (Soy la hija de la carne)/ Quiero ser la cédula X del tiempo/ para
contemplar sus sacrificios.” Poco a poco vemos que la ironía, la crítica, se
torna en meditación, en un diálogo con lo divino o lo trascendente: “La
cordillera como cicatriz/ donde nos sangramos con lamparines./ Tus manos en
tántrica humareda,/ se disparan miles.” El clímax (tal como el “voy por tu talle como por un río,/ voy por tu cuerpo como
por un bosque” de Piedra de Sol) se
da en la unión con el amado: “Es hoy,/ que este animal enlutecido penetra mi cuarto y levanta/ mis
piernas en zancadas, derrumbando vías.” Pero dicha unión implica un sacrificio;
es, a su vez, un antiguo ritual sobre la muerte: “No me entregas a los
becerros,/ cambiando las tramas limpias,/ los restos de cobre en mis botas.” El amor,
por tanto, como los procesos cíclicos, es transformación y renovación: “Existió
mi iglesia sin Jesús./ Yo la india me ubicaba a las afuera de esta ciudad,/ tenía
una punta en la mano.” Entonces de nuevo surgen las interrogantes, ahora sobre
la otredad, y el viaje continua: “Micciono al viento para tus cactus/ de los cuales bebo el agua de mi
coexistir/ Me alumbran el sol y la luna,/ en valles longevos cuando me pierdo,/
porque me despierta un géiser/ y entiendo/ que soy/ fábula.” Ahora es otro
viaje, ya no en la urbe y sus desvaríos, sino hacia las esencias: “Montañés,/ vas sobre la ruta regada del polvo
de las estrellas/ Que no mereces la espera./ Porque vives en el infinito
andino/ donde se surcan tus poluciones.” Los habitantes son otros: “Son madres/
y taitas los bosques/ que se bañan con el regalo de tu sueño.” Los poderes
otros: “Un dulce tiburón le hacía pensar/ que un río siempre se recorre
con/ algún pirata deseo de cobijo. (…) Pero en yanquilandia/ todo empieza a
subir en busca de aviones”. La mirada a los otros la conduce a encontrarse con
el gran tema nacional: “Ya quisiera irme con los espectros a los que se les
cayó la nación encima,/ pero me he rodeado del fuego/ y no puedo/ simplemente/ ser
más que un lanzallamas.” Es el encuentro de lo colectivo con la búsqueda
interior: “Aquí soy la última de mi maldita casta,/ la que vaticina sus
pérdidas,/ la que/ vaticina/ sus/ pérdidas/ blancas.” La poesía es viaje,
exilio, ¿pero también es retorno? Ulises nunca volvió del todo: “Yo rastreo
todos mis garabatos desde ahí/ perdiendo mi patria una vez más/ cuando tu
acento me llama.// Me nombro las regiones nuevas/ (porvenir de la piel)./ Escribo
las ciudades con mis alias/ para perder el regreso a casa.” El misterio de la
vida (destino, identidad, origen, etc.), parece decir la poeta, no está en lo
profundo de las cosas, sino en la “piel”, en la “coraza”: “Hay una ducha fría
para lapidar la piel de los sensibles./ y mi villano la encontrará.” En Poema para una vaca en la plaza nos
hallamos abiertamente en la casa universal de la piel, quizás único lugar
perenne, persistente: “Si me podrías contar todas las estrellas/ de esta casa
universal,/ escogiendo desde mi norte y coleccionando las fugaces,// Te podría
decir también/ Un pecho henchido no es
señal de amor,/ sino de lucha.”
Al final del libro nos encontramos nuevamente en la urbe, en otras ciudades,
vuelven las tribulaciones sobre lo divino, el diálogo con los mitos
desacralizándolos, confrontando la santidad con el pecado; quizás como señal de
que no hay regreso, de que el viaje siempre será viaje una vez empezado. Y que
la poesía finalmente es aquel único lugar perenne donde encontrarse consigo
mismo y con lo(s) demás.
EPICIDAD E INTERTEXTUALIDAD EN <<ESPARAGMOS>> DE MAURIZIO MEDO.
Por: Darwin Bedoya
Una reflexión de John Dewey sobre la seriedad y validez de la obra de arte dice: «Cuando la estructura del objeto es tal que su fuerza interactúa felizmente (pero no con demasiada facilidad) con las energías que surgen de la experiencia misma; cuando sus afinidades y antagonismos mutuos colaboran para producir una sustancia que se desarrolla acumulativa y certeramente (pero no con demasiada regularidad) hacia la plenitud de los impulsos y las tensiones, entonces, sin lugar a dudas, estamos ante una obra de arte». Lo mismo podemos decir estando frente a la obra última de Medo. Después de Manicomio (2005), la poesía de Maurizio Medo (Lima, 1965), ha venido a ocupar un lugar espacioso en la región hispanoamericana. La aparición de Sparagmos, (coedición de Cascahuesos Editores y ASALTOALCIELO/editores, 2008) confirma nuevamente la importancia de este poeta. Sparagmos viene a ser la plenitud de los impulsos y las tensiones escriturarias, pero, sobre todo, la babelicidad del lenguaje como el gran héroe en esta larga avenida de las trashumancias y las letanías que Dios y nosotros mismos, en una ignominiosa complicidad, nos hemos honrado en regalarnos.
Ahora bien, siguiendo a Dewey, las afinidades a que hace referencia, vendrían a ser, en Sparagmos, los referentes intertextuales, que, parte de la idea, el mismo título alude: Sparagmos es lo que las Ménades de Tracia le hicieron a Orfeo: lo despedazaron, hicieron una traslación múltiple de su cuerpo (Otros como Dionisio, también corrieron la misma suerte). En el caso de Orfeo, su cabeza, arrojada al río Hebro, fue a dar a Lesbos, muchos dicen que llegó hasta allí entonando unos cánticos extremadamente fabulosos, tan profundos eran que hasta las piedras y las flores marchitas cambiaban al oírlo. Esta idea de traslación que parte desde la epicidad griega hasta nuestros días, tiene ese matiz, según Lawrence Norfolk, de corrección con esa especie de mantra que cubre a la literatura en general. En el desmembramiento o "sparagmos" de Norfolk se subastan los derechos territoriales y lingüísticos, ocurre la desterritorialización de la palabra, y eso no es otra cosa que lo que se ha venido a llamar intertextualidad según Kristeva y, en esa misma línea, aunque con otros registros denominacionales están Deleuze, Genette, Hutingartes, Garaeen y, hace poco menos de un año, las descabelladas ideas-estudios intertextuales de Lluha Fairlight en la obra de Bolaño y Pere Gimferrer. Así como en la obra de Vallejo y la de Gamoneda.
En «Verdad y método» su autor, Gadamer, utiliza el concepto de «formatio» para acuñar la idea de que el ser humano se apropia de aquello en lo cual, y a través de lo cual, se forma. La «formatio» tiene que ver con la tradición cultural, vista no como un ente monolítico, sino como una constante reinterpretación y reactulización del lenguaje configurado a través de los más diversos textos. Es el eterno devenir del espíritu; la articulación de la visión del mundo que teje el ser humano al incorporar a su «saco cultural» los símbolos, la historia, los mitos, los referentes artísticos y otros elementos que anidarán en su inconsciente. Hay un poema de Medo titulado «Síndrome Rimbaud» que concluye así: «ahora quiero escribir pero… / Me sale espuma, me sale espuma / por todos los orificios deste cuerpo. (p. 323)» Y el humanamente Vallejo sale a decirnos aquí estoy, aún vivo; ésta es la poesía.
Y es que una característica esencial de la «formatio» consiste en mantenerse abierto hacia el otro, hacia puntos de vista diferentes y más generales. Al tener la capacidad de reflejar el alma propia en la de los demás, la conciencia es capaz de operar en todas direcciones, integrándose así al devenir universal, en un sentido general y comunitario. En el poema «Centón del comedero», Medo cita un verso íntegro de Antonin Artaud: «No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo (p. 273)». Otro ejercicio intertextual es «Naturaleza muerta» que alude al poema «Naturaleza muerta de Franz Kafka» de José Kozer. O la alusión a Oquendo de Amat cuando éste decía «se alquila esta mañana» y Medo dice en el poema Rutina: «se alquila razón», o cuando hace referencia a Manrique en el poema Gilda y escribe: «morir no es dormir / es despertar».
Para Julia Kristeva, la intertextualidad es algo que hacen autor y lector como una práctica, es la pragmática de la lectura. Guía la traducción como lectura de textos. Y es por que en todo texto, la información auténticamente nueva es relativamente poca muy poca, lo que fundamentalmente hay son llamadas o referencias a otros textos (títulos, epígrafes, parafraseos, pies de página y otros nexos que generan híbridos de hipérbole semántica como: parodias, pastiches y el kitsch). La lectura es un reciclaje de otros textos. Incluso los textos clásicos pueden entenderse así. Kristeva desarrolla el concepto de intertextualidad a partir del dialogismo de Mijail Bajtin. Éste pretendía explicar que todo texto literario es, en el fondo, un cruce de otros textos (no existe un texto literario puro). Desde el momento en que un texto cita el habla popular, otros géneros… ya conocidos por el lector se establecen relaciones dialógicas. Por ello podemos afirmar que los únicos «textos puros» serían los libros sagrados. El mismo Bajtin habla de corrientes subterráneas que conectan diferentes textos. Éstas son cuestiones culturales que aparecen en diferentes formas de manifestación con otros nombres. Así, Sparagmos parte con tres epígrafes, uno de ellos es de Barthes, quien se refiere a la desaparición del autor y a la existencia del sujeto discursivo. Y para Medo la línea fractal, en términos de Deleuze, es la misma conexión que Kristeva llama intertextualidad, esto supone entonces la detección de que unos, —en realidad muchos textos— están conectados con otros textos. Cualquier cita, cualquier aspecto que nos suena de una novela o de una película y lo reconocemos en otra esto implica intertextualidad. Gerard Genette desarrolla más a fondo el concepto de la intertextualidad. Para Genette, lo que Kristeva llama intertextualidad debería llamarse como transtextualidad: relaciones entre textos o cruce entre ellos, pero con un basamento en la nueva escritura del autor.
En Sparagmos, como en Manicomio, lo que acontece es la escritura, la exasperación del vocabulario, el estatuto del discurso verbal que va generando una conciencia imaginista, de este modo, ciertas tendencias, como la extrema poeticidad y «experimentalaidad», la idea de disolución y a la vez la idea de congregación, lo raro y lo confuso, el fragmento, el engaño, la sofisticación, lo vago, lo fugaz, la invención de palabras, el enardecimiento de un erotismo tierno y brutal al mismo tiempo, el gusto por la estilización, la ruptura con el tiempo alienante, un discurso surrealista a la pura seña de Patti Smith; todo esto se puede resumir en una poesía que no se porta bien y que, en consecuencia, podría remitirnos a un cierto neobarroso después de Perlongher. El sentido discursivo de la obra de Medo tiene un punto de partida que es requisito indispensable para la escritura y el mundo poético: el estado de ánimo del poeta. Melancolía y locura en un vaso para beberlo a grandes tragos.
Hipócrates (460-375) fue el primer médico que consideró a la melancolía como síndrome clínico. La voz del sujeto poético de «Sparagmos» padece una profunda melancolía que a veces se semeja a la de Rimbaud, porque una melancolía de esa magnitud siempre deriva en locura y Rimbaud sentía una extrema predilección por esta forma o estado de demencia casi como Van Gogh o como el cuervo pintado en los versos de Poe, o el albatros de Baudelaire que se encargaba de despeinar la calma y la esperanza: «Qué plena la soledad cuando es anónima. / Qué inerte ésta, mi soledad, alberga un nombre (p. 102)».
Pero también, Sparagmos es un intento de asir la vida a través de la meditación de la muerte, porque sólo en nuestros límites hallamos nuestra libertad; y así, el espíritu del poeta medita a rabiar. El ser esencial del poeta busca hacer trascendente y transitiva la preocupación y la aceptación de nuestra realidad que no es otra cosa que nosotros mismos. En pocos poetas se halla tan excelente adecuación del discurso meditativo a veces y, otras veces, basada en una escritura casi desenfrenada, casi surrealista. Cielo e infierno juntos. ¿Paraíso acaso? Adecuación entre concepto poético y realización literaria. La poesía de Medo es la poesía de la verdadera acción en los límites de los límites. Sus versos presentan una intrepidez intelectual porque son el testimonio de que el poeta se encuentra en la arista de todos los riesgos, y es que en las más de las veces sitúa al lector en una disyuntiva que oscila entre la frivolidad, la preocupación, la confusión, la traslación, el homenaje y, la babelicidad del lenguaje como un remedio a la paz del poema común.
Rilke escribió: «y no tener patria en el tiempo»; las pulsaciones de la poesía de Medo son de una inminente seguridad en su estilo, en su discurso, su fenomenología poética está siempre alterada por el constante pulso del duro ejercicio interior. Esta poética alcanza una serenidad sólo posible con la plena aceptación de la vida en el corazón de la muerte. Hay una lucha intensa que va desgarrando los lugares de meditación. Hay derrumbes, rebeliones y lamentos. Erizar la piel y ablandar o endurecer el corazón, parecen ser los objetivos de este discurso. Al final diremos que son poemas como botellas cargadas de vino griego para brindar en Italia o en Croacia, pero con la plena convicción de embriagarse y luego danzar con Baco, Orfeo, Virgilio, Dante, Jasón, Ícaro, Lu, Gilda, Alicia, Sofía, Carrol, el falso Ginsberg, Rimbaud, Verlaine, Vallejo, Desnos, el mandril, Méndez, Francesca, Pound, Valdelomar, Medo, Shakira, Illia Kuryaky, Mozart y los demás.
Hay veces que en «Sparagmos» sucede una comarca sin vientos ni granizadas, pero es sólo una calma breve, una afirmación de la vida en la muerte y de la muerte en la vida, o como decía George Bataille en «El erotismo». Habitamos un tiempo donde todo está sujeto a su perecedera condición, donde ya ni siquiera los valores tienen tiempo para incorporarse y arraigar en la sociedad, todo parece que fuera solamente una interminable duda. Pero ¿debe la creación literaria y, poética en este caso, portarse bien? ¿No será más bien que su agresividad debe ser la vida o el punto de partida de su autenticidad que parte desde una épica insólita? Cada día, la poesía de Medo se torna un tanto más radical en esto: si la lengua literaria no se despliega a partir de un sustantivo anacrónico (si no nace ajena a los avatares del tiempo), sólo servirá, con mayor o menor fortuna estética, a los dictados de una moda, o —lo que es lo mismo— a las imposiciones de los cánones y entonces se tornaría en continuidad sin cambio, al margen de la intertextualidad que es más interna, más cercana y a la vez necesaria.
Si este riesgo no se le exige a la escritura poética más actual, ya no se podrá decir que son pocos los que son capaces de atreverse a dar el salto permanente en el vacío, ese salto que toda verdadera poesía debe dar. El mismo Perlongher decía de su neobarroso: que era «una desterritorialización devastadora que tomó la vida de una artificialización extrema del lenguaje». Este es un artificio del artificio porque la verdadera poesía, la que no se puede definir, sino sólo «reconocer», habla sobradamente por sí misma, no transa, exige respeto, y en suma, sale victoriosa de cualquier acoso que se le quiera hacer. Medo ha creado belleza a partir de las palabras y eso se lo debemos, nosotros, los que existimos sólo por las palabras.
Dylan Thomas un día escribió: «De los suspiros algo nace / que no es la pena, porque la he abatido / antes de la agonía; el espíritu crece / olvida y llora: / algo nace, se prueba y sabe bueno, / todo no podía ser desilusión: / tiene que haber, Dios sea loado, una certeza, / si no de bien amar, al menos de no amar, / y esto es verdadero luego de la derrota permanente». Y ocurre una similitud con Medo, en el tercer poema C@ntig@.com: «otra vez curvado ante el fulgor azulino / compongo discursos a Perséfone / conmuevan y me otorgue el don / de mar que perdí. / En esta cabina alquilada, como si amor / fuera cosa de arrendar, / (dos soles cincuenta para Ronald), / y darle al teclado mismo Mozart / hasta saber algo de ti. / Mejor el Hades que el caos donde navego / aterrado por criaturas de MTV. / Shakira, Illia Kuryaky and the Valderramas / hubiesen bastado para que Jasón abdicara. / Pero no soy un argonauta, / tengo veinte / y te amo, rpúrpura. (p. 93)». Y líneas antes, en La feria de las tinieblas, Medo nos dice: «Escupo dolor donde luna desangra. / Sobre los fuegos de destituidos. / Sobre el hambre en los platos vacíos. / Sobre las mentiras con las que remonto su agonía. / Sobre el dolor. / La noche me sedujo enjoyada en su suave piel canela, / convirtiéndome en su sombra, aún a plena luz. / —Preferiría ser ciego antes que verte partir. / —Es absurdo— respondió. / Y la ciudad se me fue a pique con su rostro. (p. 39)».
Esta remitencia al entusiasmo lezamiano o su pasión por ese cierto malditismo más tópico y real, actual —pero también tan recurrente a otra estancia de la epicidad griega y latina—, posee una prestancia que poco a poco va distanciándose de otras poéticas hispanoamericanas, inclusive de las que marcan esas mismas características. En realidad, la recreación o la traslación, el sparagmos en sí, es el de unas fuentes previas, es algo tan connatural a la literatura que con razón se ha dicho que la «Eneida» pudiera verse como una suerte de «fanfiction» de Homero, en la medida en que las aventuras de Eneas son una continuación realizada por Virgilio del ciclo troyano. Es decir, algo parecido a lo que en el cine se llama el recurso a las «precuelas» o «secuelas» de un argumento o un canto como mecanismo de formación de una serie, de modo que la «Eneida» sería una «secuela» el mismo modo que la recreación de las historias anteriores de los héroes troyanos serían una «precuela». Medo no se va a los inicios griegos/latinos para quedarse allí, pero se ampara en la estela nietzscheana como en los fragmentos de Heráclito, de Pascal, inclusive en las reflexiones de Wittgenstein, allí se advierten los textos descontextualizados, es decir des-contextos y en consecuencia multicontextos y desde ese aroma de epicidad se vuelve en un lugar de regocijo para la posmodernidad, a una cabina de Internet, a una tienda Mc Donald’s.
El mismo Derrida en un análisis deconstruccionista se refería a este asunto en su estudio sobre Rousseau donde concluía que «Toda palabra tiene un significado diferente cada vez que aparece en un nuevo contexto, y esto independientemente de la cronología y de la intención del autor». El resultado es que un texto es en realidad un número indefinido y potencialmente infinito de otros textos, tal como lo corroboraría más tarde Katherine Hayles.
Desde la perspectiva intertextual, la consideración de los hipotextos subyacentes a estos textos nos lleva a indagar sus fuentes no sólo en los conocidos patrones de la mitología (epicidad), sino en una gran variedad de textos de la tradición folklórica y/o literaria. Correlato de culturas, diría el propio Medo. Todo ello tiene que ver con una cultura de la posmodernidad, que por un lado ha hecho del reciclaje y la hibridación, dos mecanismos básicos en su producción artística, lo cual se hace patente en este nuevo libro de Medo, aquí pues las series donde el mestizaje de contenidos, géneros y técnicas aparece por doquier; como una locura muy razonada. Capaz solamente de ser reconocida desde la perspectiva de la estética de la recepción, allí donde reaparece un poeta escribiendo sobre los muros electrificados de un manicomio o un lector con sapiencia de hermeneuta envuelto en la poesía: simbiosis de la construcción artística el poder de la imaginación y la capacidad explorativa.
El sincretismo de Medo (mezcla de géneros y de motivos o mitologías) que estructura a Sparagmos, deja en suspenso marcas diferenciadoras antes aceptadas o comunes en la poética del siglo XX o en la poesía tradicional (como la extensión del poema, su ritmicidad/historicidad, su unilinealidad, la jerarquía del ritmo y partes dentro del macropoema) sería, pues, la nota dominante. Los imanes que mantienen unidas estas series poéticas en Sparagmos son el lenguaje/héroe (protagonista, cual Dante atravesando el infierno) y/o el mundo ficcional a veces como relato unido por las continuas referencias textuales que aluden a geografías (Grecia, Italia, Perú, Chile, Arequipa, Huamachuco, Cusco, etc.) y, por supuesto a los personajes mencionados líneas arriba. Son estos entes quienes interactúan como auténticos contenedores de todas las posibilidades de desarrollo. Todo ello le presta, además, un aire muy posmoderno a este libro de Medo que, en realidad recicla y recombina muchos materiales, y desmantela códigos o valores obsoletos y modernos.
Además, el carácter de obra abierta hace que tales series, en su conjunto, tengan la apariencia de un texto de múltiples escrituras que se van superponiendo, puesto que al ser un universo no cerrado sino compartido los sucesivos autores o «versionadores» irán reescribiendo estos argumentos metapoéticos o, en otro caso, irán añadiendo nuevos elementos.
El lenguaje de Medo en Sparagmos tiene también una simetría dispersa, nebulosa casi entre las fronteras del vacío en que se encuentra el pensamiento de lo que refería Lacan sobre el lenguaje (la interrelación entre estructura del inconsciente y lenguaje, la primacía del significante sobre el significado, y que sólo accedemos al inconsciente mediante la representación de las imágenes oníricas a través del lenguaje). Medo, como poeta, está interesado en enfatizar que esas imágenes tengan una significación distinta, volátil al ser parte de un flujo de imágenes oníricas que van desapareciendo con la misma celeridad con la que aparecen (El enfoque estático de la literatura ha sido sustituido por el dinamismo del postestructuralismo semiótico). Esto es, se escapan de ser atrapadas por un significado fijo y estable.
Tenemos así una primera interrelación entre la concepción del lenguaje inconsciente, según es descrito por el psicoanálisis, y la teoría del lenguaje literario propuesto por Benet, según la cual el lenguaje (comenzando por los vocablos) carece de un significado estable.
Así, el onirismo de las imágenes de la poesía de Medo raya a veces con la vigilia y lo pesadillesco. Se alberga en lo conversacional. Su discurso, desde lo retórico es una anti-retórica; desde lo metalingüístico y lo moral destruye los pilares de su mundo. Lo «maldito» no sólo está en el tema, está en la forma de escribir: «Poetas, poetas, poetas. / Esos perros cagan piedras. / Espuma y humo exhalan. / Y nunca nos dicen nada. / Son inútiles. / Jamás tendrán visa / en el nirvana. (p. 326)».
En suma, podemos decir que el aura triunfal en Sparagmos es una construcción de imaginarios lingüísticos. Estas series poéticas utilizan medios recurrentes y no recurrentes, como la formación de estos mundos autoconsistentes a través de procedimientos tomados del mito (por ejemplo, las cosmogénesis peruanas, genealogías griegas, itálicas…). Y la poesía serial de Medo es inherente a una nueva propuesta en continua expansión, que a partir de un tronco inicial se ha propuesto desarrollar múltiples itinerarios de epicidad, sobre la base del marco común de un espacio (geografía), un tiempo (cronología) y/o un repertorio de personajes.
Así pues, sobre estos pilares está construida la idea de la existencia de un patrón en esta saga poética de Medo (Manicomio, La trovata, en esencia), reunida esta vez en 370 pp., series poéticas que, más allá de las marcas de los subgéneros clásicos (barroco, especialmente), aspiran a crear mundos autoconsistentes, ensanchando siempre una especie de frontera, aparentemente indisoluble de la creación y, esa experimentalidad que desborda las márgenes de humo que pretenden cerrar el paso de una nueva poética hispanoamericana.
Ahora la extensa avenida de las trashumancias huele a vino e incienso, a chicha y flores negras; pasa un cortejo de Baco, canta la cabeza de Orfeo. Medo toca la cítara. Propercio, Tibulo y Ovidio mueren otra vez y alguien (¿Eurídice?) cerca los jardines con sus huesos: la poesía está ungida de eternidad.
Por Pablo Paniagua

“El pensar se encuentra en vías de descenso
hacia la pobreza de su esencia provisional.
El pensar recoge el lenguaje en un decir simple.
Así, el lenguaje es el lenguaje del ser,
como las nubes son la nubes del cielo.
Con su decir, el pensar traza en el lenguaje surcos apenas visibles.
Son aún más tenues que los surcos que el campesino,
con su paso lento, abre en el campo.”
Martin Heidegger
¿Puede considerarse un delito regalar literatura por Internet?
El movimiento dadaísta se preguntaba en 1916 si los
gobernantes de las naciones, aquéllos que hacían la guerra y mandaban a sus
gobernados al matadero, tenían la capacidad moral para decidir sobre lo que
estaba bien o mal. Llevando esta idea a los tiempos actuales, cuando el sistema
económico mundial se derrumba porque nuestros gobernantes se preocuparon por
favorecer a los dueños del capital, en vez de al grueso de la sociedad, debemos
preguntarnos lo siguiente: ¿Podemos creer en nuestros gobernantes y en las
leyes que nos dictan cuando no son capaces de ofrecernos un mínimo de
estabilidad? ¿Son los depositarios de la razón cuando siguen haciendo guerras y
fabricando armas para el exterminio? ¿Debemos hacerles caso?
Este razonamiento viene al caso, al igual que
hicieron los dadaístas en su momento, para sustentar mi proyecto teórico para
la validez de los “spam” como medio de difusión cultural por Internet. Ahora,
transformándome en un Marcel Duchamp supermoderno en clave literaria, como el
que pone un urinario ante la mirada del público como obra de arte, bajo el
título de “Fuente”, cambio los destinos en la historia de la literatura en
cuanto a su percepción y difusión por medio del “spam”. Toda persona tiene el
derecho de acceder a cualquier logro intelectual de sus semejantes, y la
cultura, en todas sus vertientes, ha de ser libre y gratuita para aquéllos que
estén ávidos de recibirla, pues nuestra obligación, como seres humanos, es
superarnos como especie y aspirar a crear un mundo mejor.
Hoy, según la nueva ley, regalar literatura por
Internet es una falta punible, y el escritor que así lo hace se convierte en
delincuente. El “spam” de contenidos literarios, a través del cual no se busca
ningún beneficio económico, sino, más bien, una difusión de la cultura y una
democratización de la palabra, es considerado un delito. ¿No sería mejor que se
preocuparan por ofrecer un futuro estable a sus gobernados en vez de perder el
tiempo en semejantes nimiedades? ¿Dónde quedan las fronteras de la libertad?
La “literatura spam” es un medio más que valido para
desarrollar el intelecto del ser humano, para apartarle de la sinrazón y
acercarle a esa conciencia que se necesita para mejorar el mundo. Por medio de
la palabra, en un proceso de lectura, las personas pueden limar los mecanismos
mentales que le llevan al discernimiento, y así entender lo que le rodea desde
otra perspectiva. Es muy simple seleccionar el mensaje no deseado para
borrarlo, en vez de indignarse por recibir un correo con un contenido literario
o cultural que se regala de buena fe. ¡No seamos necios! Aceptemos la promoción
y difusión del pensamiento humano como algo natural, como una aportación de
nuestros semejantes a esa cultura universal que estamos forjando a través del
Internet: la cultura libre que nos dignificará como especie. Ahí está la
capacidad de elección del receptor, de borrar o abrir el regalo que se le hace,
de aceptar o evadir el esfuerzo creativo de los que aspiran alcanzar, desde una
visión heideggeriana, el “ente” del “ser” por medio del “logos”.
La “literatura spam” va más allá del acto de enviar
un correo a cualquier desconocido, es la oportunidad de recibir una idea, de
ampliar una visión predeterminada de la realidad, un recordatorio para saber
que hay alguien preocupado por hacer llegar, dentro de una conducta social de
acercamiento, su esfuerzo creativo. No es la invasión de una supuesta
privacidad porque su fin es compartir un logro intelectual, sin intentar
provocar, desde luego, ningún perjuicio (seleccionar sin leer es muy fácil, una
operación de cinco segundos para eliminar un correo inesperado). La “literatura
spam” no se trata de un engaño comercial, es el fluir de la información como
signo de que somos capaces de hacer algo en contra de todo lo negativo de este
mundo, y así despertar, de alguna manera, la conciencia del receptor. Declarar
la “literatura spam” como un delito es equivalente a hacer una hoguera de
libros prohibidos bajo un régimen totalitario, pues la “literatura spam” es una
derivado de la libertad de expresión, un acto que se enfrenta a la tendencia
enajenadora del poder (como es la despersonalización del individuo mediante una
serie de reglas que lo alejan de su condición esencial), y un medio alternativo
para contrarrestar dicha dinámica enajenadora.
Edgar Morin nos dice en “Tierra-Patria”: “Todo lo que es humano regenera la esperanza al regenerar su vivir; no es la esperanza lo que hace vivir, es el vivir lo que hace la esperanza, o sería mejor decir: el vivir hace la esperanza que hace vivir”. Como humanos no podemos negarnos a esa esperanza que nos hace vivir, la de una especie que, a través del pensamiento, ha de encontrar las claves para superar su precaria realidad y encontrar su “cosmos”. La “literatura spam” es un recurso para encontrar el camino hacia el cosmos, para que tengamos presente y recordemos que la palabra es necesaria para no perder la esperanza de ser un poco mejor.
«¿Qué
leyes dictarían ya los senadores?
Cuando
lleguen las dictarán los bárbaros [...]
Por
qué empuñan bastones tan preciosos labrados
maravillosamente
en oro y plata?
Porque
hoy llegan los bárbaros»
Constantino
P. Kavafis
Es una prisión secreta que se
levanta en tierras que fueron robadas a los habitantes originarios del lugar.
De su pista de vuelo despegaron los bombarderos de los USA, para invadir
Camboya, Afganistán e Irak, a fuego, crímenes e impiedad; para controlar el Oriente medio y... hay más,
ya se verá.
«Diego García» es un embrión de la
muerte. Es la cueva que eligieron los bárbaros —con la excusa de un supuesto
«terrorismo» — para mejor torturar. Es un verdadero tesoro para Norteamérica y
el Reino Unido. Es la base militar más importante que el Imperio tiene, para
vigilar el mundo; y junto a sus pares —
las bases de Guam y Ascensión— son claves para el invasor. Es un sitio ideal
para acoger misiles de la ojiva nuclear, aunque estén prohibidos por los
tratados internacionales. Pero, ¿acaso esto importa a los bárbaros?
Los bárbaros no viven en el océano
Índico, donde está «Diego García», ese atolón que nació con destino de oasis y
se convirtió en el infierno mismo. No. Los bárbaros dan las órdenes a bárbaros de
«Diego García», es el enclave justo,
por si a los bárbaros se les ocurriera una acción sangrienta contra Irán. Es el lugar donde la tortura exhibe su mayor sofisticación.
Es una suerte de patíbulo —la muerte en vida—, y el primer escalón, la
antesala, para merecer el alivio de pasar a Guantánamo: ese cadalso con el que
Barack Obama prometió terminar. A «Diego García» nadie la nombra y no figura en
las agendas presidenciales, a pesar de ser peor aún que Guantánamo. Está dicho:
«peor». Pero comparar dos horrores no arroja claridad: ¿Quién es peor, Drácula
o Frankestein?
La tierra del planeta no ha sido
suficiente para el Poder imperial. Los Estados Unidos del norte surcan los
mares del mundo con entre diecisiete y veinte barcos- «prisiones flotantes». En
ellas fueron detenidas e interrogadas bajo suplicio, miles de personas. Pero
casi nadie informa sobre esto. No, de eso no se habla.
Habla, sí, y actúa por la justicia,
Fue en 1998, durante la presidencia
de Bill Clinton y la vicepresidencia de Al Gore —Premio Nobel de
Castrar
la isla
«Sin
miramiento, sin pudor, sin lástima
Altas
y sólidas murallas me han levantado en torno»
Constantino
Kavafis
Los
La isla es un territorio británico
de ultramar, situado en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico. En 1966
se produjo un maridaje perfecto entre los bárbaros. El lugar —tan bello, que
parece una sonrisa de la naturaleza— fue ofrecido por Inglaterra a Norteamérica, que lo quería para instalar
esta base militar. Fue un canje ignominioso: el alquiler por cincuenta años de
tierras inglesas, a cambio de catorce millones de dólares y misiles del
submarino nuclear «Polaris».
¡Que
siga la música, Maestro!
Pero —eso sí, había una premisa a respetar— en aquel
momento, más temprano que tarde, había que impedir «problemas de población».
Había que desinfectar de seres humanos, el archipiélago.
Castrar la isla. Cortarle las raíces,
clausurar la vida. Manos a la obra de inmediato, el Reino Unido le bloqueó toda
entrada de alimentos. La vieja y
maléfica bruja —el hambre—, hizo sonar un concierto de estómagos vacíos, al
mismo tiempo que los habitantes empezaban a irse... o a ser echados. El destino
de los desterrados fue, y es, las villas de miseria de
Allá, a más de
Salvajemente los 2.000 habitantes
nacidos en la isla, fueron expulsados. Un caso, que sintetiza muchos similares,
fue el de Marie Aimee, nacida y criada en «Diego García», quien en 1969 llevó a sus hijos a Port Louis (Mauricio),
para un tratamiento médico. El gobierno británico nunca le permitió subir al
barco para regresar y nunca más pudo volver.
Su marido, quedó dos años en la isla
y después llegó a reunirse con su esposa, sólo con una bolsa y en un estado
lamentable. Había sido arrojado de su
tierra. Las historias de los otros miles de isleños abandonados, es
escalofriante; desterrados y humillados, fueron reunidos en conventillos, donde
vivían en cajas o chozas de hojalata. De muchos se habían librado, con mentiras
de vacaciones gratis, en lugares de ensueño. Había que barrerlos de la isla: esterilizarla
de la presencia de los paisanos.
La gran mayoría de los chagosianos
fueron detenidos, expulsados de sus hogares, literalmente «empacados» y
depositados en las bodegas de las embarcaciones, entre gritos y llantos; antes,
habían visto exterminar a sus animales domésticos y a su ganado. Así, podían
bombardear más fácilmente Vietnam, Laos y Camboya; amenazar a China cuando
¡Y vaya que no! Muchos murieron de
tristeza, se suicidaron, o se hicieron alcohólicos, mientras soñaban con la
tierra prometida. Pero nadie abandonó la idea de volver a su isla de corales y
palmeras; a la isla que —hasta que ellos la vieron— no estaba contaminada por
armas ni maldad. En el «Times» de
Londres del 9 de noviembre de 2007, una de las lugareñas sintetizó: «Era el
paraíso, éramos como aves libres, y ahora estamos igual que en una prisión».
Hoy, de los 2000 expulsados originariamente,
conservan la vida menos de 700. ¿Juegan
los bárbaros a la extinción final?
Los USA alquilaron la isla hasta
2016. Y hasta entonces, y después, ¿qué?
Drácula,
Frankestein y los eufemismos
«¡Ay,
cuando levantaban las murallas, cómo no me di
cuenta!/Pero
nunca oí ruido ni voces de albañiles.
Desde
el mundo exterior –y sin yo percibirlo- me encerraron»
Constantino
Kavafis
¿Y
qué, con la prisión de «Diego García»? «Diego García» es el mayor centro de
torturas —les llaman eufemísticamente
«interrogaciones»— para los presos
considerados más «importantes» por el Imperio. Fue allí que el prisionero Ibn
Al-Sheikh Al-Libi tuvo que mentir, pues no resistía el suplicio a que era
sometido. Dijo, para evitar que
siguieran lacerándolo, que Saddam Hussein era aliado de Al-Qaeda, y que tenía
las famosas armas destrucción masiva, de las cuales tanto se ha hablado.
Por cierto que se demostró que esas
armas no existían. Pero eran los argumentos que George W. necesitaba, para la
guerra del petróleo: la que el lanzó, hambriento de dólares, con la excusa del
«terrorismo»; como si hubiera sido un salvador del mundo, al que aniquilaba y
por lo cual hoy se intenta juzgarlo. Desde todo el planeta, se levantan cada
vez más voces que demandan, precisamente, llevarlo frente a la justicia como un
reo que cometió crímenes contra la humanidad.
La mazmorra de «Diego García» se
conoce como «Campamento de Justicia». Seguimos con los eufemismos. Y las seis
mil bases militares mundiales de los USA, se mencionan como «huellas» en la
jerga castrense estadounidense. Entre ellas, «Diego García» tiene un nombre que
suena a burla: «Huella de la libertad». Las palabras perdieron su significado.
Mientras tanto, los traslados de
prisioneros drogados, encapuchados, y fuertemente torturados, desde allí hasta Guantánamo, ha sido lo
habitual. Personas cautivas trasladadas de un horror, a otro. De «Diego García»
a Guantánamo. De Drácula a Frankestein, estaba dicho.
Los 2.000 soldados yanquis
destinados permanentemente en el lugar, son la población central de «Diego
García ». La tortura necesita vigilancia, ¡caramba! Ironías de la vida, son
2.000 también los desterrados: las armas reemplazan a la vida.
Los bárbaros niegan todo, pero las
evidencias y pruebas existen. Por ejemplo, las de ex prisioneros que, por algún
milagro lograron la libertad, y cuentan cómo fueron trasladados a Guantánamo,
así como el espanto de las torturas, imposibles siquiera de imaginar por
cualquier mente humana. Por ejemplo, el testimonio fundamentado del historiador
británico Andy Worthington, autor de «The Guantánamo files: the stories of the
774 detainees in America's illegal prison» (Los archivos Guantánamo: las
historias de los 774 detenidos en la prisión ilegal de América).
Worthington relata que «una honrada
persona con acceso a información privilegiada», Barry McCaffrey, general
norteamericano en retiro y profesor prestigioso de estudios de Seguridad
internacional, reconoció en dos oportunidades que en «Diego García» se retienen personas
acusadas de terrorismo; de la misma manera, aceptó que lo mismo ocurre en
Bagram, Guantánamo, por cierto, e Irak.
Por su parte, Clive Stafford Smith, director
de
También el senador suizo Dick Marty,
confirmó en 2006 las «entregas extraordinarias» de detenidos, desde allí hacia
Guantánamo. En un informe que entregó al «Consejo de Europa», certificó
que los USA, bajo la responsabilidad
legal internacional del Reino Unido, utilizaron este atolón del Índico como
prisión secreta para «detenidos de alto valor». El relator especial sobre
Guantánamo parece ser prioridad en
la agenda de Barack Obama. ¿Y «Diego
García»? Es verdad que el flamante presidente de
La libertad, la justicia y los
desterrados de «Diego García» esperan su palabra y la de
y
los encerraron, con lágrimas, en una tumba espléndida/
—con rosas en la cabeza y en los pies jazmines» (Constantino Kavafis).




Labrar lo íntimo como si fuera parte de un final para un acontecimiento
fragmentario. Las búsquedas y exploraciones que el sujeto realiza hacen cada
vez más cercano al poema y proponen un acercamiento a su superficie. Éstas, al
ser reflejadas por las aguas estancadas de la memoria, deciden de una vez
sumergirse y refrescar las cosas. Esa parecería ser en principio una de las
direcciones que brinda Edgardo Dobry
(Argentina, 1962) en Cosas.
El poemario que da un giro notorio a su anterior obra El Lago de los Botes (Lumen, 2005),
en el que Dobry
trabajaba con formas más narrativas y cuya escritura no daba lugar a
coloquialismos acérrimos, posibilita que interior y exterior dialoguen acerca
de sus tensiones con bastante frecuencia. Sin embargo, el encaramiento textual
se da en los lugares internos. La memoria ya no es una instalación para que los
recuerdos, como cualquier artefacto artístico, puedan ser observados o
interrogados por su insistencia en permanecer o en resucitar sustancias. Los 87
poemas parecen ser transformaciones de elementos opuestos, mudanzas urgentes y
a menudo metamorfosis de objetos en conmemoraciones y viceversa.
Por ejemplo, en el poema 3 atisbamos una invitación a residir en un momento de un proyecto de lectura: «El poema y la casa del molusco/ son de quien los habita ahora/ no de quien los fabricó». (p.11)
Propone la concentración a semejanza del viaje, cuyo
propósito es materializar e inmaterializar la esencia. El entorno que mediante
el zig-zag del movimiento permite ver u ocultar el desarrollo de ésta es otra
dirección con la que trabaja Dobry
en estos textos. El viaje o la cadena de sucesos se van turnando para lograr
una unidad que puede escenificar la necesaria presencia del sujeto. Así,
observamos en el poema 23: «La uña de mi dedo/ El dedo de mi mano/ La mano de
mi cuerpo/ El cuerpo de mi yo/ Mi yo de mi yo de mi yo». (p. 31).
El suceso cotidiano también es cómplice de este intercambio de estados. El
hecho crítico tensa el arco de la realidad con la audacia de hacerle dudar del
presente que la escenifica. Teatro o guiñol, según intuyamos, lo que está
detrás es siempre la duda por la representación y los retazos que constituyen
la cosa o sistematizan al individuo. De esta manera encontramos en el poema 51:
«Si quiera alguna vez representarlo/ debiera pensar en cuatro manos que
aparecen/ y se mueven como guiñoles blancos/ porque este poema sucede bajo el
agua/ la tensión superficial es grande/ y opaca la visión: ¿abajo hay liquen,
larva, plástico, agua quieta?». (p.59)
En el prólogo de la antología de poesía latinoamericana Pulir Huesos (Galaxia Gutenberg, Círculo de lectores, 2007), Eduardo Milán destacaba de la escritura de Dobry que portaba en su lenguaje una riqueza que ya no residía —dudaba además si alguna vez estuvo ahí tal poder— en el poder del artificio juguetón sino en la mirada, en lo práctico de una mirada que no puede diferenciar una cosa de otra si lo que busca es devolver (como acepción de otorgar) un nuevo sentido a lo que fue puesto en duda.
Ya que los objetos cargan con un peso casi de origen —y esto es muchas veces discutible— los hechos que protagonizan estos objetos tienden gradualmente a convertirse en opiniones que muchas veces poseen un blindaje que la mirada no puede atravesar ni verse reflejada; remover la sedimentación con una nueva mirada poética, o al menos, una mirada que se desee nueva, que no abunde en perezas sentimentales. Lavar los ojos en un río para atreverse a mirar y encontrar lo no pensado; como se expresa en el poema 82: «Hay que mojar la vista en ese río/ dejarla secar en la memoria/ que el limo sedimente el verso / —entre los versos—/ no pensado.»
Cosas es un poemario que intenta profundizar en la esencia de los elementos y reflexionar sobre la representación de la idea que podemos tener de ellos en contextos diversos. Boris Groys, en su último libro Bajo Sospecha (Pre-Textos, 2008), con respecto a la cita de Sartre «Ser subjetivo significa tener futuro», confirma que aparece la figura del lector como único sujeto posible de portar la subjetivización, y no el escritor, quien al terminar un texto está acabado y muerto, incluso si sigue vivo como hombre. El autor de un texto terminado no tiene futuro si no existe un lector que le devuelva la vida mediante la lectura. Desde un primer momento, el lector se sitúa como un juez para poder interpretar los signos y códigos extraídos del maná de lo mediático por el escritor. Siguiendo de cerca esta apreciación, el lector es quien está obligado a dar al objeto (ya sea desde el arte o desde la cultura mediática) el rol de objeto. Es por ello que todo esfuerzo de concebir la poesía a imagen de la esencia deseada es necesario y merece ser seguido con especial atención. Frente a tantos estímulos, el lector deberá buscar y reflexionar sobre su cosa en la cosa, y con ello su propio futuro alrededor de los significados.
PACHA SANGRADA
Por: Danilo Vega.
Editado en Perú pero lanzado a
fines del año pasado en distintas ciudades de nuestro país, “Tecnopacha”
(Editorial Zignos), es un libro de poesía que retrata de forma cruda la
dualidad lenguaje-territorio, el vivir y engullir en nuestro continente. Son poemas
escritos entre las barricadas plásticas que nos legó el siglo pasado, poemas
que recorren la oscuridad de las tribus bajo la cruz del sur.
Oscar Saavedra Villarroel es un
mestizo nacido en el ansioso Chile de fines de los 70. Tiene una mirada sería,
desconfiada, escucharlo leer es un riesgo auditivo, su boca parece alimentarse
de los murmullos continentales y es voraz al soltar versos que manifiestan
cierto estado cultural del Chile actual. El mestizo en cuestión cuenta con lecturas en
el Yacana, Perú donde participó en la presentación del libro “Anomalías, 5
poetas chilenos”; Sus poemas han sido traducidos al portugués y es editor del
área literatura y teatro de la revista Indie.cl. Ha publicado en revistas de
México, Venezuela, Chile y Costa Rica. y es organizador del
encuentro-movimiento nacional “Descentralización”.
“Tecnopacha”, que ha sido
presentado en Chillán, Concepción, Santiago y en el encuentro de poesía “Riesgo
país” realizado en Diciembre en Valdivia; Es el primer capitulo de “dOPING
hISTÓRICO” libro compuesto además por
“Pachas”, “Paíscidio” y “espunkas”. En esta primera parte se nos
presenta a un sombrío personaje en un trance histórico, en una especie de roadie
movie del horror sudamericano, sudamareando
como expresa él mismo, una tierra llena de pachas
e intis, seres del camino que
impactan, remecen y provocan injertos en una tierra más que manoseada. En sus
poemas se ven apariciones zombies de las
vertientes-vanguardias paridas en el siglo pasado, todas en el juego
contemporáneo de la mercadotecnia mental, envueltas en las apostillas del
neolibertinaje.
"Tecnopacha" tiene un
aspecto mutante, una cruza de paisajes y lenguajes, en ella se observa una américa
violada, una américa perseguida, una américa falsa, una américa injertada, en
fin una américa terrible ¿Cual es la complicidad del autor y el lector en este
escenario?
Creo que la complicidad del lector
con el autor, primero radica en el lenguaje, en la adjetivación sustantiva que
hago y su visceralidad no de imágenes sino de vértigos, “Me presenté como burguesía cordillera” es un ejemplo, “ojos
europa”, o neologismos como paíscidio, avialcón, eurorreinato, faciskarmas, apelando a una memoria común y generando un
lenguaje que se inserta en el ojo como memoria no removida. La segunda
complicidad está directamente relacionada en los sucesos, en la llegada de un
joven que quiere triunfar, y qué mejor que una revolución consumista, apelando
a distintas estrategias, transfigurándose como visnú en personajes; tercero,
que da cuenta de una realidad lógica y obvia, cómo los pachas a veces tribu, se
están matando por esta sociedad capitalista y cómo el arte es parte de esa
muerte, no corriendo riesgos; cuarto, si es que hay un cuarto y un quinto, que
creo que lo hay y debe seguir la enumeración hasta la dislocación, sería: «El
mayor sueño de la democracia consiste en elevar al proletariado hasta el nivel
de estupidez de la burguesía», -Flaubert-. La democracia que es una
construcción falsa exportada por el USAísmo, que te dice “eres libre”, pero te
encadenan en una ficciorealidad simulada y distante a la ética. Ética que es el
eje transversal del libro. El quiebre de los ideales y de la axiología. La
axiología nació niña pacha, al segundo fue pacha Hombre mutando en violencia.
En Tecnopacha se asiste a un
reflejo-territorio lleno intis y pachas, en él parecemos transitar entre puro
maquillaje y adjetivos prestados ¿Crees que esa manía es una disrupción poética
condicionada por el mercado? Succionar
entrañas y dejar sólo cáscaras ¿Qué otros poderes actúan?
Una vez leí por ahí, que cuando el
hombre, -concepto que cambiaría por ser humano- ingresa a una institución, se
olvida del hombre y piensa solo en la institución. Así parecería que
interactúan hoy en día los factores humanos, la mediocridad del espíritu. La
complejidad de este encuentro –o reencuentro- es el tema que me lleva a
pensar que el mercado ha quebrado el
pensamiento, ha dejado a las personas a la intemperie de las “intis”, mirando las vidrieras merchandising,
esperando una revolución consumista en donde la utopía es tenerlo todo. Los
Pachas aquí – a veces tribu- simplemente involucionan, creen que el USAísmo es
la mejor opción de vida, que la necesidad nace del reflejo del sol en los
vidrios.
Son muchos los poderes, te daré
tres ejemplos que se explicitan en el libro –que yo le llamo es una
ficciorealidad-, y que lo desglosaré desde una historia ya no económica ni
política partidista, sino desde la misma literatura. Por ejemplo, está la
policía beat, que vendrían a ser todos estos que han querido ser como dicha
generación y se quedan en la capa de la acción de ésta, pero a su vez buscan el
oportunismo, desdoblando a la tan famosa generación beat, en un lobysmo,
oportunismo y poder ficticio alcanzado por carismas más que por méritos. Esta
policía beat han sido muchos poetas que ocupan el código al cual le llamo el
poema capitalista. Quieren ser parte de ese proceso, el proceso impuesto. Y no
tienen nada de riesgo, sólo es la cáscara, la entraña ya fue engullida.
Por otro lado está la mafia
objetivista que son todos aquellos que copiaron a Oppen, Zukofsky, William
Carlos Williams, basándose en la teroría de Wittgenstein, y que ahora son todo
lo contrario a ellos, burgueses acomodados con escrituras correctas, pero no
superiores a sus padres.
Los otros son los ABC1
surrealistas que simplemente buscan en la escritura un entretenimiento, como si
jugaran Play Station en un día soleado bajo una palmera junto a los Dehesa.
Oswald Andrade, el poeta
brasileño, declaraba la guerra a la cultura foranea con un manifiesto y una
acción directamente canibal ¿Crees posible esta lucha en la actualidad? ¿Hemos
comido algo o hemos sido comidos?
Hoy más que nunca existe la
transculturización. La homogeneidad de las culturas. Difícil es dar un paso
atrás. Mayor aún es comer, menos en Chile, del plato de la identidad. La
cultura USAísta, que en sí exporta el concepto de democracia, genera una
dictadura ideológica, en donde como dices tú han comido las culturas “menores”
–desde su lenguaje- culturas primitivas del quinto mundo. Algo que es más que
sabido. La lucha hoy nace desde otros puntos, desde el cambio de los códios del
arte en sí, de los nuevos pensamientos.
Baudrillard habla de una sociedad
–realidad- simulada, en donde la artificialidad busca reemplazar a la
naturaleza para que ésta, siendo imperfecta, sea perfecta. Ese espectáculo es
el instaurado. Quizá en los años de Andrade se podía dar esa lucha, esa lucha
directa y visceral con manifiestos y directrices que iba a la raíz, hoy es el
rescate y la bomba que yo le llamo hacer del individualismo una pluralidad
conciente.
¿Que nos esperan en las próximas
entregas de este dOPING hISTÓRICO?
Lo que viene es Pachas, segundo
título, que seguramente será publicado en abril en Perú nuevamente. Pacha es la
visceralidad musical de Bolquevique
Emotion que se ha transmutado en Pacha Hombre. Pacha Hombre es un dictador
que ha violado a
Luego viene paíscidio, las espunkas.
(de eso no puedo hablar todavía, es algo que aún no leo más que a amigos)
doping Histórico dará cuanta a través
de su rabia verbal, y su musicalidad como eje de la forma o matemática del
verso, si lo queremos decir retóricamente, de las tiranías, de la belleza que
puede generar la rabia.
Creo que ahí mi personaje
preferido dentro del libro y con las cuales me siento identificado dentro de la
escritura, es “espunkas”. Mientras tanto “Pachas”, ese canto que hipnotiza a
quienes lo escuchan o dejan secos a quienes los leen, será la segunda entrega.
No en Chile, acá a uno tratan siempre de esconderlo, pero ahora jodieron, ya
saldrá. Y la institucionalidad que se muerda las muelas del juicio. Y algunos
de mis impares, que no piensen que les quitaré el estrellato, porque el estrellato
ahora es de Bolchevique Emotion, quien pese a todo se alejó de los ABC1
surrealistas, de la mafia objetivista y fue atacado por la policía beat por ser
un líder tirano como ellos. Un pinocho con cerebro, una lucía con pene.

TECNOPACHA
O la crítica ácida de la madre.
Presentación.
Por Alexis Donoso G.
Al parecer, con 30 años aproximadamente de su instalación, independiente de sus últimas y variadas crisis, El Neoliberalismo está aquí para quedarse. Respecto de esta afirmación que ustedes acaban de escuchar, habrá sin duda quienes optan por humanizar o corregir el modelo y otros que al contrario apuestan por su destrucción a través de discursos en los que se utiliza un lenguaje retórico y demagógico. La frase que he pronunciado y subrayado, es el acuerdo tácitamente aceptado al interior de un país que tiende cada vez más a dar rienda suelta al excesivo derecho de acumulación de capital y extracción de excedente que llevan al enriquecimiento individual a través de la (super)explotación (des)humana como es el caso de Chile.
Es en este contexto que se escribe Tecnopacha siendo la recuperación de un discurso (como un pueblo que faltaba) reinventar, el de un espacio de escritura comprometida con los grandes cambios estructurales en materia de lenguaje, historia, economía, política y cultura de una sociedad. Una escritura que escapa al mero acto publicitario de sí y que encuentra componentes de fuga a la red creada por otras actuales, escritas con miedo del peligro, que no son perturbadoras de orden alguno o que se sitúan cómodamente al interior del patrimonio cultural burgués. Una escritura de la que emana un riesgo, un estilo propio, extraño y corrosivo, que nos recuerda, que nos quema, que la figura del poeta y el revolucionario adeudan seguir siendo lo mismo.
Tecnopacha se invierte a sí mismo en la bolsa de las utilidades de la perdida, para lograr un espacio como una posibilidad otra de existencia que es protesta y tensión con todo, desavenencia con un modelo histórico represivo de sociedad que trae consigo la humillación por la competencia, el control, la avaricia, la estupidez de la oferta y la demanda, la precariedad humana entre sus cualidades y avances más visibles.
Para llevar a cabo este compromiso poético y social desde la escritura, se ha de romper con los limites del poema panfletario, de la denuncia nostálgica, simplona, complaciente, que tiende a ser pontificada por los poetas del oficialismo, premiada por las instituciones culturales y el poder de turno, y que sin embargo, no es más que un lugar bellamente artificial para la disidencia y la rebeldía, cuya urgencia impone su dominio escritural sustentado en el discurso vacío de las emergentes tribus urbanas. Cito, Pag 31.
"…y me bajé en un lugar que decía ser la cúpula de los artistas adolescentes.
Ingresé a un taller –disfrazado de muchacho- dirigido no sé
por qué/tipejo
en donde lo primero que supe fue que tendría que competir
con espejos quebrados
y la vejez ansiosa de una creatividad mall..."
Algunos diremos cosa fácil, pero Tecnopacha desarrolla algo más difícil aún que implica un trabajo delicado, riguroso y paciente sobre el lenguaje, por tanto, sobre sí mismo. Operará entonces desde la critica y la ironía conceptual, si bien, a ratos dicho conceptualismo escrito suena efectista, repetido, pretencioso, la escritura de Saavedra va más allá de su sofisticación, y los conceptos se disipan en imágenes y son desplazados por éstas sobrepasando su significación. Los conceptos suelen ser espacios limitados, las imágenes los abren convirtiéndolos en ilimitados. Es de este modo como Tecnopacha estalla en sonoridades, visiones, ideas, palabras, hacia dentro a la vez que hacia fuera desde este espacio de sí mismo que se ha creado y se inscribe como denuncia a la renuncia y adormecimiento de los hombres y mujeres en la conquista de su independencia.
Tecnopacha se realiza, se desliza como critica de la historia más oficial y la señala manoseada, histérica, dopada por El Peso, apostando de esta manera por una historia menor: la que se hace en los pueblos subalternos. Se trata aquí del devenir de Tecnopacha, una vez que se torna escritura, se vuelve asunto de devenir, entonces, deviene Africa, indio, travesti, Lumpen, tribu, conciencia rasgada, ausencia del padre muerto, infancia violada que retorna a través de la escritura, pacha entre los pachas, población Santa Julia, La legua, La bandera, comunidades históricamente dominadas, inferiores, bastardas, que están condenadas a ser revolucionarias si desean su liberación. Cito, Pag 23.
"Me drogué como un África de estigmas.
De cielos grafitis que lloraban murallas, de visiones tántricas
que me hacían sentir
un pueblo hambriento litigado premoderno,
un travestido pedazo de tierra
que dibujó –junto al ociéalo- un paisaje azulado
una tierra street, unos cerros hollywoodenses
que me doparon de historia
y me vistieron de aire, de ecos y sonidos tecnocráticos".
En términos Deleuzeanos, las visiones de Saavedra, sus audiciones, no son un asunto privado, sino que forman los personajes de una historia menor y su geografía que se va recreando infinitamente. Así Mr. Estado, INTI, Tecnopacha, Los pachas, Bastardo Bartleby, Los Beat, Los Chicago, Madona insigne y Mapocho, Mr. Snob, entre otros, son invenciones del delirio, partes de un sueño, de una realidad ficcionada, del trance, emergen como procesos que arrastran palabras de un universo a otro y se trataría de acontecimientos en los lindes del lenguaje y que lo desbordan, a su vez que por otro lado, funcionan como una gran metáfora y síntesis paródica de lo social, del acontecer político, económico, cultural de los últimos treinta años en Chile. Cito, Pag 55.
"Me dijeron los pachas, tienes la rebeldía carcelaria capitalista
en los ojos. La rebeldía no, les dije, el poema. Y me soñé Central
Park de los cielos, me traté de mirar Madona insigne del
desierto, una cuenca europa muy Marinetti, la rabia comunisla
de Los Chicago ahí en el ombligo mundo de sol/ arena que los
pachas enloquecidos me marseaban con el poema. Que los
pachas muy cholos me codeaban la hoguera, me tajeaban tan
dólar, me dopaban peso a peso la piel".
El compromiso: rebeldía y desnudo singular de Tecnopacha, puede aparecer anacrónico, por cuanto no es con el poder que muta a través de los tiempos, si no con la humanidad, es decir, consigo mismo. Se mueve descolocando cualquier sedentarismo actual, cualquier arrebato del miedo que anhela hacer de la escritura un lugar para el status quo, un puestito al interior del mercado, una institución, una carrera más de la sociedad. Saavedra comprende muy bien la utilidad que presta la escritura en este desentramamiento de lo hipócrita, es entonces cuando sabe ser peligroso y ni sus pares, ni la madre (patria) se salva. Cito, Pag 40.
"…Me llevaron esposado. A patadas me llevaron
y mis pares comenzaron a recitar
el canto capitalista de vidrios maniquí,
el canto hipnopédico de cerebros occidentes,
detrás o dentro,
muy adentro de una institución llamada
dicen: Chile."
Tecnopacha se hace oír y sentir como la visión musical de un Ethos maldito, caótico y sarcástico que nace del cuerpo que canta y baila sobre los nervios extendidos como supercarreteras en los mapas territoriales, oscuros y desconocidos del delirio. Cito, Pag 37.
"…Movilidad son las ideas, me decía.
Y patinaba sobre el viento escuchando sus miserias,
que dibujaban una canción, una canción, una canción:
no para cantarla,
sino para bailarla en trances"
El libro del cual hoy celebramos su advenimiento, se abre como un espacio de ruptura y desestabilización de los discursos dominantes, como la escritura del poema peligroso que es frente a cualquier Orden, frente a cualquier seguridad simulada. Se impone como una critica-bofetada a la crítica cultural, es menos un canto adulador de la patria que la critica más ácida e insolente de la madre, de su economía libre mercantil, de su fascinación por el consumo, de su tecnocratización, de su ideología neoliberal aprendida en Chicago, de su arribismo a lo largo de La historia, de su proyecto de modernidad a medias (el que no se tradujo en otra cosa que en mera revolución tecnológica, una industrialización en ruinas y un sistema de protección social deficiente) de sus ideas occidentales, posmodernas y costumbres pequeño burguesas importadas. Cito, Pag 105.
"...Aún así seré su Marsellesa.
Su bandera estrellada, su estatua de la Libertad,
el Tío Sam vestido de oropelados desastres y columpios universales,
su Columbia, la machi rubia que corregirá el origen y el ethos...".
Si la escritura poÉtica está llamada a cumplir alguna función, ella no debe ser otra que la mínima que podemos exigirle y que es: la de despertar. Es en ésta insomne acción en la que insiste Tecnopacha, como un gesto estético político y subversivo que reside en la necesidad y deseo de rebelión, de su negación del amor a la madre, para escribir el amor a la madre, como un golpe sonoro que deviene en un trastocamiento de ella misma, del Ethos, de la Patria, como una música creada en la vecindad de lo anárquico y temible, escrita con la lengua en los pentagramas del cielo de la violencia.
Santiago, diciembre 6 de 2008.
el hombre que apoyó la invasión a Irak.
Por Cristina Castello
Lo llaman «Papá Mumin» por su parecido con un corpulento personaje de la familia Moomins, de cuentos y cómics escandinavos. Martti Ahtisaari recibirá la recompensa, equivalente a 1.4 millones de dólares en coronas suecas, el próximo 10 de este diciembre; y el 11 gozará de una fiesta que reunirá al Jet Set, en su honor.
¿No será hora de cuestionar este galardón, el Premio Nobel de la Paz? Los motivos abundan: estuvo nominado Georges W. Bush, por ejemplo. Sí. El mismísimo, a quien gran parte de los estadounidenses quieren juzgar por crímenes contra la humanidad. ... justamente él, el adalid de la paz.
¿Y qué tal si pensamos en Alfred Nobel, el padre del premio? Primero inventó la dinamita y otros explosivos que sirvieron a fines militares: la balistita o pólvora sin humo, por caso. Pobló a la humanidad de municiones, y con el rédito de sus inventos colmó su vida: hizo una fortuna colosal. Pero antes de morir quiso lavar su culpa, y creó este y otros laureles que llevan su nombre: para literatura, medicina, física y química. «Ahí anda el artesano del desprecio, implorando el amor del despreciado» (Pablo Neruda).
Sin embargo, el mundo acepta la curiosa expiación de Alfred Nobel, y aplaude sus premios.
«Papá Mumin» había dicho que le hubiera sido más fácil ganar la lotería que obtener este reconocimiento. ¿Será que el ansiado Nobel de la Paz se juega a los dados que tira el Poder, según convenga a sus designios? De cualquier manera, este premiado tiene méritos, aunque también... Ya se verá.
Martti fue presidente de Finlandia entre el ’94 y el 2000 y acumula tres décadas consagradas a la mediación y resolución de conflictos en el planeta. Como comisionado y enviado especial de la ONU, su logro mayor fue haber supervisado la independencia de Namibia en 1990, causa por la cual luchó durante trece años. Además, atesora como éxitos su tarea como mediador en la guerra entre la OTAN y Serbia —donde no lo quieren ni un poquito—, y, muy especialmente, la supervisión del acuerdo de paz en el prolongado conflicto en la región indonesia de Aceh. Gracias a sus oficios, lo firmaron las partes beligerantes el 15 de agosto de 2005 en Helsinki y con él como testigo.
Sus ojos celestes nacieron en Viipuri, hoy Viborg, ciudad de la ex Unión Soviética; si naciera ahora sería ruso. Hijo de un suboficial del ejército, sufrió desde los dos años —en 1939 era casi un bebé— las consecuencias de la guerra entre la entonces URSS y Finlandia, que terminó en el ’44. Después quiso ser maestro, se graduó en la Universidad de Oulu y partió hacia el servicio militar obligatorio. Pero él no podía ser uno más. Entonces salió de allí, pero no como todos, sino con el grado de capitán. Siempre atento a los asuntos de comercio e industria de los países llamados «en vías de desarrollo», formó parte del Comité Asesor del gobierno finés.
«Papá Mumin» —gesto siempre adusto— es persona de costumbres simples. Cuando fue presidente por la socialdemocracia de su país, todo lo que tenía un tufillo ceremonioso le molestaba, y por eso y sin proponérselo, resultaba tan gracioso como su personaje de historieta. Fue el hazmerreír de la prensa cuando se cayó dos veces al suelo durante recepciones oficiales y elegantes. No soportaba el frac, y los zapatos de charol le eran demasiado estrechos; el golpe era tan inevitable como lo fueron sus heridas en la nariz.
«El hipopótamo», lo llaman también así, sonríe serio y feliz... fiel a su estilo, a pesar de todo. Tiene humor y sigue enamorado. Se casó con la historiadora Eeva Irmeli Hyvärinen en el ’68. Cuarenta años de amor, que los hicieron recibir juntos la noticia de la lotería, del juego de dados, o el Premio Nobel de la Paz, según se vea.
El hijo de ambos, Marko, nació en 1969. Altísimo ejecutivo empresarial de telefonía móvil. De una multinacional. Y es también músico reconocido: su padre lo educó en la Universidad de Columbia, en los USA.
Curioso carnaval:
«Papá Mumin» o la cara de la indignidad
Defensor de la causa de Palestina y el Líbano, la posición de Ahtisaari con respecto a Irak fue, en cambio, francamente indigna. En 2003 encabezó un equipo que evaluó las condiciones de seguridad para el personal de la ONU en Irak, tras la ocupación anglo-norteamericana. En aquel momento, fue favorable a la invasión. No compró el argumento mentiroso de las supuestas armas de destrucción masiva que dieron la excusa a Bush para atacar; pero justificó su defensa en los crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos por Saddam Hussein.
En una palabra: el flamante Premio Nobel de la Paz invocó la defensa de la vida para apoyar la muerte: los crímenes de lesa humanidad que cometerían el Imperio y su aliado británico.
En enero de 2007, el hoy flamante premiado había presentado su plan de paz, incluida una propuesta de «soberanía limitada», para Kosovo; y esa independencia que ayudó a conseguir, lo enorgullece, a pesar de las reticencias de países como España y Grecia; y del rechazo por parte de Serbia, Rusia y Cuba. El embajador ruso ante la OTAN, Dimitri Rogosin, se mostró francamente molesto por el Nobel para Ahtisaari y, como muchos otros, interpretó que su plan para Kosovo no hizo más que perjudicar a Serbia.
De todos modos, Ahtisaari parece estar más allá de las críticas. A los 71 años se regocija porque su rostro será inmortalizado en un sello de correos de alrededor de un dólar, en moneda finesa, mientras espera la gran fiesta en honor de su premio.
En Oslo, la capital noruega, los ricos y famosos
—pero sobre todo los poderosos— le rendirán homenaje durante una celebración que comenzará con un concierto y donde no faltará ni el mayordomo de Batman. Precisamente, el presentador será Michael Caine —quien desempeñó ese papel en el reciente filme El caballero negro—, junto a la actriz norteamericana Scarlett Johansson; y entre otras stars, desfilarán por el escenario Diana Ross, la mexicana Julieta Venegas, la cantautora canadiense Leslie Feist y el cantante de country Dierks Bentley.
Claro que el día anterior Martti Ahtisaari habrá embolsado el dinero del premio que, según ha dicho, le servirá para fortalecer la CMI, su ONG; se trata de la «Iniciativa para la Gestión de Conflictos», creada en el año 2000 para apoyar los esfuerzos de la comunidad internacional para prevenir y resolver crisis de seguridad en diversas áreas del mundo. Tal, la declaración de principios; pero según el diario ruso «RBC Daily» esta empresa es un verdadero negocio que le reporta grandes beneficios... ¿Qui sait?
Desde 1901, fecha de la entrega de los primeros premios del arrepentido creador de explosivos de muerte, Alfred Nobel, la nómina de los ganadores es —por lo menos— discutible. Es verdad que entre los premiados, muchos hicieron honor a aquellas palabras de Erich Fromm según las cuales el corazón de hombre nunca deja de ser humano. Albert Schweitzer, Linus Carl Pauling, Martin Luther King, la Madre Teresa de Calcuta, o los latinoamericanos Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel.
Pero también, en una suerte de carnaval perverso, recibieron el galardón hombres cargados de sombra y muerte. Entre ellos, Theodore Roosevelt (no confundir con Franklin Delano Roosevelt), Henry Kissinger, Shimon Peres y Menachem Begin. Según Gabriel García Márquez, Begin —a quien con razón comparó a Adolf Hitler— debería haber merecido el «Premio Nobel de la Muerte».
Martti Ahtisaari, la figura viviente de «Papá Mumin», se lleva el premio en momentos en que el planeta padece más que nunca la mundialización de la miseria, la violencia y el desamparo. El día de su fiesta, mientras El caballero negro se verá en todas las pantallas del mundo, brindará con Michel Caine, el mayordomo de Batman, por su Nobel de la Paz. Y pues la crisis de la Tierra toda se acrecienta cada día, palpitarán también con más fuerza, las palabras de Martin Luther King en 1963: «Tengo un sueño». La libertad, la justicia, la paz.
Por: Eduardo Fariña Poveda. Al–Rihla (El
viaje), es el primer poemario íntegro en castellano de Luis Luna (Madrid, 1975). Su
trayectoria se ha desarrollado tanto en castellano como en gallego, publicó una
plaqueta Cuaderno del guardabosque
(Amargord, 2007) y junto a Óscar
Curieses los poemarios Hidroemas e Ignicións, ambos por la editorial Acef. Ha figurado
en diversas antologías, entre las que destacan Lévedos. Antoloxia de poesía galega en Madrid y Todo es poesía menos la poesía, 22 poetas desde
Madrid. Además ha incursionado en las más diversas
instalaciones artísticas y proyectos interdisciplinares, junto a otros
creadores como Aleksandra Mir
y Carlos de Gredos,
espectáculos escénicos junto a diversos colectivos como máquina de Coser y
nosomoscomodos producciones. Ha sido invitado a
Al–Rihla es una
propuesta, un proyecto que asume el viaje como una manifestación total del
espíritu, capaz de alcanzar un lugar esencial para que todos los conceptos
filosóficos, religiosos o políticos se puedan tomar a examen y trazar las
claves de la observación, toda comunicación auténtica resiste al tiempo si se
indaga la estructura espiritual inmanente que posee cualquier credo religioso.
El libro está dividido en 3 partes ( Extramuros,
Mensajes en el muro e
Intramuros). Con
citas de Avempace e Ibn Harabi, Luna nos invita a la mística, al
reino de los Sufíes. Este viaje comienza en Siria, y la cita de Avempace nos recuerda que los
sufíes designan a los solitarios como extranjeros, aunque residan en sus
países, son y serán extranjeros en sus ideas. En todos los textos del libro
(70) podemos hacernos eco de este pensamiento. Pensar es viajar y en los
encuentros posibles que tengamos en ese trayecto lo importante residirá en la
contemplación, como se nos revela en el poema 5: “Me encuentras/ como una piedra/ en tu camino/ No te inquieta mi
calma/ te contempla”.
Extramuros es la parte más grande del libro. En la
subsección Zoco toman
protagonismo los elementos como el agua y la arena, así la palabra se enfrenta
a uno de los retos más cruciales, leemos en el poema 7: “ La palabra esperada/ derrota/ la experiencia/
perfila los matices/ delimita sus sombras". En Mensajes en el muro se centra el
dilema existencial mayor, el que se vincula a tener un estado donde la
experiencia del viaje quede de alguna forma materializada y pueda abrir un
dialogo posterior. El poeta árabe Adonis
en su célebre poema El tiempo
nos hablaba de un camino que huye por todos los caminos y en donde se pudiera
abrazar a la espiga del tiempo. Luna
realiza una operación similar, cuando en los muros quien viaja observa su
propio comienzo, un muro interior donde será posible el rezo necesario para la
trascendencia de un lenguaje poético capaz de abrir camino en todos los caminos,
sin necesidad de abrir los ojos. Leemos en el poema 50: “Desde esta perspectiva/ el muro/ no es el lugar/
sino un estado/ nacido en la ceguera". Finalmente en Intramuros, el poeta se reconoce
en la memoria, la animalidad posible y necesaria que lo habita y la candidatura
que su propio secreto busca. En su propio interior la búsqueda empieza y
termina porque es el círculo lo que signa la plenitud de toda la experiencia
humana. Y para eso requerimos por antonomasia al lenguaje, lo que el texto 69
nos dice: “Entonces el lenguaje/ las
sílabas de la calcinación".
Economizando
elementos descriptivos, Al—Rihla
de Luis Luna aparece
como un poemario interesantísimo dentro del panorama de la poesía joven
española. En sus poemas hay posibilidad de narración, pero es la que tiene que
ver con los fragmentos, con la posibilidad armónica de construir un discurso,
una historia que nos habla de fusionar lo trascendental con la infinita
posibilidad del lenguaje y la gramática. Podemos leerlo también como relatos
breves en donde se nos cuenta la posible unión de dos eternidades (espíritu y
lenguaje) a través de un viaje. Con un estilo depurado, conciso, de enorme
competencia reflexiva, Luna no sólo da factura de un trabajo de ser observado
con atención. Es probablemente uno de los pocos autores jóvenes en lengua
española que asimila con gran destreza y preocupación la poesía en lengua árabe
(varios de sus poemas han sido traducidos a esta lengua) sino que además ofrece
poemas que son voces posibles en la inmensidad del desierto, voces que no temen
a lo que cambia todo para siempre. En una cita de Hofmannstal que viene en el libro,
se nos revela muy bien lo anterior: “Quien
conoce la fuerza del círculo, ya no teme a la muerte”.
Por Alexis Donoso G

En algún momento leí en Letras, un articulo de Carla Cordua que había sido publicado en la sección Artes y Letras del diario El Mercurio. El articulo fue titulado:PRL, Primera Revista Latinoamericana de Libros, (http://www.letras.s5.com/cc200608.html) en él se celebraba la aparición del número 0 de la PRL en New York, la que sería de próxima circulación en castellano. <https://www.revistaprl.com/>
La revista debía ser o sería recibida con gran entusiasmo según Cordua: "Su asunto serán los libros publicados recientemente, las ideas circulantes comprometidas por ellos y los problemas sociales y culturales ligados a esas ideas. La PRL está inspirada, obviamente, en la famosa "New York Review of Books" que, a su vez, es algo así como una descendiente del no menos notable "Times Literary Supplement" de Londres". Seguido de esto Cordua, hace referencia a la escasa participación de chilenos en la lista de colaboradores de la PRL, promoviendo para la transformación de esta ausencia, una necesidad colectiva (que no compartí en el momento de leer este articulo ni comparto hasta ahora) de aparecer en dicha lista de colaboradores para mantenerse en contacto con el continente y España enfatiza Cordua “Pues, cuando nos conozcan, ya verán que nos necesitan” pero ¿Es tan así? ¿Necesitamos nosotros como se dice en este articulo, darnos a conocer en PLR por estar en la cola del mundo? ¿Necesitamos que ellos nos necesiten? ¿Necesitamos los chilenos aparecer en esas listas? Definitivamente no, los chilenos estamos y nos leemos en otra parte, además sabemos que nos necesitan y puede ser que la mayoría de ellos no lo saben, sin embargo, tenemos clara la importancia de la lectura de nuevas publicaciones y el enriquecimiento que produce el intercambio cultural.
Al terminar de leer este articulo se entiende que la convocatoria de Cordua, como puede llegar a parecer, es menos un acto de arribismo que un entusiasmo, una invitación “inocente” a participar que se agradece, pues, hice su inversión y pensé (aunque no es condición de nada, quien quiera, donde quiera que se encuentre puede elegir no publicar sus escritos) en dónde tendrían que estar publicados acá los Europeos, Españoles (de los que no sepamos nada) o qué debían conocer allá lejos del culo del mundo, para que nosotros los chilenos comenzáramos a demandar, a querer indagar un poco más en su escritura. Pensé en las nuevas condiciones de producción digital de la escritura, pensé en que a pesar de haber numerosos espacios y revistas digitales son pocos los que logran mantenerse, autónomos y fuertes en su propósito sin las migajas de nadie, pensé en www.letras.s5.com, como el espacio que es o que a mi manera entiendo que es, un espacio generoso que se abre a partir de la necesidad de nuevas lecturas, como también de archivo de las que son imprescindibles o por el contrario olvidadas, como un espacio respuesta a la “ardiente sed” y hambre de expresión, al alto costo y desgaste que tiene hoy en nuestro país publicar y difundir un libro, obra, dar(se) a conocer y proponer otras formas de escritura que rompan con los sesgos a menudo impuestos por los monopolios editoriales, académicos y críticos. Una salida del formato más tradicional, el papel, que no es abandono de este material, si no una posibilidad paralela de publicación para quienes carecen de recursos económicos y redes de capital social al interior del campo de la cultura. Una nueva forma de leer en un soporte distinto, un espacio en el que es posible el choque y la convivencia de una variedad de escritores que son publicados y tratados de igual manera independientemente de su curriculum literario, región o país de residencia. Un espacio que hace desaparecer las fronteras de lo nacional, debido a su naturaleza digital y a que es leído desde distintas partes de Latinoamérica y otras ubicaciones geográficas, pero que a su vez persiste y se constituye desde su localidad al definirse como “una página chilena al servicio de la cultura” al interior de un mundo globalizado.
Como muchos lo piensan, pero algunos lo omiten o prefieren mantener su pensar en secreto a riesgo de que para los tontos pueda ser visto como felatio, pensé en LetrasS5, por que sencillamente creo, que es sin duda el referente actual y el archivo digital más completo de la literatura y en particular de la poesía chilena. Gracias por eso Letras.S5.
UN LIBRO DE PHILIP ROTH
Por Paz López

Sale el espectro
Autor: Philip Roth
Editorial: Random House Mondadori
254 páginas
Marzo del 2008.
Philip Roth (Estados Unidos, 1933) ha construido un personaje literario, Nathan Zuckerman que, en tanto protagonista de buena parte de sus novelas ha terminado por transformarse en testigo de su propia vida y, en consecuencia, porque así lo expresa el tono de su última novela, en testigo universal de aquello que tiene de inevitable y de impersonal la vida misma y que en palabras de Chejfec puede ser resumido de la siguiente manera: todo lo que se edifica es una promesa de ruina.
En Sale el espectro, Nathan Zuckerman, quien después de haber vivido once años solo en las montañas pensando que en ese lugar podría liberarse de las duraderas consecuencias de los errores de toda una vida, regresa a Nueva York con 71 años, incontinente y estéril, en busca de unas inyecciones de colágeno que le permitan poner fin a la indignidad a la que lo somete su enfermedad y recuperar la virilidad perdida. Sin embargo, el encuentro con una joven y atractiva escritora, con un apuesto e inescrupuloso aspirante a biógrafo, con la amante de quien fuera su héroe literario, determinan una sola sentencia: cuando el hombre descubre, en su decadencia, que hay una vida en la propia vida, es la ruina del cuerpo quien se encarga de anunciar que a esa vida nunca llegaremos. En eso pareciera consistir el triste descubrimiento de Zuckerman: "Tal vez los descubrimientos más poderosos estén reservados para el final", un final que emerge entre el todavía no de la juventud y el ya no de la vejez.
Sobre Tacones bajo la luna de Ana Montrosis
Por Héctor Hernández Montecinos

Si no es sabido, se intuye, que la poesía cambia de casa como quien cambia de ojos, y su cuerpo íntimo es el reguero de una historia colectiva que se ha visto enfrentada a todos los fascismos posibles y, no obstante, de cada uno de ellos ha salido victoriosa y triunfal. Por eso quizá la poesía siga siendo el bastión de una rebeldía horadada y biopolítica. Desde su triple anclaje es que su ética se convierte incluso en una reserva moral tanto para las otras artes como para el campo cultural en sí mismo. Esto no es una apología obturada a la poesía sino que una demarcación del carácter subversivo que a veces los y las poetas tienden a olvidar o negar tanto por cobardía o comodidad.
He querido señalar estas palabras a modo de introducción a la lectura de Tacones bajo la luna de Ana Montrosis, pues en este libro no sólo vislumbra una cartografía de un locus nómade, sino que también la escisión de un cuerpo marcado por género, edad, clase, raza, etc. Se trata más bien de un murmullo de muchas voces que a la vez se encienden como una enjambre de luciérnagas bajo una luna divinizada por su extrema maldad y belleza: quizá una de las metáforas sobre el mismo ejercicio de escritura, la fascinación de la fatalidad y viceversa.
La primera sección del libro, "Luna Nueva", sea de alguna manera una inicial imagen desdoblada de un yo que está negado para sí mismo, y que en su propio nombre reconstruye un espejo donde refleja la sombra sadomasoquista de una fe que cuestiona la pequeña divinidad del escribir, y al mismo tiempo es la comprobación de su inutilidad pues después de cada rezo u oración sólo quedan palabras, la necesidad y la más profunda soledad que son, a la vez, el origen del poema. Es en este momento que el imaginario se disloca y aparece de súbito una abuela, una madre, una hermana, una amiga y todos las posibles asociaciones mitológicas entre ellas. No hay edad, lugar, sino sólo una voz, una voz que desautoriza el frío y el hambre de cualquier casa, que es lo mismo que una ciudad, un país.
En el siguiente capítulo, "Luna creciente", estos espectros, estos devenires adquieren un rostro más fantasmal aun, por lo cual más lleno de vida y sentido. No sólo se maquillan, usan vestidos, celebran su propia tragedia, cociendo ropas ajenas, cocinando comidas ajenas, tejiendo ropas ajenas, y en esa despersonalización es que su silencio se hace contingente. La vida cotidiana es esa biopolítica cada vez más opuesta al "mundo literario", y de esa tensión es que textos como "Fantasía doméstica", "Nuestro armario" o "Cartones mojados" ponen en escena la celebración de esa derrota y la lamentación de su éxito. La escenografía de esta obra se ve desplazada profanamente a un lugar y un personaje llamado "Santa Bernardita" que pareciera ser la primera de las exhumadas, una reliquia en medio de la modernidad y el progreso neoliberal de los deseos.
El tercer y final apartado es "Luna Llena", donde todo es una mítica celebración llena de cantos, máscaras, tules, vides. Si la luna nueva es un origen, por lo tanto un destino, y luego la luna creciente es el paso del ángel de la historia, esto es, avanzando con la mirada hacia atrás, es que en la totalidad de esta luna su luz no sólo hace relucir lo que antes parecían sombras, sino que convierte todos los recuerdos en una metáfora para la propia escritura. Todo secreto es un ritual, y en el ejercicio de escribir pareciera que los poemas son a la vez una revelación y un enigma. El hecho de que no haya Luna Menguante sólo viene a comprobar el trazo de una flecha lanzada hacia delante, hacia la utopía, no de esas grandes, sino los mínimos gestos que nos recuerdan que cada día más es un día menos, pero por lo mismo todo momento es el ahora. Es por esto que la luna ha sido esa población de la cual todos hemos querido escribir, y que Ana Montrosis, junto a otros excelentes escritores como Marcelo Arce, Sebastián Herrera, Elias Hienam, Marjorie Dávalos y muchos y muchas más han podido vislumbrar más allá de cualquier prepotente sol y más allá de cualquier caprichosa nubosidad.
La bella intimidad, el revés de un gran relato, la sobriedad de un ojo alucinado que no sólo recorre callejones, salones de baile imaginarios, casas familiares sino que también iglesias vacías y pueblos abandonados en lo más profundo de un ánimo social. Tacones bajo la luna de Ana Montrosis nos recobra el gesto del mirar de soslayo como una suprema obligación, como una invitación a dejarse arrasar por las historias vivas que conforman cada una de nuestras heridas. Este libro no solamente nos devuelve a un lugar fantasma dentro de uno mismo, sino que con su potencia y ternura, se vislumbra como una estrella para muchos y muchas que están detrás de ella, y quizá esa esperanza que estamos comprobando acá sea la más fundamental retribución al momento de escribir. La revolución de la fraternidad se hace desde uno mismo, he aquí una prueba de ello.
Santiago, Junio de 2008.
Por Alexis Donoso G.

El discurso clínico define LA HIGIENE básicamente como un conjunto de conocimientos y técnicas que deben aplicar los individuos para el control de los factores que ejercen o pueden ejercer efectos nocivos sobre su salud.
La higiene personal nos dice, es el concepto básico del aseo, limpieza y cuidado del cuerpo.
Al tratar la escritura poética como un cuerpo y la forma que toma en el momento en que se escribe y la relación de responsabilidad, de prolija, meticulosa defensa de lo que se hace y de extremo cuidado que tiene consigo mismo, con su salud, con esa forma que toma, que decide para sí el poseedor de este cuerpo escrito, notamos que el sentido higiénico puede llegar a ser importante y que es valida a su vez, la defensa, el compromiso con una forma ya sea esta desgarrada, del exceso o de la depuración y limpieza en cuanto a escritura poética se refiere. No lo es, imponer esta forma como único estado de sanidad y enrielarnos hacia un totalitarismo escritural cuyo devenir más próximo es el fascismo en el que dicha forma, la que se nos desea imponer, queda inscrita.
La calidad de un texto no se supedita a la coerción de una policía de la limpieza que se autoerige como moral de lo que debe estar y de lo que no debe estar en una escritura, que designa cuál es el buen o mal poema, de igual modo, no se supedita a una economía escritural enfrascada en la cantidad, tampoco al concepto de trabajo definido como una práctica de tiempo dedicado a la limpieza de una escritura, trabajar más o menos tiempo en la limpieza de un texto no asegura la calidad y su brillo, por el contrario, puede conducir a una enfermedad inversa a la de los excesos, que ya no dice relación con la corrección de los desbordes escriturales y el miedo a los riesgos, si no con otros trastornos, obsesiones de carácter compulsivas, negativas, que invocan no al bello delirio si no al temible e infinito animal de la agrafía.
En el diagnostico clínico algunos ejemplos de obsesiones son el miedo a los gérmenes o el miedo a lastimarse. Agregaré aquí el miedo a los vértigos, a recorrer los abismos. Entre las compulsiones se incluye lavarse las manos, contar, revisar una y otra vez las cosas o limpiar. Cuando no se trata, el Trastorno Obsesivo Compulsivo puede dominar la vida de una persona.
Algunos escritores o cuerpos que se escriben intentan deliberadamente imponer su manera de hacer a los demás, pasando por encima las múltiples variaciones que nos ofrece la forma, el que es posible estar en lo mismo, pero de otro modo.
Ahora, el que se apueste por una forma más o menos policiaca en el sentido de pulir, corregir los desbordes de una escritura o por su opuesto, una escritura a la que se señala repleta de desbordes, excesos y vehemencias, no excluye el carácter insustituible que debe residir por necesidad en una escritura, poema, carácter que por cierto no lo hace "bueno o malo" ni tiene que ver con estas categorías, etiquetas, si no con las de lo peligroso y perturbador que tiene que llegar a ser para quien lo lea, un cuerpo cuando se escribe.
Presentación de lo anómalo
(Texto leído el 18 de abril del 2008
en el Archivo Andrés Bello, Casa Central de la Universidad de Chile)
Vengo a presentar esta reunión de textos poéticos creados por 5 poetas chilenos. Me referiré al contenido de Anomalías, en estricto orden de aparición de sus autores.
Alexis Donoso: Reescribe con justicia el verso de Antonin Artaud, ese que nos asegura que la tarea de la poesía es "montar caballos y perros" sin rienda, montura ni fuselaje. Los textos de Donoso, no obstante, exceden dicho propósito valiéndose de una cadena paranoide de "tropos alados", "indecibilidades", "muerte de madre y lengua"; extrañezas de variada temperatura que construyen un paradigma que insiste en provocar la fuga y desplazamiento del verso en su tarea de (citando a Donoso) "decirse a sí mismo" y autoflagelarse teresianamente: "De pie en medio de estas alusiones a lo indecible / presiento que en algún momento estas palabras se / levantarán de las páginas / como bestias raras y criminales intentarán matarme" (en la página 13). Se vislumbra acá una versión oscurísima del pensamiento animista característico de la mente de un infante, deseo de genocidio verbal, pretensión de todo poema que da dos pasos adelante con vista al descampado. Una veta explorada por Donoso es la tensión del vocabulario proveniente de las teorías contemporáneas humanistas en su colisión con el lirismo. Por estas páginas, aparecen suspendidas las identidades genéricas y binarias, tramas de simulacros y situación de resistencia tercermundista. La parlante enunciación de los textos es imputable a una voz psiquiatrizada, plena de violencia sexual y de derrota social rokhiana, personaje del verso que se autoerige como director de una clínica de ejercicios literarios, signos que corresponden al orden arbitrario de (aquí cito a Donoso): "fieras que trepan sobre sí mismas". Otra hebra reconocible de la textualidad de Donoso es la fecundidad abortiva de la palabra que apuesta por el tránsito de la poesía desde la relamida casa del ser heideggeriana a la cama de reposo terminal y jubilosa (siempre quise utilizar el cliché de la casa del ser, en una presentación de libro tan amena como esta). Y bien, es precisamente aquí donde los textos del autor exhiben sus mayores aciertos al coronar a la manipulación del lenguaje, como noble oficio digno de ser emprendido por quienes desde la escritura dan sepultura al significante madre, sea patria, sea lengua, sea un estado o institución caritativa-benéfico-cultural.
Marcela Parra: Tensiona la forma poética experimentando con diversas modalidades de composición desde el lenguaje cinematográfico, pasando por el numerado acertijo matemático, hasta los palíndromos textuales. Temáticamente Parra desarrolla versiones personalísimas de ciertas preguntas fundamentales. La forma escritural le permite enunciar abstracciones sobre la temporalidad geométrica personal y comunitaria, la religión del amor, la ética contemporánea y de género. El texto "Guerra" (en la página 25), es una teoría pesimista sobre el origen de la civilización, en el que la violencia alienta los más caros fetiches humanos: lenguaje, sexualidad, la división geográfica y la propiedad. Otro texto descarnado que polemiza con las miradas simplistas del pacto genérico y la representación de lo femenino en el arte es "Mary la acuchilladora" (página 31), donde el lector asiste a la reescritura de la agresión a la Venus del Espejo ocurrida en un museo inglés durante 1914 (cito): "El hacha es una mueca / sacar la lengua lo mismo". Mary, en el texto, es una acróbata de galería que ejerce una violencia sobre el objeto de arte, objeto que instala el rol estático, silencioso y pasivo de la musa museificada (cito): "que querían fuéramos reinas todas / vírgenes todas, todas desmayadas". El poema en cuestión teoriza sobre la situación de las querellas de género en medio de la explosión europea del arte de vanguardia. "Mary" y los textos de Marcela Parra, montan su performance lírica con la más extrema de las militancias artísticas, esa que mira y saca lengua o hacha frente a las repeticiones inalteradas de la representación y la escritura.
Marcos Arcaya: Incluye un fragmento de un texto mayor llamado "Particular egocéntrico y la luna". Los textos reunidos destacan por el puntilloso trabajo de remate de cada verso, donde la pertinente utilidad del adjetivo sustantivado repara en la denotación múltiple de cada palabra. La equívoca carga semántica, le permite a Arcaya articular una juntura de tópicos sobre una carrera espacial fracasada y la expresividad de fe católica relativizada. Los versos indagan verbalmente en la fascinación humana por el mundo imaginario ubicado encima de nuestros hombros, esfera donde corren frecuencias de radio, estrellas, cápsulas espaciales, explosiones siderales, astronautas, cosmonautas perdidos, divinidades, creencias, favores y desgracias. No obstante el viaje programado por el texto no tiene por meta el paraíso de Dante, sino un aterrizaje de emergencia e improviso en la tierra. Dicho objeto lírico tiene sus parientes naturales en el ángel caído de Milton y en la aureola embarrada del poeta en Baudelaire. La religiosidad no santa se encuentra omnipresente en los fragmentos, el astronauta que padece la desventura de su malogrado viaje, reciente un abandono divino y añora el tiempo de la pía restauración: "como cuando Dios como cuando Dios / bajo los grandes leprosarios de los astros". En la dramática situación del caído en desgracia asoma un Jesucristo doliente que reversiona las palabras bíblicas. Así, el "venga a nosotros tu reino" del "Pater Noster", encuentra el rumbo en desorientados versículos: "que el otro mundo es este y no se iguala / ninguno / al pavimento eterno de su gloria". En medio de esta comunión entre la caída espacial Ziggy Stardesca y la puesta en duda del mundo del más allá, el texto de Arcaya se conduele por un destino donde la visiones por el cosmos superior-astronómico-religioso es desplazado por la certeza más inaudita de todas: "y fuimos caravana arrastrando al / cosmonauta Martínez / pero bien merecido lo tenía por / seguir nuestros juegos / todos de vuelta y sin luna quedamos / así abandonados como cama desecha" (página 47).
Marcela Saldaño: Desarrolla el poema en prosa asignándole una potencialidad inusitada a la subversión estilística del párrafo. Los textos reunidos nos presentan una poesía de contemplación, de espacios vitales arrítmicos en colisión, girondianos, los versos montan un tren descarrilado. En la página 53 una vecina aburrida de la condición de su barrio se corona a sí misma como ninfa o semidiosa, decidiendo aromatizar el desagrado y el olor putrefacto de la carnicería local (Nota aparte: la carnicería es un significante apreciado por la poesía reciente, carnicería al parecer significa la carne descompuesta de un país). "La arcada entre el olvido el olvido y el recuerdo", es un ensayo en clave espasmolítica sobre la hipócrita situación temporal de la memoria y sus antojadizas selecciones: "Solos entre el olvido y los sueños Entre los susurros y los vecinos Ojalá alrededor de mi casa corriera un río Y ese río se riera de todos nosotros". En "Visiones de la patria de la mano" percibo un estudio microbacteriológico sobre el estado, situación, salud y ética de la sección de piel humana más utilizada para la comunicación y la transmisión de enfermedades. Como el personaje de Blue Velvet de David Lynch, los textos de Saldaño agreden permanente la posibilidad de saciar un deseo voraz mediante la palabra lírica. Su poética es todo carencia, todo parece faltar y ni el verso se salva: "A mí jamás las cosas me alcanzan… Ni el hombre ni las bestias ni los insectos Ni la amistad ni los muebles ni el dinero Ni el viento ni el sol menos la lluvia". El texto poético en Saldaño, utilizando una de sus expresiones más logradas, es un surco anárquico en la geografía del lenguaje, un valle donde es posible escuchar canciones a pesar de la cavernosa cavidad de sombras falsarias que reinan.
Oscar Saavedra: Adelanta fragmentos de una obra mayor llamada Doping Histórico. Saavedra las emprende contra el mito colonial de la malinche otorgándole actualidad a la cuestión del mestizaje prostibulario americano. Formalmente el texto lleva al absurdo distanciado la seguidilla de apareamientos y violaciones culturales que originan un continente, una lengua sexual, económica y literaria. América entregada al conquistador es vivificada por el deambular de subjetividades asexuadas e hipersexuadas que posan en las singulares ciudades civilizadas. Cada tránsito, cada calle y cada nombre, son la marca visible de la condición de tierra faenada o "bien putita" como diría el poeta: "Los Alpes sureños, El cosaco Temuco… Los alelíes Cortijo… Los Champs Elysees Pudahuel… Las madonas Viña del Mar… Dehesa / Pintana". En su elaboración de tratado sobre la patria, Doping Histórico, utiliza las fórmulas y lenguajes del arribismo, el disfraz y los nombres de prestigio. Saavedra resiente a un país y un continente atraga8ntado con su fascinación de ser "otro", vestirse otro, maquillarse otro, operarse otro, despacharse otro. La geografía del país corresponde, en este orden militarizado plagado de manifestaciones estéticas, a un sin-sentido luctuoso, mixtura democrática entre la pasarela y la rotonda recién inaugurada. El orden cosmético origina una serie de personajes con una filiación traumática. Las asexuadas Pachas, divinidad y mito, dominan las pulsiones de un ciudadano infantilizado condenado a observar violaciones y a introducirse en el baño termal de las nuevas tendencias, diferencias y tolerancias de mercachifle nacional.
Celebremos hoy esta reunión de textos.
Muchísimas gracias.
Por Eloísa Guerra desde Córdoba, Argentina.
Voces disímiles, gritos y susurros, estructuras alteradas y signos suprimidos: el lenguaje se revela indómito en esta selección de poemas de escritores chilenos, hecha en Perú por la editorial Zignos. A continuación, una breve reseña de los trabajos que la componen.
Marcela Saldaño: La poesía es un signo de resistencia.
Así abre su capítulo dentro de la Antología la poeta Marcela Saldaño. Más que una cita, una declaración de principios que apuntala su obra, que está surcada por imágenes sórdidas ("deslice a tristes animales muertos en mi almohada", "froté mi cuerpo que es en parte flor y en parte carnicería" de Las orquídeas en el fondo tienen veneno) y un inconformismo que molesta, que incomoda al lector anclado en su cómodo sillón. Como bien reza en Ejercicios en torno a los nacimientos: "El desagrado completo por todo lo que me rodea. A mí jamás las cosas me alcanzan Nunca nadie me conforma ni las llamadas los viajes ni la ropa Ni el hombre ni la bestia ni los insectos Ni la amistad ni los muebles ni el dinero Ni el viento ni el sol menos la lluvia y ese pequeño ruido llamado tormento por algunos Es por mí llamado insuficiencia." Un inconformismo que llega a cada grado, a cada rincón de la sociedad. Lo que constituye un motivo de felicidad para el ciudadano medio, en la poesía de Saldaño es causante de un no, de un rechazo insaciable que sólo se cura con más poesía.
Nacida en 1981 en Santiago de Chile, Saldaño ha publicado en el año 2001 Poesía en el espacio, en 2002 Inclinación al deseo y al caos; ha participado de diversas antologías. Este año 2008 ha ganado el premio nacional de poesía Eduardo Anguita. Influenciada por la poesía surrealista chilena y francesa, así como también por García Lorca, Whitman, Pizarnik y Plath, Saldaño sabe jugar con los signos de puntuación (o más bien la falta de ellos) provocando una distorsión en el ángulo de la lectura y por consiguiente una particular manera de abordar su literatura.
"Canto y pienso en la madre y en su hijo encerrados en la muerte", escribe en El valle anarquista. La vida, parece decir Saldaño, es uno de esos asuntos que "otorgan cicatrices."
Oscar Saavedra Villarroel: Estallar en palabras o Se me cayeron los sueños de este país.
Los textos con que colaboró Saavedra Villarroel fueron extraídos de un libro llamado Doping histórico. Son textos que datan de varios años atrás, y que fueron inspirados por "la realidad de los actos", como bien declara el poeta. En ellos se conjuga la experimentación literaria a la manera de los vanguardistas, con una visión política de la realidad chilena y latinoamericana. "¿Qué hacer ahora/ en estos pasadizos de visiones/ extrañas?/ Me ahogo, Mama, me ahogo y dile a Pacha Hombre que no venga Mama, dile que deje que estas visiones sean una denuncia/ conquista de mi propio origen, dile/ que me deje estallar en palabras." Hay en estos versos una denuncia violenta, plagada de ironías e imágenes grotescas, hacia una Latinoamérica europeizada que no reniega de esto, sino que más bien se vanagloria en detestar sus orígenes indígenas. Discusión decimonónica, resemantizada a través de los siglos, pero que aún conserva su frescura: se trata de la famosa dicotomía civilización/ barbarie. "Ama (América) New York, ama Tokio/ porque las luces las exporta de allá,/ si no escucha cómo le recitan a Kerouac al oído,/ la muy Beat, la muy maldita ésta/ Bien Henrymiliana, bien Celiniana, bien Bukowskiana/ Y bien Monroe para sus cosas tiene un vestido rojo menstruación/ que luce en momentos especiales: cuando muestra la silla eléctrica."
Se lee en Saavedra Villarroel una rebeldía (que parece nacer desde las entrañas) contra el mainstream literario, corrompido por la fama y el dinero. "Dolor: sácame esta ansiedad maquiavélica de literatura Fashion./ Dolor: tengo que sacarme la Vedette literaria que me corrompe/ sacarme a esos camaradas bronceados de Mapocho."
Hay asimismo una atmósfera de perversión e impureza, caracterizada por las relaciones incestuosas (secretamente consentidas) de un padre y su hija (léase, por supuesto, relación víctima-victimario en el proceso de conquista y colonización de la América Latina). Esta atmósfera madura a través de los poemas, hasta llegar a un clímax en Y mis camaradas tienen sexo con los conceptos patrios, imagen en la que de por sí intuimos la promiscuidad, la infidelidad, la traición a los ideales de toda una generación de literatos y políticos.
Oscar Saavedra Villarroel nació en Santiago de Chile en 1977. Es Licenciado en Educación, con Mención en Tecnología, por la Universidad Tecnológica Metropolitana de Chile. En 2005 fue becado por la Fundación Pablo Neruda. Ha obtenido diversas menciones y premios en distintos concursos de poesía y ha publicado en numerosas revistas de Latinoamérica.
A través de estos poemas pertenecientes a Doping histórico (título inquietante, en el que el yo lírico parece decirnos: "Yo voy a hablarles de cuán intoxicado está nuestro continente") intuimos la bronca, una bronca ancestral, que hasta el momento sólo parece haber encontrado sosiego en las palabras.
Marcos Arcaya Pizarro: La reescritura hecha carne.
Al abordar los poemas de Arcaya Pizarro nos encontramos con un texto difícil, hermético, inasible. Por un lado, como bien lo confiesa el título (Particular egocéntrico y la luna, reescritura de The Outsider de H. P. Lovecraft) se trata de un inocente juego de reescritura, y por otro, se trata de una intrincada construcción sintáctico-espacio-temporal que descoloca con sólo verla.
3.-TENEBROSO Y MUDO COMO ÁRBOL
7.-SOÑABA Y ESPERABA AÚN CUANDO
8.-NO SÉ QUÉ NO SÉ QUÉ
Primeros versos que nos ubican en la intertextualidad con el cuento de Lovecraft. Recordemos que éste relata en primera persona la historia de un ser fantasmagórico exiliado de los placeres de la vida mundana a causa de su aspecto: perfecta metáfora romántica que alude al yo creador. Un yo torturado que no puede amoldarse a la realidad circundante y sólo encuentra refugio en la oscuridad, en la noche y en la luna. Ese mismo yo lírico es el que encontramos en los textos de Arcaya Pizarro. Básicamente, The Outsider y el Particular egocéntrico son dos albatros, al decir de Baudelaire.
7.-HE DICHO YO VENGO PRONTO Y LA
9.-DESDICHA CONMIGO
5.-NINGÚN INTRUSO VIVIENTE EN ESTA ORILLA
8.-FUI LA LLAGA TOTAL DE MI COMIENZO
"Ningún intruso viviente en esta orilla": advertimos aquí el extrañamiento propio que sufre todo artista frente al mundo. El "egocéntrico", el "outsider", no puede asimilarse a ninguna figura humana porque todas le son desconocidas, atroces. Es así que surge, entre el sufrimiento y el exilio permanente, la individualidad del creador.
Marcos Arcaya Pizarro nació en La Ligua, región de Valparaíso, Chile, en 1979. Es coordinador del Colectivo Lingua Quiltra. Sus escritos han circulado en revistas de toda América Latina y algunos países de Europa. Ha ganado premios y menciones por su poesía en Austria y en Chile.
El fragmento de Particular egocéntrico y la luna, representa un ejemplo de reescritura altamente creativa, digna de ser interpretada biográficamente: "monedas de cobre siempre decorando cada trigo molido/ aunque nunca vientre de mujer supurando/ de tanto joder por el pasillo era nebuloso mis/ hermanos aquel tiempo/ hartos del mar de su distancia se comprende." A través de ella, el autor parece patentizar infancias, ausencias y querencias, siempre desde el extra-ordinario punto de vista del creador.
Alexis Donoso González: Violaciones a lo establecido.
Abre la Antología Anomalías este poeta, que reunió para el volumen poemas de Giro o el lugar que soñaron-masturbaron mis dedos, algunos poemas sueltos y el final, del poemario Verbo robado. Es de notar que cada agrupación de poemas aborda temas diferentes, siempre desde la insolente voz de Donoso González.
En el primer grupo la preocupación principal es la limitación por el lenguaje mismo. "La lengua fuera del frasco/ transgrede sus propios límites." "La lengua fuera del frasco/ y el loco que hay detrás de la escritura nos hace un guiño/ para decirnos que las palabras no son más que orificios en/ el papel." El último verso, aludiendo al vacío que encuentra en las palabras quien lo escarba, lo bucea, lo tantea hasta hacerlo suyo. La precariedad del lenguaje que se puede volver una traición: "De pie en medio de estas alusiones a lo indecible/ presiento que en algún momento estas palabras se/ levantarán de las páginas/ como bestias raras y criminales intentarán matarme." Lo que digas, puede ser usado en tu contra por tu propio lenguaje, parece decirnos el poeta, quien intuye en las palabras la limitación, un estadio en el que las formas-sonidos, en el umbral del pensamiento, no alcanzan a interpretarlo cabalmente.
"Lloran estas palabras desnudas lloran/ por la precariedad que son al fracaso/ en este juego de decirse a sí mismas/ lloran de rabia y de imposibilidad sangran/ se deslizan en el espacio de esta hoja intentando esquivar su/ muerte/ comunican su delirio." Precariedad, rabia, imposibilidad, las palabras se rebelan, se contonean, se deslizan hasta encontrar, exhaustas, su propia muerte.
Los que siguen son dos poemas sueltos (sin poemario al que asignarlos), que contienen una buena dosis cioranesca y nietzscheana de rebelión contra lo establecido. Inclusive la vida. Los valores sociales que estamos acostumbrados a padecer son vapuleados, haciendo exaltación el poeta del pasado ancestral, de lo mestizo, de lo impuro, contraponiéndolo a lo canonizado como correcto. Hay entonces, un cambio de roles: lo que a menudo calificamos de "otredad" deja de ser lo negativo para constituirse en un valor positivo, pasando a ocupar la negatividad lo standarizado, lo que "se debe ser". "A menudo me sueño que soy un delirio bastardo de los/ pueblos/ las razas y las tribus/ que soy desplazamiento de esas razas y sus/ continentes/ que soy enfermedad y medicina de esos/ pueblos en este: el peor de los mundos/ posibles/ que soy resistencia en esas tribus de todo/ lo que aplasta y aprisiona." Hacia el final del poema encontramos la subversión cioranesca contra el nacimiento: "Me sueño que soy todos los fetos arrojados/ a la basura y los que han ido a parar a la/ alcantarilla." Frente al desconcierto, a la desgarradura de la vida, la fantasía con el no-nacimiento, alivia el corazón del poeta.
Alexis Donoso González nació en Santiago de Chile en 1980. Ha publicado textos en numerosas revistas digitales. Lleva adelante desde 2004 la editorial digital Escrituras de la fuga. También ha publicado en revistas de España y Colombia. Es director de la revista digital Fracturas.
Los poemas que inauguran la Antología contienen una buena rabia intrínseca, en estado puro, que nos remite a una víscera ancestral y demoníaca (al estilo del dáimôn griego), a la nervadura próxima, al estado de gracia. "Mentí mentí mentí::: robé robé robé/ hablé hablé hablé/ de puro rabioso nada es/ sólo un poco de rabia perder un poco el miedo el tiempo/ lo inútil hierve como veneno rubí topacio quemantes/ carbones rojos del cerebro/ y no era más que viento/ y hablar vértigos y oírme solo en medio de la ausencia total/ o las violaciones al silencio ejecutadas por lo sonoro."
Marcela Parra Muñoz: Chocando con paredes imaginarias.
El corpus de poemas seleccionado por Parra Muñoz para que integren esta Antología no responde a una temática en particular, sino que más bien parece abordar temas generales que atañen a una escritura por demás personal.
Así, por ejemplo, en el poema Guerra, que abre su sección dentro de Anomalías se puede leer: "Si no dividimos cara/ y cuerpo, cuerpo/ y mente, mente/ y alma, gato/ y porcelana, mundo/ y universo (...) Llegaremos a una apretada masa oscura (la suma de todos los colores) una masa sin temperatura (la ausencia de todos los sabores) un paisaje sin lenguaje ( ) lleno de imágenes latentes que sólo podrían ser reveladas mediante uso de la violencia", donde advertimos una preocupación por las relaciones humanas, en las que la falta de raciocinio y la ausencia de lenguaje (léase el silencio y la falta de expresión) podrían engendrar el uso de la violencia como vaso comunicante.
En Un gesto antiguo e Imposible escribir la simetría, se explora la capacidad de la simetría en el plano metafísico y escriturial. Así, en el primer caso: "Y solíamos así reconocernos/ (documento de invertida simetría)/ reconocemos en un rostro que suplica:/ -no me mires, estoy desfigurado/ no soy yo", donde un espejo (ya sea virtual o físico) devuelve una imagen distorsionada a un alma que ya no se reconoce. En el segundo caso, encontramos el tema de la simetría como excusa para experimentar con la estructura del poema.
Mary la acuchilladora es un homenaje a Mary Richardson (una sufragista inglesa que en 1914 apuñaló la pintura Venus del espejo en la Galería Nacional de Londres) donde atisbamos un coletazo de feminismo, con una declaración tal como: "Y en el fondo un paladar/ un paladar de acero/ contra el aviso luminoso de tiendas/ que querían que fuéramos reinas todas/ vírgenes todas, todas desmayadas."
Marcela Parra Muñoz nació en Temuco, Chile en 1981. Es estudiante de la Licenciatura en Artes en la Universidad de la Playa Ancha de Valparaíso. En el año 2005 fue becada por la Fundación Pablo Neruda. Ha publicado en diversas revistas digitales y soporte papel. En 2007 ganó el premio Enrique Lihn. La selección de poemas publicada en esta Antología pertenece al poemario Silabario, aún inédito.
El último poema, Jueves 20 de octubre de 2005, parece más una anotación de tipo biográfica donde Parra Muñoz apuesta a la renovación: "Hacer de mi cuerpo abono para un cuerpo nuevo", y hacia el final "Porque aprendí a vivir así, como el vuelo de las moscas: dando vueltas circulares, chocando con paredes imaginarias."
Hace tres años y medio cuando edité el primer libro de Zignos soñé con que un día estaría realizando una presentación como esta en algún país hermano, rodeado de poetas que, como yo, insisten en romper las fronteras, ese invento moderno, con el propio poema. Porque el poema es eso, un hermoso puente que nos ubica sobre un escenario donde los muros son insuficientes.
ANOMALÍAS: 5 POETAS CHILENOS es un libro clave en el proceso de construcción de un mapa poético que cada día nos confirma que Latinoamérica tiene en este momento una combustión súper positiva de creadores que gracias a la asimilación de sus crisis están asumiendo un compromiso que trasciende lo literario. Por eso me atrevo a afirmar que los poetas de este libro son poetas que están más allá del prurito especulador del artista bohemio, aquí hay una propuesta, aquí hay un discurso, aquí hay una plataforma sobre la cual Chile mismo se traduce y se interroga.
Entonces no hemos fallado al presentar en formato de libro esta conciencia, porque hay aquí una conciencia, de allí que esta ANOMALÍA es solo el primer libro de una serie que reunirá siempre los trabajos de cinco poetas de diversos lugares de Latinoamérica, nuestra intención es apostar por la consolidación de ese nuevo mapa, de esa nueva cartografía, de ese país imaginario como centro para utilizar una lengua que hable desde lo más oscuro de nuestros fracturados territorios. Pienso que Latinoamérica espera eso de sus poetas, y pienso que este es el momento para, como estos primeros cinco anómalos, los poetas retornen o permanezcan al compromiso de traducir su contexto.
Saludo a los poetas Alexis Donoso, Marcela Saldaño, Oscar Saavedra, Marcela Parra y Marcos Arcaya a quienes he tenido el privilegio de conocer a algunos en Santiago y a otros en Lima, ustedes son los culpables del inicio de unas réplicas, para ponernos en términos sísmicos, que estoy convencido no pararán hasta trascender este epicentro. Gracias por permitirme conocer más de Chile, primero fue Huidobro, De Rokha, Zurita, Berenguer, Héctor Hernández; ahora gracias a estos desplazamientos llamados encuentros o festivales, podemos al fin leer y conocer a otros excelentes poetas. Somos militantes del partido de la poesía (Paul Guillén dixit), demostrémonos que somos capaces de asumir esta reconstrucción que el siglo XXI sin preguntarnos, así debía ser, ha colocado en nuestras lenguas.
Cómplices anómalos, gracias por permitirme compartir este pedazo de tierra con ustedes, desde aquí les dejo mi abrazo, esta copa imaginaria que se levanta y busca sus copas para brindar por esta noche irrepetible.
Salud.
Harold Alva
Lima, 18 de abril de 2008.
LVA (San Bernardo, 1970)Por Paz López

Historia del llanto
Autor: Alan Pauls
Editorial: Anagrama S.A. (España)
125 páginas
Noviembre del 2007
Muchas cosas se han dicho sobre Alan Pauls (Buenos Aires, 1959), pero una, y que según confesión del propio escritor lo hacía muy feliz, era la duda generalizada acerca de su verdadera existencia. A pesar de haber publicado las novelas El pudor del pornógrafo (1987), El coloquio (1990), Wasabi (1994) y los ensayos críticos Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth (1986), Lino Palacio: La infancia de la risa (1995), Cómo se escribe el Diario Íntimo (1996) y El factor Borges (2000), en España se rumoreaba fuertemente que Pauls era un invento de Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán, incluso de Roberto Bolaño, quién en las últimas líneas de una especie de genealogía de sus primeros encuentros con Pauls, escribe: "Es usted uno de los mejores escritores latinoamericanos vivos y somos muy pocos los que disfrutamos con ello y nos damos cuenta". Fue con la publicación de su extensa novela El pasado (2003), ganadora del Premio Herralde de Novela, que Pauls parece haberse asignado un nombre.
En Historia del llanto, su quinta novela, el placer por el dolor y la debilidad que experimenta el protagonista, un niño, y que lo vuelve singular y objeto de orgullo para su padre, tiene sus puntos de expresión en su adicción a Superman, especialmente en los momentos de debilidad cuando vienen hacia él las piedras del mal, el placer por el ardor que le deja en los dedos de las manos una tarde completa en la piscina, la paciencia y atención con que escucha las terribles historias de los adultos, su afición a la literatura política de izquierda del siglo XX. Sólo aquellos que son capaces de vivir en la inmediatez del dolor atraen su atención, porque "la dicha es lo inverosímil por excelencia". Sin embargo, dos acontecimientos fundamentales pondrán en suspenso la eficacia del mundo del dolor: la asistencia a un concierto de un cantautor de protesta y la imagen, vista por televisión, del bombardeo al Palacio de la Moneda en 1973. Esta novela podría ser leída como la confesión dolorosa de algo que la propia tradición del dolor ha vuelto inconfesable, esto es, el cuestionable vínculo de la izquierda con un imaginario sentimental y sufriente que le ha valido, en el último tiempo, su única singularidad y su más pobre rédito.
Muchas cosas se han dicho sobre Alan Pauls (Buenos Aires, 1959), pero una, y que según confesión del propio escritor lo hacía muy feliz, era la duda generalizada acerca de su verdadera existencia. A pesar de haber publicado las novelas El pudor del pornógrafo (1987), El coloquio (1990), Wasabi (1994) y los ensayos críticos Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth (1986), Lino Palacio: La infancia de la risa (1995), Cómo se escribe el Diario Íntimo (1996) y El factor Borges (2000), en España se rumoreaba fuertemente que Pauls era un invento de Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán, incluso de Roberto Bolaño, quién en las últimas líneas de una especie de genealogía de sus primeros encuentros con Pauls, escribe: "Es usted uno de los mejores escritores latinoamericanos vivos y somos muy pocos los que disfrutamos con ello y nos damos cuenta". Fue con la publicación de su extensa novela El pasado (2003), ganadora del Premio Herralde de Novela, que Pauls parece haberse asignado un nombre.
En Historia del llanto, su quinta novela, el placer por el dolor y la debilidad que experimenta el protagonista, un niño, y que lo vuelve singular y objeto de orgullo para su padre, tiene sus puntos de expresión en su adicción a Superman, especialmente en los momentos de debilidad cuando vienen hacia él las piedras del mal, el placer por el ardor que le deja en los dedos de las manos una tarde completa en la piscina, la paciencia y atención con que escucha las terribles historias de los adultos, su afición a la literatura política de izquierda del siglo XX. Sólo aquellos que son capaces de vivir en la inmediatez del dolor atraen su atención, porque "la dicha es lo inverosímil por excelencia". Sin embargo, dos acontecimientos fundamentales pondrán en suspenso la eficacia del mundo del dolor: la asistencia a un concierto de un cantautor de protesta y la imagen, vista por televisión, del bombardeo al Palacio de la Moneda en 1973. Esta novela podría ser leída como la confesión dolorosa de algo que la propia tradición del dolor ha vuelto inconfesable, esto es, el cuestionable vínculo de la izquierda con un imaginario sentimental y sufriente que le ha valido, en el último tiempo, su única singularidad y su más pobre rédito.
Durante Marzo y Abril, muchas actividades acontecen en Philadelphia, debido a que esta ciudad ha sido designada para el "2008 International Fiber simposium and Exhibition". Como parte de este evento, varias galerías y museos exhibirán arte textil de artistas internacionales, nacionales y locales.
En ésta oportunidad la artista visual chilena Jacqueline Unanue estará presente en la exposición colectiva de artistas de Philadelphia en la galleria Da Vinci Art Alliance, donde se mostrarán algunas de sus obras textiles. Adjuntamos imagenes y más detalles de lo que será su exposición.
http://www.inliquid.com/artist/unanue_jacqueline/unanue.php
Exposición: FIBER ARTISTS: PHILADELPHIA,#5 An exhibition of texture and technique.
Curadora: K. Pannepacker
Fecha: 5 al 30 de Marzo, 2008
Recepción inaugural: Domingo 9 de Marzo, de 1 a 5 pm.
Lugar: DA VINCI ART ALLIANCE GALLERY Dirección: 704 Catharine Street, Philadelphia, PA 19147 Fono: 215 829-0466 / www.davinciartalliance.org
Horarios galería: Miércoles de 6 a 8 pm. Sábados y Domingos de 1 a 5 pm.
POR César Eugenio Vásquez López
Nietzsche en un fragmento poético, onírico y más aún: de hondura filosófica; cavila y esboza su peculiar intuición del Eterno Retorno. Por ende, el alma intuitiva de Nietzsche, derrama su abisal pensamiento. Su caótico espíritu germina en un cántico. En una existencial pesadumbre.
En este breve texto:"La Carga Más Pesada", del libro: Gaya Ciencia; Nietzsche describe su singular cognomento sobre el retorno de todo de los enigmas. El Eterno Retorno emerge entonces de las profundidades de Nietzsche como un rayo del infinito. Es un temblor que lo remece desde sus raíces; es una sombra que no lo abandona. Empero, abandonado al fulgor de sus ideas, Nietzsche en un dialogo consigo mismo, irrumpe desde los abismos del pensar y declama: "Vamos a suponer que cierto día o cierta noche un demonio se introdujera furtivamente en la soledad más profunda y te dijera:/Esta vida tal como tú la vives y las has vivido tendrás que vivirla todavía otra vez y aún innumerables veces; y se te repetirá cada dolor, cada placer y cada pensamiento, cada suspiro y todo lo indeciblemente grande y pequeño de la vida/". No obstante, ¿Quién es aquel demonio que atormenta a Nietzsche, o al hombre acongojado por la revelación del Eterno Retorno? Nietzsche no descifra el misterio. Deambula si, sumido en sus reflexiones. Analizo: aquel demonio pudiera ser la aparición de un ente metafísico. O quizá, el desconocido y oscuro horizonte que subyace en las honduras de Nietzsche. O también, un demonio literario. Un delirar místico... Un ser irreal que configura la perpleja existencia del hombre..
Cabe consignar, este demonio avizora que el hombre tiembla ante la complejidad de que el mundo fuera un eterno retornar. Pero, ¿qué asidero tendría la existencia del hombre?. ¿Por qué aquel demonio brota como llamarada en la conciencia de Nietzsche? ¿Qué luz iluminó a Nietzsche cuando transcribe estos pensamientos? Evidente es, aquel demonio conoce el desgarrador sino del hombre. Su fugaz deambular por la tierra. Al parecer, este demonio sería la antítesis del divagar religioso. Un ser meramente conceptual. Un tronar en el alma del hombre. Además, nos revela que el arcano del hombre es un sempiterno oscilar. Todo la historia del hombre se repite en un infinito devenir. El calvario del hombre sería estar inmerso en la vorágine de la naturaleza. Abandonado a su soledad. A la inmensidad del cosmos. Esclarezco: a la desaparición de Dios.
¿Nietzsche: sustituye a Dios por la salvaje sabiduría de aquel demonio? ¿Será este demonio el principio filosófico de una teoría Nietzscheana? ¿Tal vez este demonio sea el aniquilador de la metafísica? Para Nietzsche, este demonio representa el calvario del hombre. Conjeturo: la cruz en donde el hombre cae en pedazos al más obscuro de los enigmas.
Al adentrarnos en estos ditirambos de Nietzsche, encontraremos como él va explanando una teoría casi mecánica del universo: "además todo se repetirá en el mismo orden y sucesión... Y hasta esta araña y este claro de luna entre los árboles y lo mismo este instante y yo mismo"... Barrunto: ¿Qué fenómeno se suscita para que todo siempre se repita? ¿Cómo está conformado el mundo para que lo tengamos que pensar así? Este Eterno Retorno ¿lo mueve todo desde lo intangible? ¿O es la condición abismal de la materia? ¿Es el Eterno Retorno el naciente Dios? Repienso: ¿nunca hubo esencias? ¿Solo la realidad del tiempo, que se manifiesta como Eterno Retorno?
¿Por qué Nietzsche insinúa tener la lucidez y la certeza espiritual del eterno retornar? ¿Tiene la materia la divina capacidad de regenerarse y repetirse en una misma forma o figura?. ¿Si no como explicar cuando Nietzsche subraya el suceso de la araña y del resplandor de la luna sobre el follaje de los arboles? Sin embargo, su voz es de mayor hondura cuando dilucida el vocablo "y yo mismo". A saber, al retornar todo lo existente debemos escindir el retorno del hombre, de la materia. Al respecto, lo que retornaría en Nietzsche ¿sería su espíritu?.. ¿Por eso Nietzsche tiene conciencia del incesante devenir? ¡Que complejidad discernir sobre el ancestral destino del hombre! Aquel sino regido por el perpetuo oscilar del Eterno Retorno.
Nietzsche añade: "El eterno reloj de arena de la existencia dará la vuelta siempre de nuevo, y tú con él corpúsculo de polvo" Aludo, el hombre ya no es un ser creado, sino creatura arrojada a la infinita nada. Una diminuta partícula que surgió de inmemoriales tiempos. Eventualmente, si para el hombre hubo un comienzo, y este origen fue el Eterno Retorno, Nietzsche aquí no lo pregona. Tampoco, si el hombre es un átomo más, en el sin principio ni fin del Eterno Retorno.
Nietzsche en un lenguaje taciturno: en una parábola de fuego, declama el arcano del hombre. Acoto, en una dionisíaca simbología, sentencia al hombre como una semilla del Eterno Retorno. Esgrimo: como un corpúsculo de polvo que se diluye en su propia aflicción y en su efímera existencia.
Al menos, el hombre eternamente retorna. Y he ahí su grandeza filosófica; su religioso verbo: no sucumbir a la incertidumbre de la vida. Valoro: el Eterno Retorno le hará vivenciar perenne todas las vicisitudes de la experiencia humana. El hombre se repite históricamente, y con él toda su cultura... Infinitas veces el mismo Crucificado en aquella simbólica Cruz. ¡Que paradoja! ¿Las civilizaciones son tan solo arquetipos, que resplandecen fugazmente en un Eterno Retorno?
Al seguir escudriñando en las hondonadas de este párrafo, avizoramos como Nietzsche clama su pensar nocturnal, desde lo más recóndito de su peculiar espíritu. Es un colosal dialogo con este hermético demonio. De momento, esta aparición fantasmal; esta revelación sobrenatural transfigura a Nietzsche. Lo arroja a lo desconocido. Lo eleva a lo inmensurable. Reflexiono: lo transforma en el hombre que tiene una ingente visión cosmogónica. A Nietzsche, un relámpago lo alumbró. ¿Quién antes escucho semejante voz demoníaca? Exclamo: ¿Buda, Heraclito, Platón, Jesús?
Cabe señalar, que las interrogantes sobre el origen de este demonio no tienen un trasfondo Metafisico-Cristiano. En definitiva, este demonio no representa el mal ontológico. Con todo, es la irrupción de una nueva alborada del pensamiento. Acoto, es la caída del hombre a las simas de sí mismo. Nietzsche, comienza aquí en el texto: "La Carga Más Pesada", a peregrinar por el albor de su dilucidar más complexo. Eso sí, apenas esboza en estos fragmentos su teoría del Eterno Retorno. Con posterioridad, esta idea existencial la retoma en la tercera parte de su Zaratustra. Añado: además, ahondará en tal pensamiento del retorno, en sus escritos inéditos y en algunos legajos, que podemos encontrar en su libro póstumo "La Voluntad de Poder".
Estas ideas conceptuales que remecen el alma de Nietzsche, aparecen para mostrar un nuevo sendero en el deambular del hombre. Constituyen la piedra angular del nuevo filosofar, sin el asidero que otorgaba la creencia en el Ente: En aquel Uno Primordial. Ahora, el hombre es el poeta extraviado en el decurso de la historia. El melancólico habitante que escucha en el palpitar de su corazón y en el torrente de su sangre, el clamor de aquel demonio que presagia el Eterno Retorno.
De súbito Nietzsche sigue exponiendo su dialogo luciferino con tal demonio: "O puede que hayas tenido alguna vez la vivencia de un instante prodigioso en el que responderías: /¡tú eres un dios y nunca oí nada más divino!/ Si aquel pensamiento llegase a apoderarse de ti, te transformaría como tú eres y acaso te aplastaría. En todo tu obrar, a cada cosa y a cada paso, se impondría como la carga más pesada la pregunta: /¿quieres que se repita esto otra vez y aun innumerables veces?/". En un murmullo pleno de congojas Nietzsche va decantando sus ideas del retorno. No es la plegaria del hombre desamparado de sus mitos y creencias religiosas. Es el himno del solitario. La profecía del que ha sido iluminado por la verdad más radical. Al elucidar este trozo escrito por Nietzsche, podemos musitar que ya no es una tragedia el retornar eternamente. El espíritu creador del hombre, le permitiría soslayar todo el dolor y la miseria humana. ¿Acaso sería un calvario para Mozart o Beethoven componer sempiternamente su inefable música? ¿Por qué no suponer que lo exiguo de la existencia humana es el primigenio acto poético del Eterno Retorno? ¿Por qué no reflexionar que esta percepción del Eterno Retorno, tan solo subyace y emana, como una imperceptible señal o signo en el subconsciente del hombre? Supongamos que este demonio que le murmura a Nietzsche, tuviera una visión estética del universo. Entonces, ¿la revelación del Eterno Retorno sería la génesis antitética de los valores míticos del hombre?
Nunca en este relato, se explica si el Eterno Retorno solo se realiza en el mundo fenoménico; o si hay un orbe intangible paralelo al nuestro, en el cual también transcurre este mismo suceso. Es decir, si el Eterno Retorno se realiza en un acaecer temporal; o si tiene un origen óntico.
Este demonio que habita en las entrañas de Nietzsche, no tiene reminiscencias presocráticas. No se conmovió con la ideas arquetípicas del Timeo de Platón. No conjuga con la luminosidad de San Agustín y Tomás de Aquino. No se inspiró en la antinomias Kantianas. En fin, no es Hegeliano. Describo: este demonio es el colosal filósofo que no sucumbe ante la pavorosa realidad de visualizar y concebir el mundo como un Eterno Retorno... Certidumbre, que antes no fue concebida por el pensamiento filosófico. Argumento: este demonio que le susurra a Nietzsche, escrutó huellas más insondables que el devenir de Heraclito.
¡Que dantesca imagen del mundo! Imaginar por ejemplo, a un supremo Ser que concibe al mundo como un eternal fluir. ¡O como aprehender esta sentencia de aquel silente demonio, qué habló un día a Nietzsche! "¿Quieres que se repita esto otra vez y aun innumerables veces?". Concluyo: ¿Qué se repitan todos los holocaustos? ¿Cuál imperecedera la resurrección del Hijo?. Por último: quién extravió el camino del relumbrar meditativo?.. ¿Aquel demonio, Nietzsche, o el hombre?
¿ En este relato: "La Carga Más Pesada" del libro: Gaya Ciencia, Nietzsche inicia la alegoría del Eterno Retorno. Asume su sapiencia. Y espera en silencio, que otra vez, este demonio le murmure inéditos augurios. En efecto, un original dialogo entre Nietzsche y este genial demonio, surgirá en la tercera parte del Zaratustra. Un Nietzsche más lírico; y un demonio más profundo, hablarán nuevamente sobre el Eterno Retorno.
Por Sergio Manganelli
A la memoria de Dante Pistoia,
un buen tipo que se nos fue hacia la luz
por uno de esos atajos caprichosos de la vida.
Un día cualquiera, cuando menos se piensa, Casiopea se nos va de la vista y comprendemos de golpe que la vida es lo único vitalicio. Esperamos que el árbitro conceda algún tiempo adicionado, o que el destino nos libre un giro en descubierto, al menos de unas horas, para poder dejar nuestras cuentas en orden. No las formales, las sumas y las restas, la multiplicación de frases nunca dichas, o la división de los bienes tangibles. Digo las otras. Los débitos de la satisfacción. Nuestro saldo de instantes que nos siguen. Los guarismos pendientes de la duda. Lo cierto es que no siempre queda tiempo. Por ello, sería oportuno repasar cada tanto el equipaje.
En primer lugar, es menester despojarnos de aquello que nos pesa. La levedad del viaje exige poco lastre. Dejar en tierra los arcones de miedos. Las madejas de culpas infundadas. El ancla ineludible de los desamores. Y ordenar sin exceso de prolijidad lo que palpita, aquello que nos sirve, que nos hace disfrutar de la estadía. Con la sola previsión de no olvidarnos nada. El orden de inventario no debe respetar ninguna forma razonable. No hay restricciones aduaneras, por tanto, todo se permite, incluso aquellas cosas alejadas de la moral terrestre y las buenas costumbres ciudadanas.
Se admiten puestas de sol sobre cualquier lugar del Río de la Plata. Fotografías que nos muestren tal cual fuimos. Aromas de comida en las ventanas. Instantes de victoria. Las primeras preguntas debajo de la ropa. Las ropas del inicio deslizadas a primera vista. Poemas esenciales. Cuadernos de primer grado. Albumes de figuritas. Discos de vinilo. Sabor de primer beso, inaugural o el último. El gol de Maradona a los ingleses. La mirada furtiva que se perdió en el subte.
El mate amargo desde manos dulces. Los labios dulces en la hora amarga. Las calles de la infancia, empedradas de enigmas y pochoclo. El olor a frutales de su cuerpo. El vaho del café, sobre la barra helada del invierno.
El regreso sangrado a ese pobre país llamado democracia. El llanto de los pibes cuando nacen. La piña justiciera. Los ojos verdes, azules o castaños, o negros, o a duras penas vislumbrados. Los amores fugaces que perduran por siempre. Los eternos amores que duran lo que un turno de hotel. La ceremonia al fuego del asado. El olor a jazmines en la ventana que te enciende la luz. El galope en la arena mordido por las olas. La frase que culmina el libro y la ávida fogata. Los reencuentros. Los diez centavos de caramelos. La orden de extradición a Pinochet. Sombra de los sauces. La siesta del domingo. La sonrisa a quemarropa. Los juegos previos. La alquimia del amor, sus polvos mágicos. El beaujolais de a sorbos. El golpe de la lluvia en las ventanas. El pitazo de marcha del tren que nos vuelve a lo nuestro. Medialunas calientes. Fuegos azules de los campamentos.
El timbre de recreo. Los primeros pasos del hijo que se atreve al mundo. El “Himno a la Alegría”. La bolita lechera ganada mano a mano. La boya que se hunde con el pique. El temblor en la voz del águila guerrera, que audaz se eleva desde el llano, en un vuelo que ojalá sea triunfal. El cuatro en el examen. La humedad tibia de la palma de su mano. El baldío de enfrente, cuartel general de la inocencia. Agua de naranjales hecha brisa. El poema 15 de Neruda como antesala de su dormitorio. La luz de un bandoneón, exaltado de gloria suburbana. Los soldaditos que no matan a nadie, en batallas donde todo es honor, valor, justicia.
Y una lista imperfecta y enorme, que debiéramos haber guardado en una cesta, a temperatura ambiente, lejos del tizne y de la amnesia.
Cada uno sentirá lo que le falta, cada cual sabrá lo que le abunda. Pero a decir verdad, esta no debe ser tarea de notarios, metódica, eficaz, indubitada. Es apenas un recuento sensible de las horas, una búsqueda de aquello que olvidamos, una expresión de deseos que aún perduran.
Bueno sería al fin ganarnos la confianza de nuestro propio corazón, y así, café por medio, decirle cara a cara sus aciertos, alentarlo a seguir, en la cornisa.
Hagamos finalmente una nómina de aquello que no llega –y que quizás no llegue- pero sin apatía, sin esa forma de domarse el alma que es la resignación, y dejemos que la magia haga de las suyas. Mientras nosotros hacemos de las nuestras, hasta el último día.
Puede que una mañana, hallemos con sorpresa que Melchor, Gaspar y Baltasar en verdad existían, y que nos han dejado todos nuestros anhelos, en los zapatos que ya no volveremos a ponernos.
Sobre Rehenes del tiempo (2007) de Walter Curonisy
Por
Héctor Hernández Montecinos
Las inclusiones y exclusiones son un tema frecuente en lo que ha sido denominado como la historia de la literatura, desde siempre hasta siempre. Autores, libros, poéticas, encuentros que han sido, o querido ser, silenciados desde las más diversas fuerzas, tanto literarias, morales, económicas, sociales, etc. No se sabe lo que es estar adentro o afuera de algo, el poeta está siempre afuera, desde las convenciones morales hasta de los lugares del poder político; hay excepciones lamentables. Estar adentro implica aceptar una historización de la escritura y desde allí articularse como autor. Todo este exordio es el contexto para presentar a un autor peruano que por edad pertenecería a la generación del 60, pero por su obra y su espectral presencia se ha desencasillado de tales rótulos; es más, podríamos decir que la obra múltiple de este poeta lo hace pertenecer a todas las generaciones y tradiciones literarias.
Walter Curonisy (Lima, 1940) acaba de presentar su obra poética de toda una vida, Rehenes del tiempo, en la cual se reúnen todos los libros que el autor ha mantenido en un estoico secreto por más de un cuarto de siglo. En esta hermosa edición proyectada por el autor bajo el sigiloso cuidado de Elvira Roca Rey, se nos abre un imaginario desbordante, irónico, místico y de una sagacidad en el uso y abuso de la palabra que otros autores próximos a su edad ni siquiera pensaron en abordar. Mircea Eliade, Nietzsche, Jesucristo, Marx, Buson, Catulo, Melville, Pessoa, Cervantes son personajes de esta gran novela poética que deambula por Perú, Portugal, España, Japón, Israel, entre muchísimos lugares más. Desesperadamente nómade y trashumante esta poesía no se calla y se impone ante cualquier normatividad, tanto las de ayer, las de hoy e incluso las que vendrán porque a ciencia cierta Curonisy es un vidente ciego.
Desde cada uno de sus poemas el tiempo ha sido abolido y los únicos rehenes son los mismos textos, pero no rehenes del tiempo sino que del movimiento que este libro impele. Entre el autor y el lector puro movimiento. Entre el ojo y la mano puro movimiento. Entre la portada y la contraportada puro movimiento. Sin duda, este libro que ha permanecido más de dos décadas en los estantes del autor, hoy se nos presenta como una revelación, como un testigo presencial de los grandes momentos de la literatura como materialidad, como síntoma y como hiperlectura. Rehenes del tiempo es uno de los tesoros que la poesía peruana contemporánea tenía reservado para este momento
Por otro lado, Walter Curonisy que fue uno de los pioneros en el teatro, la televisión y el cine en Perú, es uno de los poetas que suele llamarse místicos, porque desde su voluntario silencio ha creado una idea de Dios Poético por donde deambula su órbita de autores tan importantes como Allen Ginsberg, quien fue amigo de Curonisy durante su estadía en Lima en los años 60, a tal punto que los versos finales de su Reality sandwiches son la constatacion de una fraternidad poética que el Curonisy ha sabido construir y mantener con otros autores como Carlos Germán Belli, Cronwell Jara, Ricardo González Vigil, Luis Eduardo García, Santiago Aguilar y poetas jóvenes que ven en él a una parte entrañable del siglo 20 peruano.
Rehenes del tiempo es un libro a todas luces sorprendente por su multiplicidad de registros, de voces, de máscaras que dialogan, susurran, gritan y enmudecen al mismo tiempo. La construcción de los poemas está tan brillantemente efectuada que la voluminosidad del libro se anula como cantidad, y por tal, quizá esta gran obra tenga el peligro de ser silenciada, pero para cualquier buen lector no se debiera pasar la oportunidad de escarbar en este tesoro poético que se inaugura frente a nuestros ojos. Walter Curonisy y quienes hicieron posibles la existencia de este libro le han hecho un favor inmenso a la literatura peruana y latinoamericana. Un grandioso libro de un autor que ha optado por su digno silencio, su autoexilio en Huanchaco y su oficio de escritor, artífice y mago.
POR EDUARDO FARIÑA POVEDA
A casi 4 años de la desaparición de Bolaño, hemos asistido a la confirmación radical del espacio ganado por su obra en cualquiera de los accidentes geográficos de la lengua castellana. Opiniones sobre su obra y lo que genera en muchos lectores hemos escuchado reiteradamente. Ahora es en Estados Unidos donde comienza a escucharse una estridencia barroca que sacude las publicaciones y suplementos más destacados del país del norte. Ahora sí que hay Bolaño para rato, lo que se decía en Francia, Italia y Alemania se esta diciendo allí. Un país que dedica el 0,5% de lo que publica a literaturas de habla no inglesa.
VER MÁS AQUÍ: http://www.lacajanocturna.blogspot.com/
O existir desde la carencia.
POR ELENA FUENTES
Das leben der anderen. Dirección: Florian Henckel-Donnersmarck. Con Ulrich Mühe (Capitán Gerd Wiesler), Sebastian Koch (George Dreyman), Martina Gredeck (Christa María). Alemania. 2006.
"Una noche de luna azul de septiembre
en silencio bajo un ciruelo
abracé a mi pálido amor
como si de un sueño se tratase.
Sobre nosotros en los cielos de verano,
había una nube que llamó mi atención,
era blanca y estaba tan alta,
cuando miré hacia arriba ya no estaba"
Recuerdo de Marie A. Bertolt Brecht
Año 1984. República Democrática Alemana (RDA), o Alemania Oriental. El capitán Gerd Weisler, miembro de
Lo primero que sabemos de Weisler, es su sombra de perversidad, torturar sin golpes, para comprobar la trayectoria del comportamiento de un sujeto que transgredió una norma, así, obtiene la certeza de la culpa de un otro. En el nuevo escenario también se nos aproxima el silencio y la quietud, su rostro, su cuerpo delata frialdad, es otra vez lo mismo, otra partida. Pero lo que antes era un presentimiento, o una expectativa, desde el otro lado (el lado nuestro), se dispara como una transformación concreta en el comportamiento de este sujeto: quiere saber más de la vida de George y Christa María, quiere sus libros, quiere tocar su cama, quiere sufrir del arte y vivir del arte, para él son sólo atisbos, vive de la imposibilidad de crear y producir lo bello.
Si él espía, es porque el círculo de este escritor es peligroso, la denuncia de un régimen dictatorial, que pueda hacerse público, la caída y fracaso de la utopía socialista en manos de artistas, que a duras penas no se suicidan por no poder ejercer su arte (y de eso se trata: poder crear o morir, crear lo correcto y morir simbólicamente con gritos implosivos).
Weisler da un vuelco, y está de parte de lo incorrecto, de lo que pueda aparecer como lo más verdadero. No escribe la realidad de los informes, y quiere vivir a cada paso, en cada turno de vigilancia, lo que ellos tienen: en el suelo de la oficina donde está todo el aparataje especializado, dibuja un mapa de la casa de la pareja observada, se entiende como necesario, pero lo encontramos ensimismado quizás en la habitación, en la sala tal vez, intentando asir tan solo un mísero instante el momento de los otros… roba un libro de Brecht y él quiere amar también… a una prostituta le pide que se quede más rato y abraza sus senos como para intentar capturar el escape de una compañía que anule su soledad, que extinga la certeza de la vida que no tiene.
Christa María tiene sexo con el Ministro Hempf, el encargado de la cultura, para poder ser actriz. Weisler apreta el timbre de la casa (desde sus controles) para que George sepa la verdad (“hora de saber…”), le otorga el poder de saber lo imposible. El padecimiento de la pareja es concreto. Y en aquel giro conciente y emocional, nuestro espía quiere también ahora que este amor tan grande y maravilloso que descubrió (y de gran alcance, pues le permite vivir distinto) no se termine. Ahora también tiene el poder de re-crear la belleza, de ajustar las verdades y las posibilidades de existencia dentro de este mundo autoritario que también lo hace padecer a él, pero ahora es distinto, ahora por lo menos, tiene esquirlas de amor, de dolor, de ese extraño sentimiento de lo bello.
A partir de Síncopes (2° ed. México DF: Literal, 2007) de Alan Mills
Por Héctor Hernández Montecinos
Quizá sean todos los fracasos de nuestras historias latinoamericanas, las hambres, las dictaduras de izquierda o derecha, la ignorancia, el Estado, la televisión, la pésima distribución de las riquezas, las fobias sin excepción, la delincuencia, todo esto sumado, multiplicado, restado y dividido lo que ha dado un contexto catastrófico en las sociedades civiles para que en tan distintos países estén apareciendo poetas jóvenes con obras tan radicales, duras, sucias, terribles, conmovedoras, poderosas, honestas, arriesgadas, sinceras y sobretodo escritas sin el menor miedo.
Estos poetas se vislumbran como anómalos en sus tradiciones respectivas, y por tal se ha intentado un silenciamiento desde las academias y las posiciones más rígidas de los establishments locales, sin embargo estos contextos nómades y aciagos han resultado ser el escenario de una guerra simbólica que la poesía como género en extinción ha podido vislumbrar como un momento singular en la materialidad misma de las escrituras de hoy.
El fin de la poesía deviene su propia autorreflexión y la búsqueda incesante de sus propias posibilidades, de allí que hablar de su término no sea más que una metáfora para nombrar sus laberínticas entradas y salidas. La muerte no es fin sino pura conversión, eso ya lo sabe el autor que no ha desaparecido jamás sino que sólo se ha desplazado de ser un nombre a una función dentro de la escritura. Ficción, ficción y ficción hasta el agotamiento, esa pareciera ser la coordenada mutante de lo que se está escribiendo ahora. La ficción hace aparecer una desaparición, y por tal toda obra es ficción en el sentido de que la escritura es el trazo de lo que no volverá a ser lo mismo. La ficción es más real que la vida porque no se queda ni un momento en paz. No camina, sino que vuela, no habla sino que susurra gritos que nadie escucha pero todos saben que existen, porque la poesía por tal ha triunfado, aún es la voz de los muertos, aún es un habla desconocida que el mercado no ha podido comprar, aún la lengua poética no es madre ni padre, a lo sumo hermana, hermana muerta de un niño que todavía no nace.
Síncopes de Alan Mills (Ciudad de Guatemala, 1979) es una de esas voces que desde lo más oscuro de la realidad deambula por las ruinas de cualquier ciudad, pues todo el occidente está en ruinas y ese es su esplendor. Mills lo sabe y por tal las hace brillar con un lenguaje descarnado, desolador, emotivo y desafiante. Este libro si algo expele es vida, entendiéndola en el peor sentido que pueda tenerse de ella, es decir una no muerte, y desde esa agonía empírica que se enmarca en la catástrofe global es que la radicalidad de estos textos pasa por el simple hecho de cerrar los ojos, estirar la mano y dejar que el lápiz hable toda la noche y el autor sólo recuerde esa noche en vela que es el poema.
Síncopes es sin duda este largo insomnio donde las voces se montan unas con otras y a la vez nadie, pero todos hablan. Es el reino de los muertos, y sus voces sumadas son la luz de una cotidianeidad que de tan próxima es aterradora y fugaz. Mills escribe con sangre una pesadilla colectiva que todos hemos permitido, y quizá, hemos deseado, pero al poder contemplarla como texto se nos convierte en una crónica fantástica del día a día. Pliegues de cuerpos, deseos proliferantes, territorios que huyen, y una discursividad clínica que parodiza al lector figurizándolo como madre, hermana, doctor, amigo, pues tal vez esta invención metafórica del lector sea la mayor penetración que un poema pueda llevar a cabo. Nada se construye en el papel, pero sí en las nuevas formas de cómo leer, de cómo entender lo que se lee o dejar de entenderlo.
Síncopes es parte de estas nuevas escrituras que ponen cortapisas a ese lector burgués que acumula sentidos detrás de cada palabra y que buscan en los versos preguntas que hacer a la sociedad. Este libro se ríe de eso y le da la espalda a los ojos que lo leen, él discurre, habla consigo mismo, se burla, insulta, llora, se va y vuelve y todo y nada ha cambiado de lugar. Los Megatemplos aparecen y desaparecen en un zapping vertiginoso, la página en blanco es una gran pantalla donde vemos ficcionalizada la ficción y es lo más próximo a una realidad, a una crónica fuera del tiempo, a una carta de amor.
Síncopes es una carta de amor, sí, para nadie, escrita desde la muerte, desde donde todos pueden hablar y no hay jerarquías. Un amor a lo fugitivo, a lo que se desliza por entre los cuerpos, los lugares y los intersticios de las lenguas, las jergas, los coloquialismos y las más bellas malas palabras e incorrecciones del idioma. Alan Mills ha escrito una obra poderosa, iluminadora y peligrosa, porque ya en esta escritura no hay objeto sujeto ni dialécticas, sino que un coro siniestro que habla desde el más allá sobre un presente que para nosotros lectores es pasado y futuro a la vez. Como bien señala Raúl Zurita en la reseña que acompaña al libro, al lado de la gran poesía están las más terribles pesadillas renovadas, desde el mercado hasta la moral, y por ese hecho innegable es que Síncopes de Alan Mills es un ‘testamento futuro’ de la poesía latinoamericana, una perla negra y un triunfo, porque es la comprobación de una esperanza, un sueño que a todos nos concierne y que vemos crecer en Latinoamérica como una promesa que nunca nos hicimos pero que sí estamos viviendo.
SOBRE LO POSIBLE Y LO IMPOSIBLE EN UNAS RATAS DE BOLAÑO:
PEPE EL TIRA COMO SUBALTERNIDAD CRÍTICA
Por Marcos Arcaya Pizarro
Escrito presentado como ponencia en la Universidad Nacional de Educación Enríque Guzmán y Valle. La Cantuta, Perú, el 23 de octubre de 2007.
El propósito de estos átomos de presentimiento, es reflexionar en torno a Pepe el tira entendido como sujeto subalterno crítico, rescatando algunas de sus particularidades en el marco de la narración El policía de las ratas. De esta manera, daremos cuenta de algunas observaciones generales sobre las enfoques de las teorías críticas, en relación a perspectivas postcoloniales. Haremos uso como referentes principales, de algunos escritos de Ranajit Guha y del ensayo Sade o la imposibilidad de Leopoldo María Panero.
Entendemos la escritura de Bolaño como una gran obra, un entramado complejo de citas sobre citas, intertextos, metatextos, circuitos de intensidades, túneles de ratas, líneas de fuga(1), donde un intento de visión totalizante sobre ella, por lo demás imposible, viene a contradecir en principio la obsesión del autor, plasmada en sus dichos y en el marco de sus escritos, por personajes sin pertenencia, errabundos, proyectos inacabados y sus relaciones en tensión respecto a la tradición cultural y literaria, respecto a las historias oficiales, al academicismo y lo político tradicional, en tanto quehaceres manados desde los intereses de las hegemonías.
Piénsese, en las páginas de Bolaño, la figura del poeta menor, del detective, del policía (de Pepe el tira en este caso) movido por un afán indagativo, en devenir por los intersticios, en las orillas o en las madrigueras, en los túneles ramificados por estos roedores dentro de las alcantarillas, si se quiere, como expresión de una subalternidad crítica.
Mundos narrativos múltiples, donde se mueven personajes cuyo sino es la extranjería, más allá de cualquier referencia geográfica o temporal; extranjería cargada a un tiempo, como condena y como única llave posible a lugares vividos con mayor lucidez, pero no más felices ni menos intrincados. Vale en este punto una primera cita al policía de las ratas:
"Y a mí me llaman Pepe el Tira porque soy, precisamente, policía, un oficio como cualquier otro pero que pocos están dispuestos a ejercer. Si cuando entré en la policía hubiera sabido lo que hoy sé, yo tampoco estaría dispuesto a ejercerlo". (Bolaño, pp. 53-54)
LAS SUBALTERNIDADES CRÍTICAS COMO FORMAS DE LECTURA
Más allá de su momento de gloria, el proyecto intelectual de los análisis postcoloniales sigue vigente, en problemáticas que trascienden la mera historiografía, entendido el vínculo de ésta con aquella parte interesada que sostiene y fortalece el "estatismo", comprendido como ideología "que autoriza que los valores dominantes del estado determinen el criterio de lo que es histórico"(Guha, 2002,).
El papel del descentramiento, de la redistribución del poder, es la base y motor del desarrollo del grupo de Estudios Subalternos surgido en la India en 1982 -cuyas figuras fundacionales fueron Ranajit Guha , Edward Said y Homi Bhabha-, y de aquellas profanaciones que vinieron a llamarse perspectivas postcoloniales y teorías críticas (plurales desde su base), entendidas como proyecto político deconstructivista.
Se muestra su pertinencia en tanto persiste la necesidad de descentrar los preceptos heredados, las continuidades de sentido percibidas como inmóviles, ya no sólo del eurocentrismo, sino de cualquier dispositivo de poder hegemónico que dicta y sostiene una norma sin revisión analítica sobre ella.
Es el mismo Ranajit Guha quien se refiere a estas perspectivas como profanaciones que vuelven a textualizar los discursos, permitiendo su retorno al lugar en la historia (1999, p. 50), pero no sólo es el trabajo de rescate de textos ocultos, olvidados o poco conocidos, sino también la relectura de los textos canónicos y la incorporación de fuentes antes simplemente ignoradas como objetos válidos de reflexión, entre ellas, estampitas de santos, graffiti, recados, anuncios comerciales, inodoros, etc.
En lo fundamental, se trata de nuevas formas de leer los discursos, nuevas en tanto cada uno de los acercamientos promueve el desplazamiento de los significantes y la sospecha. Se trata de resemantizar "la realidad" entendida como tejido complejo, se trata de leer desde una forma de pensamiento que subvierte la lógica jerárquica centro/periferia, de sobrevuelo, de dominio y su apariencia de inmovilidad; lógica, las más de las veces, reproducida en términos precognitivos por las mismas subalternidades.
Se descarta de plano, según nuestra perspectiva, la manida separación entre teoría y política(2), puesto que la subversión comprende la disolución de sus límites; se sobreentiende el valor político que subyace en cada gesto del subalterno, desde una manera de moverse, de vestirse, hasta la lectura entendida como reescritura que se piensa a sí misma (Olea, p.153). Todo ello legítimo de ser objeto de estudio, en tanto representaciones problemáticas en relación con la otredad, lejos ya, de las dicotomías simplistas entre lo popular y lo culto, entre lo espurio y lo puro, polaridades muchas veces esencializadas desde los mismos pensadores que han venido a cuestionarlas o, sobre todo, desde las lecturas que se han hecho de su pensamiento.
En lo concerniente a estas formas de leer, resulta pertinente Jacques Derrida cuando comenta sobre la deconstrucción:
"Se trata, entonces, de una estrategia radicalmente política: desplazar y reelaborar lo que siempre ha sido minorizado, oprimido, reprimido, despreciado, dominado; mostrar que aquello que es dominado desborda y constituye lo que domina." (1977, p.20)
En ningún caso un situarse afuera en términos convencionales, sino un conocer los fundamentos sobre lo cual se habla desde dentro, "del modo más fiel, más interior, pero al mismo tiempo, desde un cierto afuera incalificable"(p. 20). Sería precisamente este (no)lugar, esta ajenidad al interior, y no otra cosa, la que permitiría entonces a quien elabora discurso (al outsider), percatarse del funcionamiento de las estructuras, desde el mismo momento que toma conciencia, en mayor o menor medida, de un estatus distinto de las centralidades, por lo menos de manera provisoria y a nivel de una cierta microscopía. Sería su, hasta entonces, ocultación o invisibilidad, lo que justificaría en primer término la nueva y particular revisión sobre el objeto de reflexión.
La resta, el n-1 del pensamiento rizomático; el poder de la lectura como ejercicio de reescritura sobre los objetos entendidos como textos portadores de verdad, pero fundamentalmente inasibles; la conciencia del mundo como modelización, no abre lo social a su necesaria autodestrucción, sino que plantea la necesidad de fijar parámetros por medio de la apertura en el diálogo y del permanente ejercicio de revisión sobre las certezas(3). Labor crítica como derrota anticipada, dada su exigencia permanente, símil de la labor de nuestro policía, "pues las labores de un policía no terminan jamás y nuestros horarios de sueño se deben amoldar a nuestra actividad incesante" (bolaño, p. 59)
PEPE EL TIRA COMO SUBALTERNIDAD CRÍTICA
Según observa Mabel Vargas en su revisión (2005), existe un estrecho vínculo entre los relatos policiales y el proyecto de la Modernidad. Entendidos estos relatos como escrituras espejeo de las ideologías de control del Estado burgués, en la Europa de los siglos XVIII y XIX, de la mano de los naturales intereses moralizantes en post de salvaguardar su patrimonio. Se reordena así, la tipificación del pueblo (ahora moral; bueno) en oposición al delincuente (inmoral; malo) como peligro-enfermedad frente al cuerpo social todo(4). Consecuentemente, el fracaso de la Modernidad traerá consigo, en el siglo XX, primero en EE.UU. y después en Latinoamérica, la reelaboración del canon del policial en el origen del llamado género negro(5).
Por su parte, el edificio, la torre de gran altura, así como la visión planimétrica del plano moderno, vienen a evidenciar un afán de dominio, de vigilancia, un intento de asir cuanto existe por medio de la sumatoria que oculta la contradicción de, a fin de cuentas, ver poco en esa totalidad detenida y/o distante desde lo alto. El plano moderno, según Gorelik, parafraseando a De Certeu, puede ser visto como "el triunfo de la visión objetivante de la realidad que inaugura la representación perspectívica, en tanto comprensión moderna de un espacio-tiempo homogéneo y matemático." (2004)
Las nuevas lógicas de sentido sostenidas por la sospecha, responden al fracaso del proyecto moderno, comprendiendo el mundo, los discursos, esos "registros imaginarios"(6) (Malaurie), como meras versiones de otra cosa, versiones, por tanto, siempre ideologizadas.
Leemos en El policía de las ratas un escape al ojo de Dios, una desaparición salvaguardada por el escenario protosocial del anonimato citadino (Giannini, 1999), fuga que parece decirnos que lo más real de lo real (múltiple), ocurre fuera del alcance de esa mirada-máscara estandarizante e higiénica de la torre panóptica.
Este punto el relato en cuestión lo lleva al extremo, a saber, no se está lejos del ojo de Dios, por ejemplo, en la calle, en poblaciones periféricas, en cuartos cerrados, sino en una sociedad que vive bajo tierra, una sociedad tan distinta a la de la humanidad como similar en principio; no ya una sociedad de humanos/as, sino de ratas de alcantarilla donde, a su vez, lo más real de lo real ocurre en los espacios más al margen de lo marginal(7), espacios evitados por los mismos roedores, las llamadas "alcantarillas muertas":
"Las alcantarillas muertas son lugares que por una causa o por otra han sido olvidados. Los que cavan túneles, cuando dan con una alcantarilla muerta, ciegan el túnel. El agua residual, allí, diríase que fluye gota a gota, por lo que la podredumbre es casi insoportable. Se puede afirmar que nuestro pueblo sólo utiliza las alcantarillas muertas para huir de una zona a otra. La manera más rápida de acceder a ellas es nadando, pero nadar en las proximidades de un lugar así entraña más peligros de los que normalmente aceptamos.
Fue en una alcantarilla muerta donde dio comienzo mi investigación." (Bolaño, pp. 60-61)
En relación a lo anterior, piénsese en Deleuze y Guattari cuando escriben:
"Aquello que, dentro de las grandes literaturas, se produce en las partes más baja y constituye un sótano del cual se podría prescindir en el edificio, ocurre aquí a plena luz; lo que allí provoca una concurrencia esporádica de opiniones, aquí plantea la decisión sobre la vida y la muerte de todos" (2001, p. 29)
Entendemos al subalterno crítico como un sujeto menor que textualiza todo desde y hacia sí, sin una clara frontera de sus propios contornos frente a lo extrínseco. En su devenir por la ciudad-página todo es político(8), lo real y la ficción son ahora uno solo, todo se vuelve discurso, carencia: todo es texto y ya sólo puede él, el subalterno, comprender(se), en términos de un sobreviviente(9): "lo raro es lo normal, la fiebre es la salud, el veneno es la comida" (Bolaño, p. 70).
La conciencia de sí (lucidez como condena), lo hace también seguir un nuevo ritmo, una velocidad más propia. A los ojos de Pepe el tira, el tiempo de libertad se limita a las horas de sueño, en función también de la adecuada continuación laboral. El movimiento frenético de sus congéneres, parece no ser sino apariencia de libertad y propósito, mera cáscara de un accionar vacío. Movimientos absurdos, furiosos, que parecen no beneficiar a nadie; juego que al mismo tiempo que intenta negar lo imposible, conoce ya el carácter de sobreviviente del cuerpo social, carácter evidenciado en su misma ocultación:
"los túneles que mi pueblo cava sin cesar, túneles que sirven para acceder a otras fuentes alimenticias o que sirven únicamente para escapar o para comunicar laberintos que, vistos superficialmente, carecen de sentido, pero que sin duda tienen un sentido, forman parte del entramado en el que mi pueblo se mueve y sobrevive" (p.54) [el destacado en cursiva es nuestro].
Negación en el juego(10) que permite quitarle protagonismo a la muerte del socius, en aquello que subyace en ciertos imposibles como, en este caso, el asesinato entre congéneres sin más finalidad que el asesinato mismo.
"Aunque a la larga, como un castillo de naipes, todos los simulacros se derrumban. Vivimos en colectividad y la colectividad sólo necesita el trabajo diario, la ocupación constante de cada uno de sus miembros en un fin que escapa a los afanes individuales y que, sin embargo, es lo único que garantiza nuestro existir en tanto que individuos." (p. 57).
Analogía de la apariencia posideológica de la sociedad actual, basada en el funcionamiento de la economía, comprendida en términos de ordenamiento supuestamente objetivo. Una sociedad sobrevigilada, donde ya no son personas concretas los usufructuarios de la desigualdad, sino sistemas productivos que trascienden a los sujetos y a los espacios. Cuerpo sobreviviente en tanto condenado por las enfermedades crónicas de lo imposible. Una sociedad (cuerpo) de ratas sin líderes, sin un Estado (cabeza) efectivo; movimiento frenético del un cuerpo sobrevigilado por los policías, los tiras, personajes éstos también autómatas, afanados en mantener las cosas tal cual. Vale recordar las palabras del comisario hacia Pepe:
"Ya bastante complicada es la vida real para encima añadir elementos irreales que sólo pueden terminar dislocándola […] la vida, sobre todo si es breve, como desgraciadamente es nuestra vida, debe tender hacia el orden, no hacia el desorden, y menos aún hacia un desorden imaginario." (p 74)
HACIA UN CIERRE DE ESTE JUEGO
Entendemos que las posibilidades de dislocación desde las subalternidades no deben ser entendidas como esencia, ni en estratos en función de una visión simplificada sobre el par hegemonía/subalternidad como lugares estancados. Será un posicionamiento conciente, en devenir, el que abrirá la posibilidad de subvertir los centros, el que abrirá la posibilidad de elaborar discurso y deconstruir desde su diferencia. Ha de comprenderse cada fenómeno en su complejidad, incluido el pensar y pensarse como labor exhaustiva y permanente.
Pepe el tira, por medio de su remembranza, da cuenta de un desplazamiento, en tanto va tomando conciencia de su subalternidad. Subalternidad entendida como lugar otro ("Como un habitante de la luna yo recorría las alcantarillas y conductos subterráneos". p.72). Desterritorialización (Deleuze; Guattari, 2001, p.28) que le permite percatarse del sinsentido de la arbitrariedad de los ordenes naturalizados desde los discursos del deber ser, y del frágil artificio del límite entre lo posible y lo imposible(11).
Tómese como patente evidencia de la dislocación en la relación yo-otro, por ejemplo, la pérdida de las certezas en que el narrador personaje nos sitúa desde el comienzo en la repetición constante del "tal vez"; expresiones como "¿Cuánto hay de verdad y cuánto de broma en estas historias? Lo ignoro" (p. 61); el desdoblamiento del sujeto en declaraciones como: "Al principio, cuando aún no tenía experiencia, estos hallazgos me sobresaltaban, me alteraban hasta un punto en el que yo dejaba de parecerme a mí mismo" (p. 55) [el destacado en cursiva es nuestro].
Pepe el tira como subalternidad crítica, como conciencia de un yo que sobrepasa los límites de lo posible, subalternidad que dado su carácter excepcional, viene a fracturar el vínculo con el otro. No obstante, él mismo vuelve permisible su anomalía por medio de la escritura (puente con el otro), permitida en tanto palabra objetivada que lo remite a una suerte de no existencia(12):
YO-------------ESCRITURA-------------OTRO
Actualicemos la socorrida formula que ve en el victimario y en la víctima a la misma persona, y unámosla a lo escrito por Andrés Ajens: "Un monstruo muestra, en su patente excepcionalidad, la historia de la norma, dicho está, de una cierta normalidad (que, al cabo, pudiera relevarse ella misma no poco monstruosa)"; pensemos ahora en el encuentro entre Pepe y Héctor (el asesino), vistos como dos caras de la misma moneda(13):
No entiendes nada, dijo. ¿Crees que deteniéndome a mí se acabarán los crímenes? ¿Crees que tus jefes harán justicia conmigo? Probablemente me despedazarán en secreto y arrojarán mis restos allí donde pasen los depredadores. Tú eres un maldito depredador, dije. Yo soy una rata libre, me contestó con insolencia. Puedo habitar el miedo y sé perfectamente hacia dónde se encamina nuestro pueblo. Tanta presunción había en sus palabras que preferí no contestarle. Eres joven, le dije. Tal vez haya una forma de curarte. Nosotros no matamos a nuestros congéneres. ¿Y quién te curará a ti, Pepe?, me preguntó. ¿Qué médicos curarán a tus jefes?"(p.81)
Efectivamente Pepe es también un asesino de ratas, mata a Héctor hacia el final, pero aquí importa más otro asesinato, uno mayor: si el loco asesino es libre en su renuncia a la dependencia del otro(14), en Pepe, la objetivación inherente en el ejercicio de narrar, de racionalizar los acontecimientos en lo escrito, es una señal inequívoca de su derrota; derrota del subalterno crítico, de su posibilidad de independencia de lo social; asesino en tanto su escritura, como juego que impone una máscara al proyecto colectivo enfermo, admite en su enmascaramiento la calidad de sobreviviente de lo social, del otro, del yo. Al finalizar una última cita al policía de las ratas:
"Aquella noche soñé que un virus desconocido había infectado a nuestro pueblo. Las ratas somos capaces de matar a las ratas. Esa frase resonó en mi bóveda craneal hasta que desperté. Sabía que nada volvería a ser como antes. Sabía que sólo era cuestión de tiempo. Nuestra capacidad de adaptación al medio, nuestra naturaleza laboriosa, nuestra larga marcha colectiva en pos de una felicidad que en el fondo sabíamos inexistente, pero que nos servía de pretexto, de escenografía y telón para nuestras heroicidades cotidianas, estaban condenadas a desaparecer, lo que equivalía a que nosotros, como pueblo, también estábamos condenados a desaparecer" (p.84)
NOTAS
1.- Circuitos de intensidades, túneles de ratas, líneas de fuga, todos conceptos tomados de los libros de Deleuze y Guattari especificados en la bibliografía.
2.- Nos respaldamos en Foucault cuando en su diálogo con Deleuze dice: "Por ello, la teoría no expresará, no traducirá, no aplicará una práctica, es una práctica. Pero local, regional, como tú dices: no totalizadora. Lucha contra el poder, lucha para hacerlo desaparecer y herirlo allí donde es más invisible y más insidioso, no lucha por una "toma de conciencia" (hace mucho tiempo que la conciencia como saber fue adquirida por las masas y que la conciencia como sujeto fue tomada, ocupada, por la burguesía), sino por la zapa y la toma del poder, al lado, con todos los que luchan por ella, y no en retirada para esclarecerlos. Una ´teoría` es el sistema regional de esta lucha." Texto en línea, referencia especificada en la bibliografía.
3.-Señalamos ideas generales contenidas en la bibliografía detallada al final, o de lecturas revisadas en el curso para el cual este escrito fue presentado.
4.-En lo tocante a la sociedad metaforizada como cuerpo humano/a, tendremos como referencia las observaciones formuladas por Susan Sontag, en el libro especificado en la bibliografía.
5.- Para una revisión acabada del género policial y el género negro, consúltese en línea el texto de Vargas incluido en la bibliografía.
6.- "Una palabra escuchada, pronunciada o leída (lo simbólico) remite en el psiquismo a una representación (lo imaginario), reflejo de una cosa concreta (lo real). Sólo nos es dado acceder a "la cosa" por intermediación obligada de imagen y símbolo, por eso decimos que nuestra experiencia vivencial está constreñida a estos dos registros. Debemos dejar sin embargo constancia de que lo que llamamos "lo real" no solamente abarca el mundo de las cosas concretas, sino una porción de nuestro psiquismo, tan inaccesible como la verdad última de cualquier objeto." Mario Malaurie, texto en línea especificado en la bibliografía.
7.- Piénsese en lo improbable de un proyecto de mapeado de los túneles cavados por las ratas, en relación al texto como un devenir inseparable de las nuevas lecturas, en relación al rizoma, en relación a la literatura menor y en relación a cuento se estime conveniente.
8.- Así como en las literaturas menores según observan Deleuze y Guattari. 2000, p.31.
9.- Para Lyotard, la expresión sobreviviente entraña que una entidad que debería haber muerto todavía está viva. Ver referencia bibliográfica especificada.
10.- El juego, ganarle tiempo al tiempo. Piénsese en el nexus 6 y la partida de ajedrez en Blade Runner, piénsese en Antonius Block y su partida de ajedrez con la Muerte en El séptimo sello. Piénsese en cualquier ejemplo más apropiadamente "literario".
11.- "Lo imposible es no lo prohibido por una determinada ley, sino lo que prohíbe toda ley, lo que escapa a toda razón ´social`. […] lo que cualquier estructura social necesita prohibir para mantenerse; lo imposible es lo asocial puro" (Panero, p.5).
12.- La escritura "es actualmente la encargada, en lugar de la moral que se ha vuelto un arcaísmo, de imponer al hombre su máscara, de encerrar el espíritu infinito e indiferente en los límites de la escritura" (Panero, p.9).
13.- Piénsese en el final de Batman: La broma asesina (. Moore; A.; Bolland, B. 1988. DC Comic, EE.UU.) o piénsese en cualquier ejemplo que sirva al caso.
14.- "La locura es también algo prohibido e imposible, impensable, por cuanto ignora junto con los otros dos –el yo y la relación medida con el otro- el tercer término de triángulo, no se somete a la escritura.
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MARCOS ARCAYA PIZARRO.
Nació en La Ligua, V Región de Chile, en 1979. (Des)coordinador de COLECTIVO LINGUA QUILTRA. Prontamente la editorial peruana Zignos publicará parte de su primer poemario en una antología de cinco poetas chilenos/as, bajo el nombre de Anomalías.Blog personal: http://cincochile.blogspot.com/
I LOVE PINOCHET Y OPUS DEI, UNA CRUZADA SILENCIOSA.
Documentales.
(Facturas de imaginarios de cemento)

I love Pinochet escenifica la idolatría que los y las fieles sienten por el personaje en cuestión. Tardes familiares, onces de amigas, Fundación Pinochet, una señora mayor de edad con un bailecito pueril y loco, personajes de la política y personas comunes y corrientes. Todos erigen su imagen a la diestra del Dios-Padre (y la siniestra a todos aquellos pécoros y pécoras que no sean de derecha).
Quienes padecen carencia, no están concientizados de su sitio, no existe en el discurso que los sujeta o subyuga, un saber que les confiera la posibilidad de entenderse en cuanto seres excluidos de las esferas que glorifican. Se transforman así, en seres que sustraen sólo principios, no más que eso. Hablan por ellos, se dirigen a ellos, les imponen dogmas, ellos no pueden asir lo que quienes hablan por ellos sienten o tienen, la diferencia abismal de clases lo impide, y está bien, no es un tema relevante, la importancia de todo es sentir esta fascinación extraña por el poder supremo, o mejor dicho, los y las sujetos víctimas no se asumen, entiendo, como conciencia, sino como un ser en un sitio práctico, al servicio de algo (así lo viven) y no de alguien o de algunos. No se saben pequeños o ignorantes, no pretenden, no pueden hablar por o desde su diferencia, no existe la diferencia, no ha existido una instancia de reflexión al respecto. La asunción del orden de las cosas es una tarea ya cumplida, y es tan perfecto, sin contrasentidos el discurso que los dominados adoptan (digo perfección porque no me explico de otra manera el carácter de permanencia de dicha asunción), que no quedan espacios laterales donde ellos puedan clausurar su sentido de sujetos/as para conformarse y transformarse en seres disidentes o indiferentes, pero no bajo un dominio que no permite siquiera pensarse como ser apesadumbrado/a. No veo, aquí, la fortuna de querer y saberse distinto/a.
Neruda y la primavera infinita
Estamos en primavera, una estación que comienza a regalarnos sus mañanas más tibias, en tanto el verde extiende su fresco territorio hasta envolverlo todo. Hasta que todo renazca, hasta que todo germine.
Pablo Neruda nació un 12 de Julio en Parral, allá por 1904, y pasó la mayor parte de su infancia en Temuco, rodeado del verde eterno, primaveralmente inextinguible de los bosques de su Chile natal. Allí, en medio de hojas repletas de sustancia, de piedras desbordantes de misterio y colores inéditos; entre coleópteros y obreros del ferrocarril que día a día le obsequiaban los más preciados tesoros de la selva, se encendió su poesía, se cargó la savia que nutrió sus versos, se potenció su fuerza creadora, sus ansias de descubrir y descubrir, hasta la última gota, hasta el último sorbo de fresca poesía.
Así crecía Pablo, que por aquél entonces era sólo Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, hijo de don José del Carmen Reyes y doña Rosa Neftalí Basoalto de Reyes, quien fallece un mes después de dar a luz a su hijo.
Don José del Carmen Reyes era un ser noble, de buen corazón, ferroviario por oficio y por naturaleza, pero carente por completo de sensibilidad poética, y sumando a ello un profundo temor por que su hijo le resultara un "jote", uno de esos extraños personajes ataviados con capas y trajes oscuros, a la usanza de los poetas de la época, conjurados con la noche y bebedores a destajo.
A ello se debió, que en sus comienzos, estuviera obligado a emplear varios seudónimos, evitando fuera descubierta su autoría en los poemas publicados por las revistas estudiantiles de la década. Primero empleó el nombre heredado de su madre, es decir "Neftalí", más tarde el de "Sacha" para las críticas literarias, y tiempo después adoptó definitivamente el de Pablo Neruda, tomando como propio el apellido del célebre poeta checo Jan Neruda, y sin suponer que se tratara de un bardo de tanta trascendencia en esa nación. Muchos años después, en una visita a Checoslovaquia, depositó una ofrenda floral en la estatua del poeta checo.
Todos supieron de la fuerza y la belleza de sus versos, todos.
Los que bebieron de sus "Veinte poemas de amor y una Canción desesperada" como del néctar más puro. Quienes compartimos los crepúsculos de su "Crepusculario", tal vez no desde la calle Marúri, pero desde otros miles de calles en el mundo. Desde las calles y las casas en las que amamos al son de estos versos, y en cuyas camas nos recostamos depositando en "Farewell" nuestra fe en la conquista. Quienes sabemos del frío, quienes hemos vivido nuestra poesía y nuestra adolescencia entre las cuatro paredes de un cuarto de pensión, sabemos del candor y la tibieza que irradian estos versos. Hemos germinado cobijados por el resplandor que habita en ellos.
"...(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera;
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca.
Amor divinizado que se va.)....."
("Farewell", Crepusculario-LOSADA)
Bien, sin ser prolijo en la cronología debo contar que Pablo terminó sus estudios en el Liceo de Hombres de Temuco, en 1920, habiendo aprobado su 6to. año de Humanidades. Para ese entonces ya es merecedor de varios premios en concursos literarios, entre ellos el de la Fiesta de la Primavera en Temuco, haciéndose depositario del Primer Premio del concurso de la Federación de Estudiantes de Chile con su poema "La Canción de la Fiesta".
Es Presidente del Ateneo Literario del Liceo de Temuco y colaborador permanente de la revista "Claridad". órgano de la Federación de Estudiantes de Chile.
En 1923, en Agosto de ese año, aparece la primera edición de "Crepusculario", perteneciente a la Editorial Juventud y con una portada de Juan Gandulfo, a lo que se debe que en las nuevas ediciones de Losada, la dedicatoria reza: "A Juan Gandulfo, este libro de otro tiempo."
Un año después, en Junio de 1924, aparecerá su primera edición de "Veinte poemas de amor y una Canción desesperada", un libro con un alto grado de carga melancólica. El mismo Neruda dijo en una conferencia en 1945: "Es un libro que amo porque a pesar de su aguda melancolía está en él el goce de la existencia". (Universidad de Chile, 1945 "Neruda", Volodia Teiteilboim, Ed. Losada)
En 1927 es nombrado Cónsul ad honorem en Rangún (Birmania) y de esa experiencia asiática surge otro libro particular, un documento de gran valor vivencial, testimonio de toda una época en la vida de su autor y el medio en que habita, un claro signo de su "Residencia en la tierra".
En esta etapa conoce a Jossie Bliss con quien vive, y que constituye un tormentoso amor entrañable a lo largo de su vida, la inspiradora de "El tango del viudo". Un año después es nombrado Cónsul en Colombo (Ceylán) y se aleja de Jossie Bliss para siempre.
"Oh, Maligna, ya habrás hallado la carta,
ya habrás llorado la furia,
ya habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria,
el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos
vacíos para siempre.
Maligna, la verdad, que noche tan grande,
que tierra tan sola!
(...)
Cuánta sombra de la que hay en mi alma
daría por recobrarte,
y que amenazadores me parecen
los nombres de los meses,
y la palabra invierno
que sonido de tambor
lúgubre tiene.
(...) ("Tango del viudo"-Residencia en la tierra,
editorial LOSADA)
Luego de haber sido cónsul en países de culturas exóticas, en territorios inhóspitos, se traslada a España. Allí conoce a Federico García Lorca y a Rafael Alberti, con quienes traba una gran amistad, y tiempo más tarde aparece la publicación "Caballo Verde para la Poesía", dada a luz por un grupo de los más selectos poetas unidos en jornadas de labor en la legendaria "Taberna del Caballo Verde" y al amparo de la guitarra de García Lorca. Por decisión unánime le es confiada a Neruda la dirección de esta revista.
En 1936 se desata la Guerra Civil Española, en que la lumbre y el oscurantismo libran su más encarnizada batalla por la libertad de la península, y el 18 de Julio es asesinado Federico García Lorca. El corazón de la España libertaria había sido vulnerado. Algo se quiebra dentro de Neruda, y comienza a escribir un libro dedicado a España y a esa época de sangre y destrucción de la cual fue activo testimonio. Debido a esta obra es destituído de su cargo consular.
Un hecho curioso se produjo con la edición de esta obra, y merece ser mencionado. Manuel Altolaguirre, amigo de Neruda e infatigable improvisador de imprentas, logra instalar una, sumamente precaria en un viejo monasterio al Este, cerca de Gerona. En esta humilde industria gráfica los soldados aprendieron lo esencial del oficio, y a falta de papel, decidieron instalarse en un molino cercano para fabricarlo.
Este papel, dedicado a la impresión de "España en el corazón", fue concebido con una extraña mezcla de todo lo que podía ser rescatado del fuego, es decir, banderas del enemigo, trapos, uniformes ensangrentados y todo cuanto aportara consistencia a la insólita fusión con la que estos improvisados imprenteros darían luz al libro del poeta americano dedicado a España y sus luchas.
Apenas terminada la primera edición, sobrevino la derrota de la República, y cuentan que en el éxodo, los hombres empujados al destierro, prefirieron cargar con los ejemplares de su libro, antes que sus provisiones de alimentos y abrigo.
Este libro constituyó el orgullo de aquellos hombres y penosamente les fue arrebatado de las manos por la muerte, que se abalanzaba desde el aire con su carga de fuego y destrucción. El bombardeo esparció junto a la sangre joven los ejemplares de "España en el corazón", libro que fue considerado por quienes llegaron a conocerlo como una obra magnífica, un libro extraño en medio de una guerra fratricida.
En la Biblioteca del Congreso, en Washington, hay un ejemplar de esta edición, dignamente preservado, y se lo expone como uno de los libros más extravagantes de nuestros tiempos.
"España en el corazón", un libro heroico, amasado con el esfuerzo y la sangre de hombres aferrados a un ideal, que independientemente de las razones que esgriman los unos y los otros, cumplieron la humana perfección de abrazarse a un sueño y regalaron a la historia un nuevo capítulo en la vida de su pueblo, y una obra poética testimonio de él.
Para darle forma a este relato, desprolijo y salpicado, tiene por finalidad la pretensión de recordar al más grande poeta de América, algunas imágenes de sus últimos días, junto a su mujer, la más amada, la inspiradora de "Los Versos del Capitán", libro que Neruda publicara bajo el seudónimo Rosario de la Cerda, en medio de su secreto romance. Matilde Urrutia, destinataria de "La carta en el camino".
Pablo se instala en la casa de Isla Negra, que ellos mismos diseñaron, una casa brotada del tiempo, del polvo y del mar. En 1971 había obtenido el Premio Nobel, lo que les permitió costear el final de la construcción, ya que los primeros pasos habían sido llevado a cabo con dinero que le adelantara su editor.
Son días de felicidad, en una casa sencillamente hermosa, cargada de poesía y fragancia marina. Repleta de los objetos a los que tanto amaba, de sus "juguetes", en un hogar mecido por las olas subterráneas y el bramar del océano en la playa. En una "fortaleza" de puertas sin candado, una nave terrestre de corazón abierto. Las horas pasan también para el poeta, que siente dentro suyo la necesidad del esfuerzo superior por culminar su legado. Son horas de profunda creación, y sensaciones intensas.
Con la ayuda del poeta Homero Arce, su secretario, su amigo, logra darle forma a sus dos tomos de Memorias, cuyo volumen último queda inconcluso en algunas de sus partes. Posteriormente fueron excelentemente editados por Losada y Bruguera.
Neruda ya padecía un cáncer avanzado.
El 11 de septiembre de 1973 se desata el golpe militar en Chile, y doce días más tarde, en medio de la convulsión y el dolor de su pueblo, se marchó. El 23 de septiembre de 1973, a las 22.30 horas, fallece en una clínica de Santiago el embajador poético de Chile, el padre de la más esencial poesía hispanoamericana.
Quienes hayan leído sus obras coincidirán conmigo en que se trata de un poeta sencillo y profundo, infantil y terrible, pleno de luz y sombra. Un obrero de la poesía. Un navegante de la fertilidad. Sus versos seguirán brotando en un territorio celeste, en donde la libertad de crear y de pensar no sea abofeteada, y la muerte no esterilice la belleza. En donde el hombre conviva con el hombre, y con el lobo.
Estamos en septiembre. Observo en derredor y el verde empieza a erguirse, a alzar su voz de fresca enredadera. Los pájaros desatan su arte, y yo, como quien espera una brisa, una estela de mar, un tañir de campanas sepultadas, agazapo mis ojos y acecho una sonrisa.
Es ya la primavera, Pablo Neruda renace y canta.
Nota: este artículo ha sido publicado hasta la fecha en los siguientes periódicos y revistas.
Periòdicos:
"EL DIA LATINOAMERICANO" (México, D.F.-MEXICO) -1991-
"LA VERDAD" (Junín, Buenos Aires-ARGENTINA) -1992-
"EL PATAGONICO" (C.Rivadavia,Chubut-ARGENTINA) -1992-
"JORNADA" (Trelew, Chubut-ARGENTINA) -1991-
"LA NUEVA OPINION" (Baradero,Bs.As.-ARGENTINA) -1992-
“EL DIARIO DE CADIZ” (Càdiz, ESPAÑA) -2005-
“LA ARENA” (Santa Rosa, La Pampa, ARGENTINA) -2005-
Revistas/otros:
"LA PALABRA Y EL HOMBRE" (Universidad Veracruzana/México)
"POETICA" (Fundación de Poetas de Mar del Plata/Argentina)
UOL – sitio de Internet –secciòn “A mano alzada” (2001)
“LITERATURAS.COM” –(España) -2006-
“AMALGAMA” (Cádiz, España) -2007-
Universidad de Santiago de Chile
Departamento de Lingüística y Literatura
Facultad de Humanidades
Magíster en Literatura Latinoamericana y Chilena
Alumno : Igor Venegas De Luca
Profesora : Raquel Olea
Curso : Revisión Crítica de la pregunta por la significación de la Escritura
YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!
Carta del vidente, Arthur Rimbaud
En el siguiente ensayo se llevará a cabo una reflexión en torno a la problemática de la escritura y/o de la lectura, proponiendo una similitud entre ambos quehaceres. Se trabajará, por una parte, desde la perspectiva de los autores, tanto en textos poéticos como en textos no necesariamente literarios –prólogos- en los que es el autor mismo quien propone su escritura. Por otro lado, se funcionará siempre bajo la supervisión del texto de Roland Barthes “La muerte del autor”, buscando demostrar la poca relevancia que tiene el autor/escritor al momento de analizar un texto literario.
Algunos textos de los autores Enrique Lihn, Gabriela Mistral, Antonin Artaud y Edgar Allan Poe serán analizados en función de sus propuestas (literarias y no literarias) en torno a la escritura, buscando demostrar que “fuera del autor” existen otras posibles interpretaciones del texto. En conclusión, se trabajará siguiendo la propuesta de que es dentro del texto que se deben buscar los significados y sus discursos. Es en ese bosque donde el lector toma protagonismo y se lanza en el camino de la interpretación.
Por una parte está Lihn, quien trabaja una propuesta de su escritura de manera poética en su texto Porque escribí, donde el hablante lírico manifiesta el acto de escribir como un quehacer que lo mantiene vivo ante la desesperanza y el rechazo que le provoca el común fluir de las cosas y las personas. También está el prólogo realizado en el libro Álbum de toda especie de poemas, donde Lihn reconstruye parte de su vida y marca momentos fundantes de su escritura en lugares relevantes de su vida, desarrollando la relación directa entre vida y obra.
En el primer texto, el hablante lírico se sitúa como observador de un recorrido (vida) y mira hacia el pasado en función de encontrar un sentido al presente y a la vida llevada hasta entonces, que es la escritura. Con respecto a eso se pregunta por la utilidad de la poesía, dirigiéndonos a una mirada muy contemporánea (por no decir moderna) referente a la utilidad/productividad de las cosas y los quehaceres.
Ahora que quizás, en un año de calma,
De esta manera, el texto comienza a escaparse de las manos de su autor, ya que se inserta en un problema que es global y no personal. Esa idea de que hay que funcionar en torno a la productividad/utilidad no es propia de Lihn, es una idea adecuada dentro del texto, que el autor extrae, significa e interpreta en el poema.
En el segundo texto, el autor se propone como parte de su literatura. Él es un elemento más dentro de su trabajo poético, una herramienta, un hecho, un objeto. Así, mientras va desarrollando una breve cronología de los momentos más importantes dentro de la vida de Lihn, nos acompaña con paralelos entre hechos “reales” y versos inspirados en ellos.
En este caso, el autor se proyecta en su obra y se convierte en sujeto dentro de ésta. El sujeto Lihn es visto como un personaje más dentro de la lectura que hace Lihn de su escritura.
Así, nos propone una lectura de su obra, a la cual él accedió gracias a la “cárcel liberadora” que es el hecho de escribir. Eso sí, además de proponer una lectura Lihn toma un papel de testigo, por lo que enfoca su mirada desde la experiencia que le significó ser parte de este universo que es el mundo de las letras.
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.2
Lihn se reconstruye y se inventa o reinventa a sí mismo. Se estructura una imagen ficticia para justificar su escritura, su poesía. Es una construcción posterior, luego de la poesía o, más bien dicho, desde la poesía. Propone una biografía que justifique el origen de sus versos y terminan siendo los versos escogidos por el autor que determinan la reseña biográfica en el prólogo.
No es el escritor en carne y hueso quien se vislumbra tras su poesía, es una problemática reconocida por el autor y trabajada en los textos. Ese sujeto que se siente ajeno, que niega “ser parte de”, que se refugia en la escritura buscando reencontrarse con su ingenuidad, es una proyección poética de un sujeto con el cual Lihn se siente identificado. Un sujeto buscado y construido por la experiencia, el trabajo y las lecturas.
El autor nunca es nada más que el que escribe, del mismo modo que yo no es otra cosa sino el que dice yo: el lenguaje conoce un “sujeto”, no una “persona”, y ese sujeto, vacío excepto en la propia enunciación, que es la que lo define, es suficiente para conseguir que el lenguaje se “mantenga en pie”, o sea, para llegar a agotarlo por completo.3
En su prologo, se niega a escribir desde las corazas que cubren al hombre ya insertado en el engranaje social, otro problema que no es propio del escritor Lihn. Frente a esto, propone una escritura que mire desde la ingenuidad de un niño:
Infancia y poesía están asociados por el principio de casualidad y la lógica de la indeterminación. La segunda debiera ser el efecto de la primera, pero está la ley de las excepciones. Según ésta, como la infancia es una consecuencia de la poesía, habría una ancianidad previa al acto poético.4
Pero esta ingenuidad a la que hace referencia el texto, no deja de ser un lugar común. Es una idea preconcebida de la infancia como lugar sagrado, donde aún no existe contaminación alguna de los vicios del mundo externo. Esto en función de una pureza interior pervertida por las obligaciones y la practicidad de las que el poema reniega.
De esta manera, Lihn propone una lectura de su obra, justifica su escritura y crea o genera un sujeto reflejo de una problemática que él define como Lihn, pero a nuestros ojos es claramente una representación ficcional de diversos factores influyentes en la constitución de la obra poética.
Lihn lee su obra y la significa, propone una lectura de ésta al significar su escritura. La vida de este autor es sobrepasada por su obra, no alcanza esta biografía propuesta para comprenderla, ya que el texto es infinitamente más complejo y también, este recorrido por la vida del autor termina siendo parte de la obra y no su justificación.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de escritura, solar del extranjero).5
Gabriela Mistral por su parte, propone su escritura desde una utilización o reutilización de las imágenes circundantes. Postula que todas las imágenes o significados están para ser utilizados por el poeta. Atenúa la idea de Whitman de que existen imágenes en abundancia que se cruzan en el camino del poeta, siendo absorbidas y agrupadas por éste directa o indirectamente.
A veces las imágenes caen dentro de nosotros en la misma revoltura que tienen sobre el mundo; otras veces ellas se ordenan por especies o parentescos, convocadas y metidas en orden, como la fila escolar o las familias botánicas.6
Para esta autora, el poeta debe mantener una directa relación con la infancia y con la adolescencia. Al igual que Lihn, Mistral ve en esos periodos una ingenuidad, una pureza en la mirada, donde el maravillarse aún es posible. El proceso de escritura debe tener esa ingenuidad, debe poder crear el estado de encantamiento frente a imágenes comunes, simples.
Mistral genera ese punto idílico para la creación, un punto de perfecta armonía entre sujeto y lenguaje. Pero esto, es también una creación, es una idealización de un momento. No se refiere o no representa la infancia de la “niña Gabriela Mistral”, sino una significación de un estado de creación poética protegido o justificado tras esta imagen sagrada de la infancia.
La imagen absorbe a Mistral, la convierte en imagen también, lo que termina generando una proyección de la escritora real en su escritura. Mistral se refiere a su poema Beber en el texto Sobre cuatro sorbos de agua. En este último, reafirma la idea de escribir en función a hechos no grandiosos, sino en torno a la simpleza. Pero el acto de beber no es un acto propio de Mistral, es universal, todos bebemos. El poema resume en esos cuatro sorbos de agua un acto que le pertenece a toda la humanidad.
Recorre su vida y genera cuatro imágenes importantes a partir de cuatro simples sorbos de agua. Uno a uno los significa, convirtiéndolos en cuatro momentos fundamentales, eso sí que ahora dentro del poema. Lo simple se vuelve trascendente en la imagen propuesta en el texto, la imagen se vuelve discurso. Un ejemplo pueden ser los siguientes versos:
En el campo de Mitla, un día
de cigarras, de sol, de marcha,
me doblé a un pozo y vino un indio
a sostenerme sobre el agua,
y mi cabeza, como un fruto,
estaba dentro de sus palmas.
Bebía yo lo que bebía,
que era su cara con mi cara,
y en un relámpago yo supe
carne de Mitla ser mi casta.7
La imagen representa un hecho simple, una mujer bebiendo de un ojo de agua, la que es sostenida por un indio Mitla. En el momento en que éste la sostiene, su reflejo en el agua es sobrepuesto por la imagen del indio. El agua se convierte en espejo, la sujeto dentro del poema ve su reflejo que ya no es el suyo, sino la cara del indio que termina siendo su cara por un instante.
Esta imagen desarrolla un discurso en que la sujeto se siente Mitla, se reconoce en el indio a través del agua que actúa como puente intercultural. Surge dentro de esta simple imagen un discurso que trabaja la idea de la identidad latinoamericana, de mestizaje.
Y ya no es Mistral que recuerda su sorbo de agua en Mitla, sino es una sujeto poética interpretando una problemática a través de un simple sorbo de agua. Mistral es imagen y no Mistral.
La imagen me fascina, como a todos, niño, mozo, viejo. Porque, imagen somos nosotros mismos, una pajuela que dura menos que el respiro en el foco visual de un pueblo y no digamos en la sabana de la luz cósmica.8
Así, la poeta como autora del poema Beber pierde importancia en su análisis, no en su propuesta de lectura, sino en un aspecto biográfico. El texto a través de su autonomía manifiesta relaciones con formas de pensar independientes que superan posibles concordancias con la vida de la escritora, generándose – el texto - como entidad autónoma poseedora de sentido o sentidos.
Si nos acercamos al texto El pesa – nervios, escrito por Antonin Artaud, podemos ver que, al igual que los escritores revisados anteriormente, propone un estado determinado para llegar al proceso de creación. El texto es una búsqueda por generar y justificar una relación directa entre palabra – inteligencia – obra.
El narrador o personaje central del texto apela al público lector a acercarnos a un estado interior que permita facilitar la creación. Denomina a aquel instante como “la nada”. Un estado interior donde el “creador” se encuentre en un vacío absoluto, en un abismo donde los sentimientos y sensaciones provenientes del mundo externo queden excluidos.
¿Por qué la búsqueda de aquel estado? Al igual que en los textos de Lihn o Mistral, se manifiesta en El pesa – nervios una negación del hombre influenciado por el mundo externo, específicamente contaminado por la inteligencia (en el caso del texto escrito por Artaud). Una inteligencia que no permite el desarrollo libre de la creación artística, inteligencia que condiciona al autor o creador a truncar su obra.
Es posible ver en el texto cómo se genera una propuesta de escritura que choca frente a la cultura circundante. Se enfrenta y se opone a toda visión posible de creación artística, llevando a cabo una nueva manera de enfrentarse ante el proceso poético, el cual consistiría en desligarse de toda atadura, llegar a este estado interior de “nada”.
Lo difícil es encontrar su lugar exacto y reencontrar la comunicación consigo mismo. El todo está en una cierta floculación de las cosas, en el parecido de toda esa pedrería mental alrededor de un punto que está precisamente por encontrar.9
Al llevar a cabo esta propuesta de escritura desde la escritura misma se manifiesta la idea de que lo que se está llevando a cabo es un trabajo, un trabajo con las palabras, con el lenguaje. Y es en este trabajo donde se genera el conflicto en el proceso creativo propuesto, ya que las palabras no son capaces de generar una real concordancia con el pensamiento, con la inteligencia.
No es la propuesta artística de un enfermo psiquiátrico la que surge en El pesa – nervios, es la propuesta de un hablante o sujeto ficticio en función de su relación con las palabras y los sentidos. Es esa disociación entre el sentir y el decir a través de la escritura lo que el texto trabaja, desde donde se sitúa para proponer este Pesa Nervios que sabe de antemano no va a ser comprendido en su época.
Artaud sentencia su texto a no ser comprendido en su tiempo debido a la imposibilidad de llevar a cabo su proyecto de escritura. Para lo cual, proyecta un entendimiento de su literatura en una década más. Pero lo que no se deja ver, es que al “profetizar”, se está generando una propuesta de lectura y no de escritura.
El texto funciona en torno a su incapacidad de ser comprendido, exigiendo un lector/escritor competente. Esto debido a que Artaud tampoco es capaz de generar un proceso donde el texto se inserte con facilidad en la sociedad y ante la crítica.
El escritor Artaud es expulsado o rechazado por el texto, el que de manera autónoma reclama incapacidades desde ambos lugares (escritura y lectura), proponiendo sí un proceso en desarrollo que es el de la interpretación, ya que sabe será comprendido en un futuro.
Al igual que en Barthes el texto termina por matar al autor, pues su visión, su punto de vista lo limita demasiado en su comprensión. Lo anula en función de buscar un lector o lectores competentes que sean capaces de generar a través de él posibles significaciones.
Los dos procesos (escritura y lectura) se invierten en esta propuesta que termina siendo El pesa – nervios, las palabras que no alcanzan a desarrollar las ideas de Artaud son palabras que Artaud no puede comprender en los textos, que terminan sobrepasándolo. El nervio, la sensibilidad máxima no puede ser medida por la inteligencia de Artaud.
Así se genera una propuesta de escritura que requiere de un lector en particular, un lector cuyo nervio esté preparado para alcanzar nuevos estados de sensibilidad. Artaud se convierte en lector de su propia obra, la descubre o redescubre y genera una problemática sobre las capacidades del lector, sobre sus posibilidades de enfrentarse a un texto. Cuestiona, al igual que Barthes, las formas de lecturas existentes hasta entonces proponiendo un texto, o más bien una lectura, desde la sensibilidad y no desde la inteligencia.
Si continuamos con la idea de que un autor, al tratar de explicar su obra, sólo genera una posible lectura, debemos acercarnos a Edgar Allan Poe, quien en su texto “El proceso de la creación artística” intenta recrear el desarrollo en que el poema “El cuervo” fue escrito.
Así, Poe nos invita a fijarnos en tiempos, figuras, imágenes y tensiones que, según su interpretación, fueron vitales para la creación del poema. Búsquedas de palabras y conceptos que encajaran justo en las ideas que quería desarrollar en su texto.
¿Pero no será una relectura que hace Poe de su texto y su escritura?. Al parecer, ocurre que al igual que en los casos anteriores, el autor del texto se ve sobrepasado por éste. El texto genera un mito, una significación mayor.
Es a esa significación que Poe aspira llegar a través del texto “El proceso de la creación artística. Poe descubre a Poe a través de la lectura, y lo busca en el poema “El cuervo”. Son diversas lecturas que generan esta propuesta. Son esas lecturas las que le dan forma, lo motivan a tratar de reordenarlas en una sola lectura, que termina siendo la propuesta de Poe desde la escritura.
Poe, al igual que los autores vistos anteriormente, es superado por el texto, que busca encontrar mayores competencias en un lector. El texto se desprende de la visión única que le entrega su autor, no manifiesta retribución alguna y parte en busca de quien le dé mayores significaciones, diversas interpretaciones, otras posibles lecturas.
Concluyendo, podemos percatarnos a través de los ejemplos realizados que, pese a generar propuestas de escritura y de lectura a través de sus creaciones, los autores se ven superados por los textos. Esto debido a que el capital cultural de cada lector es aplicado en sus lecturas e interpretaciones, generando así, otra creación a través del texto, otra interpretación.
El texto al ser leído propone, muestra diversos caminos posibles a seguir, a los que cada lector accederá desde su experiencia, sus propias lecturas y las relaciones que pueda generar con el texto en sí. De la misma manera, el autor se enfrenta a su obra como individuo. La obra es creación de su experiencia, sus lecturas y su relación con la palabra. Es esta relación con la palabra la que cada lector aplica al enfrentarse ante un texto, por lo que puede aceptar o no le lectura propuesta por él mismo (una lectura ingenua) o embarcarse en un trabajo más complejo y trabajar en función de su experiencia con la palabra, con el lenguaje.
Sólo queda terminar este trabajo con una cita de Enrique Lihn, la que expresa o representa muy bien este problema que surge entre el autor, su obra y cómo se busca reflejado en ella. Llegando al punto de no reconocerse ante su obra.
Me miro en el espejo y no veo mi rostro.
He perdido el sentido de mi rostro10
BIBLIOGRAFÍA:
JC: De su libro [coma] (2006), el poeta Raúl Zurita ha dicho que no se trata de una obra individual, sino que es una obra colectiva que representa la agonía y simultáneamente el nacimiento de una generación. ¿Es muy exagerado pensar que [coma] supone un punto de inflexión en la poesía chilena?
VER MÁS AQUÍ: http://www.espacioluke.com/2007/Septiembre2007/canaves.html
Casas de papel y tinta
Presentación por Horacio Urbano
Aun cuando por extrañas deformaciones culturales, el arte ha sido visto como algo ajeno, importante sí, pero ajeno y confinado a salas de museo, la realidad es que estamos hablando de un bien común, cuyo valor se multiplica en la medida en que se va haciendo cercano, accesible y cotidiano.
Lilia Lujan es una joven artista mexicana cuyo principal valor radica precisamente en su constante búsqueda por hacer del arte algo cotidiano.
Porque a lo largo de su extensa trayectoria, ha buscado trascender y lograr que su pintura figure en importantes colecciones.
Ha buscado exponer en México y en otros países, buscando las grandes galerías, pero también una amplia diversidad de espacios que permitan que su obra se nutra al fundirse con la gente.
Es en ese proyecto personal de trascender, pero trascender acercando su obra a la gente, que Lilia ha incursionado en las grandes oportunidades que ofrecen, por ejemplo, la joyería o incluso la ropa.
Y parece que es precisamente en el resultado de esa mezcla que debemos ubicar la búsqueda de su trabajo, en el ideal de una sala cuyos muros presenten una de sus obras, para ser admirada y reconocida por un "usuario" vestido con una camiseta pintada por la misma autora, acompañado por otro alguien que use una joya diseñada también por Lilia.
Y bueno, es como parte de ese proyecto personal de pertenecer a la gente sin por ello renunciar a su individualismo o a su proyecto de vida, que Lilia Lujan rescata en su obra temas como La Casa.
La Casa pensada también como algo vivo, algo tremendamente cotidiano que precisamente por ello merece ser pintado.
Es por ello que con la obra, Casas de Papel y Tinta, que aparece en la portada de este, SU LIBRO, Lilia se suma también al proyecto del mismo nombre, con que Centro Urbano pretende tomar los más cotidiano que tenemos, la casa, como pretexto para voltear la mirada hacia el arte.
Los invitamos a reconocer los colores, texturas, pretextos y sensaciones de Lilia Luján.
Ciudad de México, otoño del 2007.
Arte Contemporáneo; Lilia Luján
Introducción por Roxana Fabris
Cuando conocí la obra de Lilia Luján me llamó la atención el color, el movimiento y el universo mágico que ella, en ese momento sin una cara, se había inventado para justificar una indómita necesidad de expresar.
Al conocerla personalmente, también me sorprendió el enorme parecido que había entre su obra y ella misma. Me sorprendió que fuera una mujer tan joven, tan fuerte; tan apasionada por el arte y tan apasionada por su forma de entenderlo y hacerlo vivir.
Algunos años después me reencuentro con una Lilia que sigue joven, que sigue apasionada, pero que precisamente como resultado de esta pasión, cuenta ya con una muy importante carrera dentro del mundo del arte.
Una carrera que nació en México, al igual que ella, que aquí creció y la llevó a España en una búsqueda personal, hoy traducida en una Lilia madura como persona y madura como artista.
Este libro, un breve pero claro recorrido por la obra de Luján, nos acerca al origen de su obra, nos acerca a esos años vividos en Barcelona, en que su pasión acabó en forma definitiva por crear una expresión propia.
Hoy tenemos que hablar ya no de una promesa, sino de una artista madura que regresó a Mexico trayendo en la maleta prestigio y reconocimiento, pero sobre todo, un mensaje que dar, las ganas de hacerlo y un modo propio de expresarlo.
Arte Contemporáneo; Lilia Luján, es apenas una recopilación de la obra de esta joven artista mexicana.
Es un breve recorrido por su pintura, por su escultura y por los objetos que ha tomado también como "lienzos" para plasmar su obra.
En este libro, que debemos considerar por derecho propio una obra más de Lilia Luján, encontraremos su pintura, sus personajes, su forma de entender la forma.
En este libro encontraremos color y la forma de ver la vida de una artista plena, cuya trayectoria sirve apenas para definir el inicio de un prometedor futuro.
Ciudad de México, otoño del 2007.

El juguete rabioso (1926) - Roberto Arlt-
La miseria en clave poética.
En esta pequeña novela, Arlt refleja con atrocidad la sociedad porteña de los años treinta. Raro es que se combine la marginalidad, la pobreza y la vagancia argentinas con la belleza narrativa. A lo largo de la historia el autor escala picos que muy bien pueden ser considerados poéticos, como el siguiente párrafo, en donde relata la desesperación de la tristeza más extrema:
"Ya no tengo ni encuentro palabras con qué pedir misericordia.
Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma.
Busco un poema que no encuentro, el poema de un cuerpo a quien la desesperación pobló súbitamente en su carne, de mil bocas grandiosas, de dos mil labios gritadores.
A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos, pero yo estoy aquí solo, agarrado a mi tierra de miseria como con nueve pernos."
Roberto Godofredo Christophersen Arlt nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 26 de abril de 1900. Dueño de un espíritu rebelde y emprendedor, abandona la casa paterna en la adolescencia instalándose un tiempo en la provincia de Córdoba. Allí conocerá a la que se convertiría en su esposa. A los dieciséis años ya se había iniciado como periodista. Con el fin de mantenerse, ya había probado los más disímiles trabajos, incluyendo un breve paso por la escuela de Mecánica de la Armada. Soñando toda su vida con convertirse en inventor (obsesión retratada en el Juguete rabioso) creará disparatados proyectos que siempre culminan en fracaso.
Ya instalado en Buenos Aires, empezará a trabajar para el diario El Mundo. En el año 1935, su oficio de periodista lo llevará a España y Marruecos, lugares que inspiraron algunos de sus relatos.
Integrante algún tiempo del grupo de Boedo (hasta trabajó de secretario para Ricardo Güiraldes), su individualismo lo llevaría a separarse de todo grupo y convertirse en una especie de antihéroe solitario que esgrimiría como única arma su máquina de escribir.
Su obra es de las que apuntan el láser a cada una de las instituciones burguesas para despedazarlas y no dejar de ellas más que los escombros, sucios estertores de un cuerpo pasado de moda. Su primera novela es prueba sobrada de ello. Si no, reparemos en el capítulo del fallido suicidio, aquel en el que Silvio Astier es echado del ejército porque (según palabras de un general) "Aquí no necesitamos personas inteligentes, sino brutos para el trabajo". La misma traición perpetrada al Rengo y la posterior conversación con el Ingeniero, simbolizan toda una toma de posiciones frente al universo del medio pelo argentino, en la que la ironía y el despecho forman parte de una mirada genial que lo envuelve todo.
Acusado por sus contemporáneos de escribir mal (el autor llegó a jactarse de esto, deplorando a los autores refinados "que no leían ni sus madres"), Arlt fue rechazado por la crítica de la época. Fueron sus lectores los que lo mantuvieron en vigencia, convirtiéndolo en la actualidad en objeto de culto y respeto.
Esta frágil hoja de miedo: el laberinto sin ojos
Si el pasado no es resuelto a tiempo y se arrastra con su cola de ratón, el presente seguirá oliendo a cloaca. No es una definición turística de la realidad, sino algo más que una intuición, una película repetida. La filmación del pasado: Vietnam con sus soldados locos se repite en los desiertos de Irak y Afganistán, salpica fuerte en Pakistán el hedor a mezquita muerta, a laberinto sin ojos. La tiranía de la estupidez completa su círculo virtuoso de espanto. Es la puesta en escena de la feroz rutina del horror que pedalea contra reloj barranco abajo. De izquierda a derecha el tiempo es el mismo, inmutable.
Amanecer/mañana/mediodía/tarde/crepúsculo/noche/ocaso/ocaso. Más lento o veloz, para algunos entre montañas arando en el desierto o en un F 16 cruzando el cielo, el tiempo sucede con su propia lógica de aquí no ha pasado nada.
Qué sólo se está quedando el soldado desconocido de la Casa Blanca. Una imagen realmente oscura para un inquilino de una propiedad tan emblemáticamente poderosa e inmaculadamente blanca. La pureza del color, que es mi color favorito, reclama una pureza de principios y acciones. El supuesto liderazgo, es ocaso puro, amanecer de los muertos... La guerra y la economía doméstica se derrumban como maniquíes detrás de una gran vitrina. Un puente, otro puente, los pasos del fracaso resuenan en el vacío. Qué poco lírico te has puesto George, me comenta el Editor con esa calma de quien sabe lo que sucederá, porque está escrito más que por el destino, por los que crean el futuro y sus voceros oficiales. Dos son los tres o cuatro grandes temas de la próxima campaña: "retirar las tropas de Irak" y atender la economía doméstica, mejorar los servicios de salud y legislar sobre una política migratoria que atienda la realidad económica, social, del país y su tradición en cuanto a las libertades y derechos humanos. Se hablará de la Paz Americana, sin decirlo directamente, pero ésta pasa por Medio Oriente, Asia, Europa y sus alrededores, como si el imperio alquilara bienes raíces incluyendo a los marcianos. La bestia se está yendo sin riendas, es lo que dicen las encuestas. Después nos dirán que la historia no existe, sino vagas interpretaciones, margaritas deshojándose en algún rincón del Departamento de Estado. Estamos en un túnel, pero no en su final. Ante el desfile monumental de la mediocridad, la mentira, el rito banal arrastra su estridente voz hueca, la náusea de sus vocales, molares como balas de escopeta, tum, tum, tum, resuenan en la pequeña historia parvularia de nuestros días. No sé, todo está atrasado, con el perdón de la historia y de la velocidad de las comunicaciones. Como decía un amigo colombiano, el tiempo se está descuadernando y aparece el gran esqueleto monumental de la nada.
La historia actual y mediática del mundo, es después del 11, cuando fueron derribadas las Torres Gemelas en Manhattan, porque todo se ha construido a partir de allí: la invasión y guerra contra Irak y Afganistán, y la diseminación del terror mundial. Nunca el escenario giró más sobre la circunferencia del terror y el miedo, dentro y fuera de Estados Unidos.
Post, post, lo que vino después de la fecha. Yo imagino pasear por NY al profesor Marshall Berman, con su cabellera blanca vaporosa de nieve hirsuta, su mirada plácida al pasado, en un futuro sin tiempo presente, ataviado con un saco de gran colorido indígena y su maletín acarreando ideas por la city que no tiene tiempo para morir, sin vivir. Berman es un arqueólogo de la cultura, absorbe como una pajilla los problemas de esta época, de la vida urbana, la calle. Es profesor de Ciencia y Urbanismo, autor de un legendario libro editado hace un cuarto de siglo: Todo lo sólido se desvanece en el aire. El hierro, cemento, la dura estructura, el cristal, todos los materiales de los esbeltos símbolos de la Gran Manzana se disolvieron ese día infausto, que siguió a miles de días más infaustos que terminaron por amputar el oxígeno a nuestro nuevo siglo y época. Este escenario que Berman recicla como una locomotora llena de abejas, es el que zumba en la oreja del profesor de Nueva York: la Gran Manzana herida de miedos y temores. El frágil instante del enemigo adivinado en algún lugar del sitio equivocado. Berman nos habla de la modernidad y qué significa ser modernos, ya que nos encontramos en este mismo camino. El tiempo y el espacio que compartimos, nos dice, donde vivimos la aventura, el poder, la alegría, el crecimiento y la transformación de nosotros mismos. Simultáneamente, advierte el profesor Berman, se vive la amenaza de destruir todo lo que tenemos y somos. La modernidad une y desintegra, nos sigue advirtiendo, con su singular paradoja, porque "todo lo sólido se desvanece en el aire", como ya lo había dicho Marx, cita el mismo Berman. Marshall, tal vez no somos más que un continuo río, como dijo el poeta. El profesor dispara sólida, gaseosamente sobre los elementos que conforman, integran y desintegran el caos, y no sé si es su interés presentar un rasgo de coherencia en lo que nos ha tocado por rompecabezas. Es una vorágine, yo diría, un hoyo negro con algunos rayos de luz como devorándose frente a un espejo de un sol triste, poco iluminado, a expensas de los fuegos artificiales. ¿Somos el cambio, profesor, o la destrucción? Cuentan los cronistas, y no es una novedad, que el profesor Berman odiaba las Torres Gemelas. Él divagaba sobre la ciudad y estos iconos que irrumpían violentamente la city como dos sólidas promesas, pero jamás eternas, como todo lo humano, y más cuando se sostiene en el cemento, hierro y cristal. Para Berman las Torres se apartaban de la ciudad, no por su imponente altura, sino frialdad, y en especial el celo de sus administradores por separar a la gente del sitio. Nueva York que camina informalmente, despreocupada, sin más sentido que no proponerse ningún sentido, ser el sueño informal del futuro, el insomnio de cada día. Él las lloró cuando vio que las Torres eran personas porque estaban habitadas y gracias a CNN, el mundo se detuvo a ver una y otra vez las imágenes de las personas que se lanzaban como muñequitos desde el cielo al infierno. Lo único que recuerdo de la imagen de Berman son sus ojeras que rastrean su propio yo, la mirada hacia sí mismo, encandilado en el olvido o en lo que aún está en proceso, porque la distracción es atención por otra cosa. El profesor es un soldado vivo en el Bronx/naufraga, se disuelve en el sólido atardecer de Nueva York/ pero permanece bajo una que otra estrella del fugaz verano/ En Manhattan alto o bajo, todos quieren alcanzar las estrellas/quizás un blue no tan lento es el futuro que le conviene a la ciudad/Escribe Marshall Berman que la luz no es más oscura que el día/la ciudad le rebota su espanto/¿Nada existió en la sombra?No hay más símbolo que una calle vacía/imposible de encontrar un pájaro picoteando la mañana/Naturaleza muerta, profesor Marshall/el hombre sigue caminando en dos pies/bestia bípeda banal/cavernícola carnívoro camaleón/Maravilloso erectus, decía una vecina/suspiraba la ventana, la recámara, las sábanas/Profesor no deje que las cucarachas se queden con la ciudad/sus alas negras son el cielo/la noche/los pasos que vuelan por cada calle/son el sistema, Marshall, lo viven.
¿La modernidad es un sólido banquete de la nada? Tomo nota desde que tengo uso de razón y nada es igual al día anterior ni mañana. Alguien está corriendo el rollo demasiado rápido. Pienso, la memoria me viene con ese calendario del día a día de mi Editor, marcado en rojo, detallado con el pulso obsesivo de un relojero: 3683 soldados muertos en Irak y 35.600 heridos, según cifras oficiales. La muerte en guerra no entiende de modernidad, es parte de ella, la caracteriza con su presencia vital y real. ¿La modernidad es la destrucción del otro, profesor Marshall Berman? ¿Antropofagia petrolera? ¿O la muerte es nuestro verdadero icono, profesor? ¿Lo moderno tiene techo de vidrio? ¿La modernidad toma agua con la mano? ¿Lo torcido se endereza? El horizonte no es azul, negro, ni es una línea horizontal, está en los ojos de cada cual.
El profesor Marshall, hijo del Bronx, es un sobreviviente de esa magnífica autopista que devoró el sueño de su infancia y puso en el borrador de la memoria esa zona urbana donde había nacido. Pero también es hijo de Harvard, Columbia y Oxford, donde ha reciclado los puntos y comas de la modernidad, época donde las respuestas son unas ilustres desconocidas, voyeristas de ombligos suburbanos que se miran así mismas extrañadas por su incompetencia o porque la realidad escapa ante sus ojos. La "guerra" contra Manhattan, el ataque a las Torres Gemelas, era contra la Casa Blanca, y los suicidas no encontraron un mejor símbolo, icono, objetivo que representara el corazón financiero de Estados Unidos, el orgullo de su ciudad emblemática, el espacio más universal que conversa con el cielo. La modernidad más desconocida en su guiño infernal le estremeció a Berman desde la suela de sus zapatos y no estaba preparado para el estallido de esa vidriera financiera, su desplome y el llanto incontenible que le trajo el atentado, no contra esas "odiosas", impersonales estructuras de acero, sino contra la vida de las personas que allí trabajaban. Ciertamente la modernidad se ha arrodillado ante su propia trampa de prepararse para la guerra, la muerte, la divina soberbia sobre el control, avasallamiento, olvido de los demás, del Otro, que pareciera no contar. ¿Gaje de la modernidad es el auto destrucción del hombre y su entorno natural?
El fundamentalismo, de uno y otro lado, Oriente y Occidente acorrala la libertad en unas cuantas paredes y consignas, actos arbitrarios, lugares comunes, fundamentalismo medieval, Verbo oscuro, vitriólico.
Berman es el barman de Nueva York/ Profesor, ¿somos hijos del Big Bang, bang, bang o de la caverna infernal?/¿de la neurosis o del diván?/ Modernidad, modernidad, divino tesoro/ Conoce a fondo buen pastor/ el sabor de cada trago amargo/dulce del aire de la city/lo que en la calle se respira/vive y los malos buenos días se confabulan en su bandeja/sólidos y se desvanecen en la palma del olvido/historias sin fin de una calle a otra/La realidad es una sombra, profesor/bajo los rascacielos Maniatan a Manhattan/ Babel, Babe/ el día 11 es un perro apaleado/ en la modernidad del terror/cae el telón profesor/otro 11 y me voy.
El profesor sigue circulando con sus ideas, allá en Nueva York, donde el tiempo sucede de otra manera y pareciera no descansar. Un perro sin orejas da vuelta la cara del mundo, por una calle de Nueva York se llega a otra calle. En algún lugar se cae un tarro de pintura de un andamio y el silencio amarillo queda mudo. Una mujer, en cambio, que no dejará de ser mujer, se paraliza al ver un cangrejo. La noche se sigue sosteniendo con unas pocas estrellas titilantes a la espera quizás de las fugaces perseidas. Las estrellas pueden permanecer en lo alto, alumbrar casi por una eternidad, pero terminan siendo fugaces. La noche se recupera en 24 horas y termina siendo lo brillantemente oscura que nunca dejar de ser.
¿Profesor, la modernidad son estos paisajes de horror, los muertos que caen del cielo, los que no tienen nombre? ¿De dónde vienen los barítonos de la muerte? ¿La muerte es un deber patriótico, un lujo, un mandato, una satisfacción personal o simplemente un acto de humildad, recogimiento callado absolutamente silencioso? Postmodernidad post/después que vendrá detrás/¿delante del post nada? La modernidad como está/ya es inmanejable, burbujasl./los peces se resbalarán/el mar quedará sin sal/la rueda dejará de girar/Es mejor ir a un parque profesor/a respirar/caminar bajo el tiempo del olvido. El balance es sorprendentemente repetitivo, demoledoramente desolador, sinceramente catastrófico, absolutamente letal, una pesadilla sin duda porque los resultados están a la vista y lo único que se oculta al atardecer de manera natural, es el sol.
(Desde la caverna de las palabras)
Rolando Gabrielli©2007
PALABRAS
Es difícil que alguien en su adolescencia no haya sido tocado por algún verso, ni vivido un momento poético en su vida. Curioso, extraño, sorprendente destino el de la poesía en todo tiempo y época. Género más antiguo que la palabra, es ante todo lenguaje, una manera de ver, representar, interpretar, sentir el mundo. Poesía es vida y las palabras nuestro oxígeno. Las palabras derrumban toda pared y hacen de ese espacio un nuevo silencio: la comunicación perfecta. Muchas definiciones para una expresión que ha reinado con distinta eficacia por los siglos de los siglos. Los poetas realmente se tomaron la palabra y no han dejado tema sin asumir desde tiempos inmemoriales a estos tiempos que descreen del valor, significado y trascendencia de la palabra. De muchas formas y contenidos, la poesía entra en materia real, cotidiana, metafísica y se convierte en objeto de atención, lectura, reflexión desde luego.
Curiosamente la poesía pareciera también en la actualidad un objeto pringoso en manos de hacedores de banalidad (des), y el poema se impregna bajo el ombligo de la palabra, rastrea los insondables pensamientos como chatarra, como tiempo perdido, como buey sin yunta. Sin embargo, se realizan festivales de poesía, recorridos a tumbas sagradas, encuentros, recitales, editan revistas casi secretas y en Internet todo el mundo es poeta o un poco al menos. Los vernos, no obstante (disculpen como voy engarzando con el cliché), no son bien recibidos en las estanterías y los libros de poesía suelen brillar por su ausencia.
Los editores y editoriales abominan literalmente de los libros de poesía, de esa manera "absurda" de cortar las palabras, verticalizar el texto, en fin, decir las cosas al revés y para ser leídas con cuatro espejos. Los poetas se reúnen de Norte a Sur, Este a Oeste, y el universo continúa inmutable desmoronándose a pedazos de prosa. ¿Qué podría decir
hoy un Manifiesto que la realidad no haya destruido a palos? Habría que volver a escribir desde la caverna de las palabras. Olfatear el verbo, comenzar allí, con las vísceras al aire a respirar, y arrastrar la cabellera de la poesía, porque es hembra. Empinarse al borde del precipicio y dar un sólo grito para aumentar el silencio de la palabra.
Arrojar la muerte de un zapatazo y volver con una lluvia de palabras nuevas. Todos los escritores y artistas, de una manera u otra, tienen una deuda, antecedente. A veces esta deuda es con realidad, con el pasado contaminado que uno nace. Es difícil hacer algo nuevo sólo a partir de una burbuja. Tirar una primera piedra tiene sus consecuencias. La rueda es otra secuencia de las dos piernas humanas. Para un escritor inédito de casi toda una vida, el ejercicio del silencio impreso, es desde luego una postura. Es un acto salvaje de soledad, un doble compromiso con esa señal y ausencia que debiera tener todo poema. Ni siquiera un poeta inédito puede alegar no-contaminación de su palabra. La poesía puede llegar a ser un indomable puercoespín lanzado en las sábanas de la mujer amada, la eterna cohabitación de la rosa y la espina, un azul más rojo que una verde
primavera y tus ojos, tus ojos que han leído estas palabras antes de ser escritas. Es mejor saber que todo está escrito, para comenzar con el pie derecho. La poesía está en todas partes y no siempre en un papel escrita de manera vertical. No siempre se mueve el poema ante nosotros, puede ser la voz secreta que alguna vez tuvieron las palabras. Un poema sabe que existe porque es un secreto revelado. Las palabras son cotidianas e inefables. Un poema lo volverá escribir cada nuevo lector. Es tal vez la mejor manera, única de superar realmente una página en blanco. En estos años de insomnio frente a la página en blanco, de pudor, olvido, temor, impotencia, frustración, dolor, rabia frente a la página impresa, la poesía nunca ha estado ausente, porque el papel no siempre hace al monje. La poesía es un hábito que no se ve, se calza, se habita así mismo, como los zapatos. El poema es un acto de amor sin temor un rumor que va creciendo en una circunferencia sobre el agua expandiéndose sin olvidar su centro y no tiene fin ni comienzo, porque es redondo como la punta de dos palabras.
Durante todos estos años he reconocido mis deudas literarias con todos los autores que he mencionado una y otra vez. Mis lecturas. Trakl, toda la poesía chilena , clásicos españoles, los surrealistas, J. Donne, Rimabud, Baudalaire, William Blake, Lautreamont, Pound, Essenin, Whitman, Apollinaire, Kavafis, Prevert, T.S. Eliot, Celan, Micheaux, Vallejo, Dylan Thomas, Lezama Lima, Eliseo Diego, Cardenal, Borges, Gelman, la mujer, mis amigos, la geografía, la ciudad, el amor, la muerte, la vida, Kafka, Kafka, Kafka... y la Musa que siempre está detrás, dentro del poema... La lista es sin duda, mayor y no se agota como las palabras.
He sido fiel a mis maestros, escribir, escribir en cualquier estación, lugar, hora y revisar sin tiempo. La poesía tiene muchas motivaciones, siempre está presente, es un acto solitario, un ruido que no se sabe y se sabe de donde viene. El poema es un viejo caracol, un laberinto ciego, siempre una puerta. Mis poemas pertenecen a tu corazón ardiente, siempre son mi último verano y reviven las hojas secas. Apuestan a tus insomnios, horas muertas, a tu pasión, mi desconocido lector.
Con mi admirado Jack Prevert, quien cumplió este 2007, 30 años de ausencia física, quiero homenajear a mis maestros y poetas de todos los tiempos, a quienes creen en este oficio, ejercicio de vida que vive por las palabras. (Paroles, decía Prevert) Un poeta verdaderamente popular es aquel que siempre leemos, recordamos y asociamos con nuestros actos cotidianos y sueños.
Sin generación, sin país, sin parar... (desde mi domingo)
"En el náufrago día de mi nave más bella/ me encaramé sobre su
mastelero/ para mirar el mar./ No había mar: no había ni su huella: /no había
ni el vacío dese día postrero/ sólo había mirar./ Miré el mirar del
navegar que espero". Rosenmann-Taub (Auge)
Con frecuencia me preguntan periodistas, poetas, amigos, personas, pasajeros de la palabra, cómo "hago" poesía, por qué, cuáles son mis influencias, de dónde viene el poema, "la inspiración", qué empuja la piedra al vacío sin caer en el vacío. Cuáles son , en verdad, mis intenciones. Miro hacia los puntos cardinales que no encuentro, cada vez que
doblo una esquina y me digo: la Musa es de carne y hueso, existe. Es tibia, secreta, secretísima, geógrafa con su geografía hermosa que no tiene principio ni fin, es el cuerpo de su palabra y largas piernas que me llevan y traen a un sitio desconocido: el poema. Pero el viaje es largo, continuo, viene de muy atrás, una orilla sin fin, como una cadera huérfana que busca un dueño. Detrás de cada palabra se agita la vida. Las cosas integradas por más cosas tienen cosas por dentro, por fuera, sobre el aire, adentro de las cosas, así las personas y las palabras, poseen un adentro y un afuera, donde se respira libremente. La cosa respira en la cosa y también en el poema. Es un ruido tan profundo
como el silencio. Una interminable ola que no cesa. Memoria es todo mi presente, mi pasado casi olvido. En el futuro está la respuesta latiendo. Las cosas pasan, suceden, son.
La que no pasa es esta Musa dulcemente instalada en la memoria, arbitraria, silenciosa, carnal en la palabra, misteriosa, profundamente bella, de largas piernas insuperables, Ella es trono de esta libertad, dueña misteriosa del aire que son mis vocales, todo este abecedario que empuja en la última rama de la palabra.
El poema es la libertad y se ha dicho tanto entorno a lo que es y no es poesía. Se escribe desde el insomnio, donde los demonios son solitarios espantapájaros que saben que los gorriones mueren lejanos al atardecer porque nunca nos pertenecieron. Uno parte del alba, lo primero es el silencio, un ruido en el rodar de la palabra, ovillo, tejido de un fruto apenas visible. La hoja contamina con su atmósfera silenciosa la palabra que recibe. No hay atajo para el poema. El poema tiene sus propios pasos, principio y fin.
Las instrucciones para hacer un poema es estar vivo, no ser un maniquíe de la vitrina de la época, leer la corteza de los árboles aunque el cemento no te deje ver el bosque. Amar, amar la golondrina aunque no haga verano. T saber que el silencio de la MUSA, siempre es verdadero y construye la casa del poema.
Algo comienza a respirar alrededor de uno, una atmósfera nueva, obsesiva, la carga del silencio evacua palabras tal vez dichas pero que irán articulándose de una manera diferente. Es un zumbido sin estridencia alguna que sólo busca su lugar por un tiempo que es el poema y después se apaga, no sin antes dejar una estela que es señal que todo tiene un comienzo inesperado y lo nuevo realmente es así. La palabra viaja desde su propia intangible realidad, su ingrávida musculatura mueve el cuerpo, naufraga, gira en su redondel de luz oscura. Inefable, inefable. Todo lo inalcanzable es el poema.
EL SUEÑO DE LOS DETECTIVES SALVAJES
(o el retorno de Bolaño)
"El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio
y ésa es nuestra suerte".
R.B.
Debo haberme soñado. A veces me ocurre. Soy la ficción de lo real. Algo te transforma en la invención de ti mismo. Nadie te obliga, a un sueño se entra como a la dimensión de otra realidad, que puede ser laque se está viviendo en paralelo o un anticipo de algo. Es como un martes 13, da igual. A veces, pero no siempre. Viene, sucede, se cuelga en el calendario. Puede ser un lugar sin colores, un sitio ideal para la virtualidad o tan real como la realidad. Siempre acude una misteriosa luz que invita a abrazar el silencio. El lugar tiene múltiples formas, un espacio que se ajusta al sueño o puede ser muy preciso para recordarlo. El sueño se instala, la vaguedad o la certeza es del soñado.
El escenario era una Isla. Mar, arena blanca, sol quemante, la luz como un espejo sin dueño. Estoy leyendo, porque me veo de espaldas, correr unas páginas. Es un gesto que me conozco de memoria. Siento los movimientos cuando con una pluma marcó unas líneas de un libro. Hago un paréntesis no redondo entre líneas. Una línea vertical cortada por dos horizontales más pequeñas. Tienen la forma de ese pequeño metal con que se cargan las engrapadoras, clipsadoras, corcheteras le llaman algunos en el Sur. Es una manera de conservar intacta la línea, separarla del contexto para recordarla, pero no contaminarla con una raya, cruz o algo que la violente. Sentía una rara sensación de inestabilidad, algo parecido al "miedo" y con rabia conmigo misma. Esa extraña sensación que no termina de completarse. No sé cuantas veces dejé el mar a mi espalda y pensé en la felicidad. El sol era el rey indiscutido esa mañana. El gris y el frío de estos últimos 15 años, caían como una barra de acero sobre la Isla y se desintegraban. Sentía aún el sabor menta suave de un Titans, esos que comía al salir de clases de la Universidad. Se me deshacía lentamente en la boca. Así también ingresaba el paisaje, algo azucarado. La nieve se evaporaba en mi memoria y este paisaje se transformaba en un manjar blanco, aunque el mar nada tenía de espumoso. Un verde esmeralda tranquilo hasta llegar al horizonte. Siempre hay una ciudad frente al mar. ¿El hombre sueña el mar? ¿El mar es un espectador que nos mira impasible? ¿El mar nos invita a desafiarlo o a amarlo o respetarlo? Sus aguas entran tibias por las costillas de mi sueño. Las siento cálidas. Son aguas Caribe, transparentes, amigables.
Unos pequeños peces
Unos pequeños peces juegan con mis largas piernas. Se ajusta el adagio: como peces en el agua. En mis aguas viaja el tiempo, la noche del poeta. Una sensación similar tal vez a la de un USB cuando succiona su música o palabras favoritas. Sólo se siente el rumor cálido de la información, los mega bytes que juegan con los sentidos. El tiempo ahí no es una conclusión válida. Lo primero que uno cree vislumbrar es que el tiempo sobra. Un sueño tiene una capacidad infinita para desprender imágenes, motivar recuerdos posteriores, traer olores y atmósferas vividas quizás. Yo paseaba en la Isla con el poeta en un carrito de golf. Una historia magnífica o simple, en cualquier sueño. ¿Es un privilegio estacionar el sueño en algún lugar? Me prometí no mezclar las cosas. Pienso que el trago debe ser igual, on the rock. La mañana era un espejo de luz. El día variaba, las nubes corrían el cielo y cambiaban de color las horas que venían. La humedad sepultaba mis inviernos, la nieve que no abandonaba mi piel ni mis sentidos. La Isla es otra sensación fija un tiempo que no existe y si en verdad existiera, sería para sí mismo. Es como ese tiempo Maya sin tiempo en el calendario de las 13 lunas. Estoy leyendo en el sueño un libro de tapas rojas. Manejo un separador con unos hilos y cuencas. No sé por qué me recogí el pelo. Ahora recuerdo mejor, está amarrado. Es un detalle. Nada más. Siento el peso del libro sobre mis manos. Paso de leer en un cuarto sobre una cama con cubierta blanca, a una extensa playa y luego al borde de una pequeña pista de aeropuerto. Recuerdo que hice ese viaje. Fue un vuelo corto desde una ciudad frente al mar. La avioneta canadiense se empinó ágil y enrumbó suave, sobre el mar y un cielo levemente normal entre las plácidas nubes hasta que enfiló hacia la Isla para caer suave y ruidoso sobre una pista corta al inicio de un acantilado. Es como un matapiojos que zumba sobre el asfalto y sus alas abiertas sólo llevan viento hasta que el motor se apaga. Seguían mis ojos fijos en el libro rojo, sentía tirante mi piel, el sueño me recorría el cuerpo como un lagarto tibio dormido. El mar no traía ruidos, absolutamente calmo, se adivinaba en un espejo de agua inmenso. Vestí de blanco en mucha parte del tiempo, pero después aparecía con otro vestido largo, y mi cabeza daba mil vueltas de remolino. La portada se presentaba roja con un recuadro amarillo en el centro y tres tipos elegantes de los años 30 de Chicago. Sólo más esbeltos, con sombreros alones, delgados, caminando sobre la arena y detrás el mar. ¿Venían hacia mí o eran parte de mi lectura? Uno sólo vestía corbata, dos ensacados, con sus cuellos abiertos como si fueran grandes solapas, mirando hacia los lados. Aparentemente distraídos, dibujados sobre la arena ingresaban al sueño y adquirían forma: Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño. Venían con una intención clara, a conversarme y advertirme sobre un Carnaval dedicado a su autor, progenitor, padre literario, en un país lejano desdibujado en la geografía.
La fiesta de la palabra nace de la lectura silenciosa, un compromiso que es personal, como el que realizas ahora subrayando mi libro, viajando en el interior de sus páginas. Se puede leer en una Isla, avión, en un cuarto cerrado abierto a un gran ventanal detrás de una cortina, en el baño, en un parque, sala de espera, estación del Metro, sentado en una hamaca o al borde de una pista aérea. En la lectura no hay más precariedad que la aventura. ¿Es la vida de los otros? El mar no deja de explicarme que no hay horizonte lejano. Los detectives se cruzan de piernas en la orilla frente al mar y comienzan a escuchar. Quizás se sientan confundidos de mar. Se desprenden de sus sacos y dejan salir a su Autor, que ya me había dicho que la fiesta de la palabra..., con su clásico cigarrillo en mano, enfundado en su mirada de actor de provincia, ironiza:- Así que quieren hacer una fiesta con mi cadáver de Norte a Sur (cae la ceniza de su cigarrillo y se respira un aire tibio en la Isla. Me asienta el mar, por eso pedí que esparcieron mis cenizas en el Mediterráneo. Espero que lo limpien un poco porque me pone a toser por las noches. Me he reído mucho con eso de Carnaval y Fiesta inolvidable.
Qué fiesta inolvidable
Las noches que me pasé en el DF, los días caminando por sus sombras y después en un camping nocturno cuidando el amanecer de la vida de otros, leyendo a hurtadillas, cagándome de frío y de sueño. Y ahora un lumpencito llama a un Carnaval. Qué fiesta inolvidable. Los carnavales, es lo que digo, con fondos del estado, son un fracaso. Se convierte en retórica burocrática la más mínima payasada relacionada con la cultura y el arte de la mendicidad de fondos-lotería. (Yo me arrepiento de haberme presentado al Premio Nacional de Literatura, poco tiempo antes de morir. Y resulta increíble que Herralde insinúe que mi novela 2666 podría haberme dado el Premio Nobel de Literatura). Es mejor, más sano, y es lo que recomiendo, que Piglia dicte una cátedra, conversatorio, sobre mi obra en alguna universidad de buena voluntad. Él, desde el otro lado de la mesa, podrá decir algunas cosas sin compromiso. Pero eso de que soy un poeta dado a novelista, es una típica frase de un poeta frustrado o de un novelista que aspira marcar puntos. Son poetas que definitivamente pertenecen a las ONG de la poesía. Por ahí saldrá alguna promoción para escritores jóvenes con mi nombre y alguien se acomodará como jurado. Volviendo a la Fiesta inolvidable, esta es una frase de algún promotor que ha plagiado al mismísimo Peter Sellers. Tanto nos hizo reír Seller, que no hay que desconfiar de la risa, pero sí de los promotores, incluido cualquier producto, hasta el de la poesía.- Pienso SB, que te has perdido una Fiesta Inolvidable, afortunadamente. No me imagino cómo se iban a organizar, porque hasta para piropear al muerto hay que estar preparado. Supe que la mayoría de mis amigos no quiso participar y dar su nombre para avivar la viveza de la cultura Invitaron a Herralde, con lo que me costó para que me editara mis pinches libros. Al Mediterráneo me llegó la noticia que Herralde me definía como un explorador audaz, un buceador a pulmón libre, un trapecista sin red. Todo eso me parece haberlo leído antes, pero se publicaron los libros. La historia de La Literatura Nazi (Seix Barral) es muy distinta: no se vendió casi y fue guillotinada. Sentí, querida SB, como rodaba mi cabeza en París junto a Robespierre. Alfaguara, Destino, Plaza& Janéz, la habían rechazado. Me enteré que el organizador del Carnaval no conocía a Piglia. Hay que cuidarse de aquellos que elogian tu obra como un Manifiesto al futuro, esos que dicen sólo respirar Bolaño: Vade retro. La charlatanería es más antigua que la literatura. La literatura es un cajón de sastre lleno de alfileres."La creme de la creme de la literatura está en los lectores. Por eso he pasado por aquí al verte en la Isla leyendo. En este momento especial tuyo, quiero homenajear al lector solitario, anónimo, ese que entra en una librería del DF, Barcelona, Denver, Buenos Aires, Puerto Montt, Boulder o París, y pide un autor, el que le plazca con pleno convencimiento que es el mejor para sus sueños. Al ladrón de sueños ajenos. Con todo puede hacerse negocio, inclusive con la literatura Afortunadamente el poeta Nibardo de Casarolli presentó un proyecto de cuarta pagado en euros que debió esfumarse de las manos del jurado ilustrísimo como pompas de jabón. Los libros verdaderos son la fiesta inolvidable. Confía en la poesía, que es lo que hace un novelista que no está pensando en el mercado. Sigue leyendo y me seguiré viviendo. QUÉ MÁS QUISIERA YO.
Epilogando la Isla
El mar se quedó dueño de la Isla. Bolaño se fue con su ejemplar de Los Detectives Salvajes, húmedo, mojado por el mar y su señalizador de papel verde, tenía en su parte superior una mariposa de papel y abajo dos hojitas. No alcancé a leer n que página estaba leyendo.
Por Rolando Gabrielli
La muerte se aferra a la vida/
como en un bus pasa el tiempo/
sopla la palabra el viento
que la recoge y trae/
La mano sucia a pesar del guante
toca enamorada el cuerpo/
A la víspera nada se le niega/
ni el asombro o la espera
La muerte es silenciosa
ociosa malintencionada
novedosa rosa de gusanos coronada.
Rolando Gabrielli©2007

Los poetas deshauciados tienen la palabra, como posibilidad para enfrentar en sus últimos días la muerte. Registrar en un diario o libro, la atmósfera de este paso final. Manejar los hilos de la parca de alguna manera. Tutearla inclusive, mirarla de frente, casi pedirle un último deseo y de alguna manera despreciarla por perseverante, astuta, ladina, sagaz. No quería decirlo pero la muerte mira con ojillos de urraca y escarba hasta en el currículum vitae.
El tema es mortalmente antiguo. La muerte es una realidad, no una ficción. Tiene, la muerte, tanta vida, como la vida. Se nace a sabiendas que se va a morir. ¿Todo principio tiene un fin? El verso nerudiano le otorga grado de almirante y en un puerto nos espera.
Dos poetas chilenos excepcionales, Enrique Lihn y Gonzalo Millán, escribieron en sus últimos días desde la proximidad de la muerte, con su tufo y dolor.
Lihn tituló su libro, Diario de Muerte, una de las portadas de este escrito. Gonzalo Millán, escribió 12 días antes de morir su testimonio final: Veneno de escorpión azul. El Mercurio de Chile entrega este domingo 1 de julio un anticipo de esa obra. "Miedo, sí, a morir solo, sin una mano y sin los ojos amados, sin aquellas palabras que indican y muestran el camino. Así como uno no puede nacer solo, uno no se puede morir solo. Mi partera te nombro, mi partera secreta. La comadrona de mis últimos y primeros días".
El escorpión azul y su veneno son derrotados por el cáncer. Esa es la historia del título del testamento poético de Millán, que pagó con su vida. El contó en una entrevista que se trataba de un medicamento cubano contra el cáncer.
Después de conocer la noticia de su inevitable y anticipada muerte, el diagnóstico, el poeta se pregunta y se responde con coraje.
¿Contra quién volverme enfurecido
por el despojo de mi vida,
a quién reprochar la interrupción del hilo del relato?
Toda queja puede parecer injusta,
todo lamento una treta de debilidad,
toda confesión prueba de cobardía.
El rencor, la rabia por el arrebato.
Por el robo, el asalto, el atropello.
Y describe con una singular y potente imagen la enfermedad: "El cáncer es un faraón que construye con retraso y previsión su tumba subterránea. En tu edad aportillada por aquí y por allá edifica sus ciudades funerarias."Con ironía, casi familiaridad, Millán aconseja escribir una acrta al cangrejo: "Certero y contundente el golpe, tal vez mortal; peligroso y doloroso en todo caso. Habla con tu cáncer. Hazle preguntas a ese enjambre de células descarriadas que se alojan en tus pulmones. Escríbele una carta al cangrejo y pregúntale al cabrón por qué eligió tu pulmón como si fuera un par de rocas."
Y en éste desgarrador monólogo interior, del día a día, un calendario fúnebre, Gonzalo Millán, el autor de Relación Personal, un libro mágico de amor juvenil y esperanza, reconoce humildemente su final: "Trato de acostumbrarme a la idea de que ya no emprenderé aventuras nuevas. En adelante sólo retoco y corrijo lo escrito, completo los libros inconclusos. Me faltará seguramente el tiempo. Recibirán esos títulos la marca de lo incompleto y lo truncado".
Diario de vida y muerte,
bitácora terminal,
caja negra que sobrevive
al desastre.
Las últimas palabras.
Un género sobreviviente postrero.
Los borradores de un epitafio.
Los altibajos gráficos de una ficha clínica.
No voy siguiendo estricto el calendario fragmentado del Diario de Millán editado por el periódico chileno. Simplemente entro en sus días como por casualidad, descubriendo pasos dolorosos, son esos días, amaneceres, esas noches. Y el poeta exclama sobre lo que viene y su misterio. Lo que hay detrás de la puerta. ¡Qué sé yo si habrá luz y sombra o nada! Hasta aquí llego yo con mis palabras sublunares. El más allá precisa otras lenguas, con impensados sonidos y vocabularios. ¡Qué sé yo si me espera otro mundo, un mundo nuevo detrás de otro!
Estos dos días no van juntos, pero los uno...
"Vuelve Eme de cita en el Hospital del Tórax. Al llegar con la bolsa de radiografías los ojos se le llenan de lágrimas. Me cuenta que el cáncer tiene "células grandes" igual de mortíferas que las células más chicas. Hasta aquí llegamos con la ciencia médica y la tecnología; no me haré quimioterapia.
"Ahora todo es cosa de vida o muerte. El cambio de planes abruma. El libretista te eliminó del culebrón de una plumada. La teleserie seguirá sus impredecibles meandros sin ti, sin tus últimos parlamentos. Ahora preparas monólogos, epitafios, epigramas, elegías, poemas a la muerte, despedidas de samurái, penúltimas palabras del lecho escuchando unas palabras del cello."
"Toda muerte es un fracaso, viejo looser.
La luz alcanza cierto punto límite
donde se estaciona como un claro, automóvil claro.
Los prójimos te consuelan y te miman, te temen
y compadecen. Eres una herida dolorosa
para los que te quieren.
Tu anunciada muerte los llaga.
Te ocultas porque hieres,
tu presencia es abrasiva para los que te estiman.
Te ocultas porque lesionas
los ojos del corazón."
El poeta frente a la muerte y a lo que ama y le dodea sigue reflexionando en voz alta y se pregunta: Qué he hecho yo para merecer la atroz quimioterapia? ¿La endoscopía, la cintigrafía, los rayos, el scanner?No me digan que todo esto me pasa sólo por fumar. El poeta que conocí de joven con las yemas a flor de dedos, está lleno de humo, como la ciudad, sus pulmones son smog:
"Después de unos días de claridad el aire de la ciudad / de Santiago se ha vuelto a poner sucio. Me satura el humo. Me siento intoxicado y con dolor de cabeza. Cierto hastío por la vida que llevo. Recorro aguas de ermitaño terminal, peino aguas con pececillos cada día con menos peces incoloros. La verdad es que no corregí nunca el curso cuando pude hacerlo, seguí adelante llamado con grandes voces por el último desastre."
Gonzalo Millán va despidiéndose, amando las pequeñas cosas, los placeres chiquitos, ignorados tantas veces, subestimados, olvidados. Y la mujer amada, su rostro, eso que nos envuelve com oen un espejo, eso que es amor, se transforma en la despedida una insoportable llaga viva. No te aferres, sugiere el poeta...
No te aferres a lo que fuiste y ya no eres. El cambio que te despedaza te muestra algo que no quieres ser, que te niegas a ser. Ahora, el placer de comerse una simple hallulla con mantequilla de pie en una cocina por la tarde. El rostro amado es una insoportable llaga viva.Te esfuerzas por retener a pesar de todo lo que se está yendo al diablo, algo de unas tórtolas en una calle vacía entre semillas de liquidámbar.
Y le gustaría morir a una hora escogida, ese instante indefinido de traspaso de un tiempo a otro, tan fugaz, com osi el tiempo se fuese dormido. Hermoso poema de ocaso y renaceres...veamos:
Preferiría morir a la hora del crepúsculo,
cuando se incendia el horizonte,
el ceibo enciende sus lámparas,
cuando el mar se oculta en las tinieblas,
en la barca náufraga del sol.
Hablemos de la cesta mejor,
del canastillo tejido por el pincel prolijo,
de grecas hechas con verduras escamosas,
de las correas trenzadas con flores.
El poeta sigue describiendo sus días, sensaciones más puras, directas, claras, las resonancia de viejas campanas, el fuelle de sus días ásperos, de asfixia, de muerte y se sabe irremediablemente acosado...
"El horror de estar dañado como la manzana. El miedo a tropezarse con la respiración y sufrir el ataque de la tos en público. Estás en manos del terremoto y la peste. Ríndete al caos. Bailas con una ráfaga de viento contra el viento. Tiemblas, tiritas en los huevos como una bandera negra con zancos. Te acostumbras a la amorosa mueca de la muerte vestida, disfrazada de mucama servicial, de enfermera fiel, de monja piadosa, compasiva, caritativa. ¿Qué es lo peor, la muerte o el dolor? Lo peor es el olvido."
Y no hay otro camino, ni destino, que escribir...escribir...Porque escribí, estoy vivo dijo Lihn...
"Fuga hacia delante. Escribir más, seguir escribiendo lo que sea, a como dé lugar, no importa a qué costo, da lo mismo el resultado. Fuga hacia delante versus retroceso en busca del retoque. Volver atrás cuando hay pocas maniobras / posibilidades hacia delante me parece acertado, ir a recoger lo abandonado y disperso, a examinar lo pasado por alto."
Y un deseo en medio del pavoroso escenario...para acercarse a la vida...un hermoso deseo blanco de alba pureza...
"Antes de morir me gustaría oír a los niños. Las risas y los gritos de los niños. Los gorjeos jubilosos, inocentes y cándidos. El coro de los gorjeos inmaculados."
Y la despedida de Gonzalo con sus recomendaciones a los que deja huérfanos, huachos de padre...
"Mis guachos queridos: no lloren ni me añoren. Recuérdenme como uno de ustedes. Pensemos que quizás empecemos una amistad nueva. Mírenme como el corresponsal de una dimensión simultánea, que supera la división muerte-vida. (Eso sí, no me jodan el espíritu)".
Rolando Gabrielli (Santiago, Chile 1947) Actualmente reside en Panamá. Más sobre éste autor aquí: http://rolandogabrielli.blogspot.com/
por Alexis Donoso González
Olvido ¿Existe alguna otra palabra más próxima para tejer el lenguaje que configure eficazmente la relación entre estos tres conceptos? Al parecer esta es la que mejor debe cumplir esa determinante función, puesto que olvidar es lo que la historia trata de hacer todo el tiempo del tiempo, la historia tiende a querer olvidarse de la naturaleza para lograr ser por sí misma, con independencia de ella, por fuera de ella, la historia se cu